Las injusticias de Dios.

Efrón nació detrás de unas bellas colinas. No importa saber qué diablos pasó en todo su crecimiento. No nos importa saber qué diantres pasaba en sus pensamientos. No nos importa jamás saber de él porque era innecesario para la existencia, para la supervivencia. La naturaleza clama su propio equilibrio, venimos y solamente la suerte llama haber si podemos quedarnos aquí, un ratito.

Efrón, sea como sea creció. Miró los mares, la aristocracia y convivió con pobres y ricos. ¿Cuál bando tomar?, los dos tienen grandes beneficios pero, en la pobreza el trato es muy inferior a lo que clama la dignidad, por lo menos al concepto que Efrón tenía sobre sí.
Efrón debió haber ido más despacio, debió haber vivido como otro más, resignarse. Su pecado fue ese, clamar justicia, ¿para quén?, para sí-él era un tipo demasiado rebelde. Sin estructura, iba al contrario y sin embargo se adaptaba. Qué dualidad era el tipo Efrón, un enigma, una desesperación. Nadie lo entendía, quién diablos querría ser amigo de un tipo tan inteligente pero que calla todo. Quién diablos quiere enamorarse de un tipo tan apasionado que se reserva todo. Quién querría conversar con alguien tan interesante y que sin embargo, se considera tan miserable.

Efrón se conducía bajo un riguroso código moral y estaba solo. Solo en la penumbra caminando por praderas de tenue rocío de un sol que calma por momentos la furia de ser. 
Efrón creía en la solemnidad y por poco tiempo de vida ansiaba con grandes esperanzas ser algo más. Efrón descubría el mundo tarde, pensaba que todas sus fuerzas se iban porque las oportunidades venían justo al final de las posibilidades y eso no le permitía poder augurarse como ser supremo, como alguien especialista en el área. Siempre terminaba por saborear en un instante lo grandioso que pudo haber sido ser alguien excepcional.

          Efrón, alguien más. Cuál habría sido su destino si quería todo y no podía tomar nada. Él quería vivirlo todo, quería hacerlo todo y el tiempo no le dejaba, no le permitía. Le obligaban a escoger una sola cosa para emplear en tiempos determinados, tiempos injustos de límites.

Llegaron los días en que pensó que ya no valía la pena hacer esfuerzo alguno porque el amor no valía la pena. Parecía sí, que las relaciones humanas responden a pasiones irracionales que jamás podrán tener un sustento sólido como el que es un amor de dos almas para caminar y fundirse en la eternidad; eso es absurdo, pensó. Llegaron los días que albergaban en Efrón tanta tristeza por andar mirando cómo otros si pudieron rebasar los límites del conocimiento, del físico. La maldita edad le reprobó, la maldita edad le impidió volver a competir, la maldita edad le dejó fuera del juego; lo puso como espectador y lo tiró sin despecho ahí donde van todos los inútiles.

Tan joven era Efrón y su vida no valía nada. Simplemente era una herramienta más del dinero porque era eso o no era nada. Cuánto vales Efrón para el César, cuánto vales, demuéstralo porque en la polis eres dinero, produces dinero, generas dinero y al final solamente importas dinero. Dios no te quiso aquí para ser ni para alcanzar nada en absoluto. Tus condiciones y todo lo que eres es producto del azar, de la mediocridad del caos que reporta a los seres vivos a condiciones poco similares y no has nacido inteligente ni fuerte ni grande. No eres omnipotente ni tampoco una pieza clave de la naturaleza. Sin ti hay miles, millares demás. Irte solamente provocaría que en la tierra caigan gotas de seres tristes, lágrimas sin ningún valor para el planeta, la naturaleza, el universo y mucho menos para el caos.

Toma tu alma y vete Efrón, vete a la nada que la calamidad y la mezquindad de la existencia no puede hacer otra cosa que pisotearte y humillarte solo para probar que te quedes un poco más a ver un show donde nada tiene sentido.


    Que distinto hubieran sido otros modos. Hubieron tiempos en que los hijos de Dios sonreían con la ignorancia. Se perdía la tristeza en la ingenuidad y los hijos andaban menguados por las pasiones, fungían nuevos seres. Nada para Efrón fue trágico, ¿de qué arrepentirse? De qué resignar fuerzas. No importa el futuro, el presente alberga todas las posibilidades. La miseria era su presente y eso estaba bien porque es parte de la justicia de sentir, de pensar y poder optar por una decisión más: morir.


EXHS

Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.