no soy yo

Nunca más habrá oportunidad de soñar. No cabrán más posibilidades de enamorar, de creer y crear fantasías. Los pasos no volverán a sentirse. Las furias contra la injusticia se irán; la competencia dejará sin ganadores.

Vine un día y ni siquiera lo recuerdo; de pronto ya estaba estudiando y llamando Padres a unos seres extraños, muy similares a mí en sus condiciones físicas. Aprendí de los semejantes varias tradiciones, maneras de hablar y asumí sus deseos, sus acciones, sus actuaciones. Me perdí en esta visita tan rara y me olvidé por completo de mí.
   Anduve tiempos enamorado y confiaba en que las cosas eran con un propósito muy firme. 
   Cada tiempo aprendí más y más me extrañaba todo lo que veía, no podía comprender estos pensamientos. Algo en mí no era de este mundo, algo me dictaba muy distante de lo que hacían todos y así fue que caía lentamente en los designios de la duda y del hambre que promulga el conocimiento.

Era un día en que yo estaba sumamente cansado y mi espíritu perdía fuerzas, me sumergí en el sueño porque ya no podía más. Había trabajado arduamente en las responsabilidades que exigían los destinos que elegí para seguir estando. Eran días, como muchos otros. Encontré de pasos miradas ya vistas, encontré personas que ya había entendido. Comprendí que muchos seres quedan en la espiral de no saber qué hacer, claman por ser algo, resienten lo miserable que resulta lo trivial y lo rudimentario. Sus vidas quedan opacadas, han dejado de pensar y siguen bajo la línea de la poderosa inercia que es el sin sentido de hacer las cosas.

       Me sentía mal, era uno más. No cumplía con los requerimientos que promulgan los locos de este mundo. Me sentía mal y el desanimo se apoderó de mí; sin embargo soy fuerte, hace falta mucho más para doblegar mi temple.
Ese día, después de haber andado en los viejos recuerdos que evolucionan, después de haber sentido nostalgia, ilusiones e inclusive tal vez considerar el amor. Ese momento de ese día, las cosas no volvieron a ser igual. Unos rayos extraños color violeta entraron en mi cuarto y era algo mágico; prendieron mi ser y me llevaron lejos al universo donde todo flota, donde no hay peso y la misticidad preside las acciones del todo. Ese día no volví a ser el mismo, todo cambió en mí. Desperté muy fuerte y había algo poderoso que emanaba de mi cuerpo, era completamente inteligente-dirían algunos terrestres. Mi habla no la controlaba pues el inconsciente había encontrado la verdad y ya todo lo que era yo se regía por los mandatos de éste hacia todas mis acciones y, fue entonces que me percaté que un designio, por lo menos para mí, tenía sentido, y entonces iluminé el mundo; me separé de la mediocridad, de los mínimos comunes y regía la verdad, cambiaba la realidad y comandaba una revolución hacia el nuevo régimen del ser humano.

        No les mentiré. En el futuro encontré de nuevo las consideraciones que un día tuve para amar pero me había transformado, tal vez hubiera tenido nostalgia pero así son las cosas. Yo me consagré en el devenir de la creación.

Erick Xavier Huerta Sánchez


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