un día
Amaneció allí en su casa y vino a despertarlo su pequeña hija, el perro había desaparecido y la consternación de la hija no andaba en paz. El padre solamente pudo calmarla diciéndole que volvería, al fin y al cabo este era su hogar y aquí come, aquí se le da amor.
Era domingo, todo era más aburrido sin una parte del corazón y teniendo que sacar adelante al producto del amor. Era domingo y el hombre volvió a su mecedora, veía jugar a su hija con sus muñecas, asentía todo lo que ella le decía, le seguía el juego y volvió a quedar dormido y cuando las horas abrazaron su cansancio, se levantó y estaba abrazando a su hija, también dormida- El padre había contagiado el sueño a su niña y era domingo.
Eran ya la una y media de la tarde, habría que comer, sería una buena idea-pensó el Padre. Ven, vamos-dijo a su hija, y fueron al mercado a comprar un poco de pollo; vieron una película en casa y después salieron al jardín a lanzar un frisbee. Dieron la 5 de la tarde y miraron televisón.
A las 8 decidieron revisar las tareas, las terminaron, dieron las 10 de la noche y habría que dormir, contar un cuento, recostar y asegurarse de que la hija contemplara profundamente sus sueños.
Después de todo, de haber cumplido un día más, mirar al cielo, buscar perdidamente las sombras de la mujer que se amó, contemplar un poco de esperanza, hacer indiferencia al dolor e ir a dormir para soñar con fuerzas a que, en el día de mañana, amanezca con fortaleza de seguir impulsando el recuerdo que dejó la profunda certeza de que existe amor.
exhs
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