Espíritu nació.
En la patria nació espíritu, en su primer momento miró con ingenuidad y fue presa de mostrar bondad. Le respondieron con golpes y en su frágil forma, la necesidad le generó la construcción natural de una revestimenta de hierro. Espíritu nació y al transcurrir treinta años, andaba postrado en el trono de la inmensidad, fuerte, con mirada escrutadora que pone a cualquier indomable en la mecedora de la calma. Espíritu nació, el músculo adquirió. Espíritu es hierro y cuando se alza del trono da un paso al frente, mira al cielo, flexiona los brazos, flexiona las rodillas y se impulsa como si fuera a dar un gran salto arriba al universo. Vuela alto, todo en manera vertical hasta llegar al punto de rociar con nubes. Espíritu nació y gusta ver atardeceres. Espíritu nació y gusta de tener soledad. Espíritu gusta de todas aquellas cosas que le hacen considerar la paz. Espíritu enamora la creación, se le extraña, se le ve pasión al volar. Espíritu camina en la penumbra de los pastizales que tiñ...