Flor marchita
Fue un proceso natural, germinó y era tan sensible; una cosa más que adorna y no da presencia en el marco bello del paisaje. Era una florecita, tan pequeña e indefensa que no puede hacer otra cosa más que luchar por seguir estando, crecer y llegar a la plenitud de la belleza.
Pasan los tiempos y aquella flor comienza a florecer por fin, crece, empieza a surgir entre toda la maleza, entre las demás especies, entre el demás paisaje y comienza a figurar y ser una parte importante de la vida. Comienza la pequeña flor a ser una cosa grande y hermosa, atrayente e hipnotizante hasta que lo consigue. Y por un corto período es la reina del lugar, la que mejor adorna el cuadro, el horizonte, el mundo.
La flor es majestuosa pero el polvo y el tiempo la comienzan a ir ensuciando. Los pétalos van perdiendo forma, se van descolorando y muchos caen. La flor se va marchitando, va perdiendo vida, se va enchuecando, va inclinándose con tanta tristeza hacia el suelo. Ya no le queda otra cosa qué hacer, no surgen fuerzas, el sol no la alimenta igual, no siente el mismo amor por la naturaleza, no puede brillar igual y causar la misma envidia por la que luchó brindar. No puede ya la flor ser más que lo que fue. Ha sido una vida que comienza desde abajo, alcanza la cumbre y cae rápidamente por un abismo hasta tocar la muerte.
La flor no puede hacer nada más, sus entusiasmos y su esfuerzo no sirven más. No sirve la esperanza, el ruego y el deseo por preservar lo que uno fue. Ya ha pasado, duró tan poco. Era crecer, brillar y apagarse. Decir adiós, fue bueno haber dado un show, haber iluminado el escenario un poco y haber participado en él. La flor ha sido contenta pero su forma no lo dice, está abrumada, caída, su tallo está prácticamente partido en dos y toca la tierra áspera con sublime melancolía. Se quisiera levantar y florecer como nunca pero no puede, ya ha sucedido todo y ahora, solamente queda: la muerte.
exhs
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