Te pintas, mi amor.

Te pintas de mi amor, cuando sólo eres miseria y engaño. Te pintas de decencia, cuando sólo eres lujuria. Te pintas de madura, cuando sólo te comportas en la adolescencia. Y no sabes lo que quieres. Te pintas de querer contundencia y te burlas de todo, de todo sentimiento, de toda ocurrencia, de la vida misma, de las mismas peticiones que te responde dios. He ahí tu castigo, tu eterno castigo que te llevará al crujir del llanto y de tus dientes. 

Te pintas como si fueras princesa, y vives como plebeya. Te pintas con alegría, cuando albergas tanta tristeza. Te pintas con tantos sueños, cuando albergas sólo miseria. Y buscas desesperadamente el amor, y cuando se presenta, huyes, al infierno, al fuego, al abismo, a la oscuridad, con lo peor, con las escorias, con lo que no aporta, con el salvajismo de la ceguera, de aquellos poco venturados, sapientes, animales salvajes, que no osan más que sucumbir ante sus instintos más básicos de supervivencia, y todos tus sueños, se mueren, se van.

Aquellas oraciones por las que clamaste, dios las dio por escrito, y mandó al escribano a tu recinto y osaste escupir en el designio que tanto anhelaste. Y te abandonas a la misma causa, por decisiones de tu huella de abandono, por no sentirte amada, por no sentirte querida, te arrastras a las cucarachas, a la miseria, a la desgracia, con esa porquería, con esa vil y mezquina autoridad que abusa de tu ceguera.

Y ahora, se te desfigura la cara, por culpa de tus sentimientos muertos, tu vida muerta. Tu poco querer en ti. Sin eso, no tienes nada, no tienes alma, no tienes existencia. Buscas desesperadamente la oscuridad más grande en tu vida. Y osas, con tu egolatría despreciar príncipes y reyes y terminar con los deformes y enfermos que asedian tu vida para quererse un poquito más. Pero como tú tampoco te quieres, adoras, la miseria, que te adore la miseria, que te rodeé la miseria, porque sólo así, sientes vales tantito más. 

Hipocresía, mentiras verdaderas. Amantes del engaño a tu padre que osas poner en un pedestal para presumir que es ejemplo y virtud, cuando tu lo engañas en la oscuridad, cuando eres la penumbra en la calle, el vicio, y la desgracia, la desventura de aquellos que no saben amarse. 

Pierdes dignidad, y te enfocas en suplir el vicio por la falsa modestia del afecto, de entregarse a buscar sensaciones por sensaciones, placer por placer, para irte de aquí, para perder tierra, para perder sentidos, para adiestrarte en el arte de no saber estar aquí y ahora, porque no puedes, porque te pesa. Porque nunca podrás, jamás, bajo esa premisa, asumir el amor.

Eres una desgracia, y eso has elegido. 

Y yo, 
yo sufro. Por verte ahí, tirada, acomodada, en el suplicio, en la fea virtud del engaño, de saberte sobria, sin nada, sin alma, sin fuerza, sin vida y así, mi impotencia, porque no puedo salvarte, no puedo ir por ti, darte ganas, enseñarte a ver el mundo de forma diferente, porque has optado por decidir vivir en las penumbras, crecer bajo otro ritmo, probar más desgracias, perderte en el abismo, suplicar perdón, aprender del regocijo, aprender a ya no pecar. Te pintas admiradora, santa y sin embargo, eres pecadora. Siempre aludes a lo malo,  a la vil y mezquina actitud de optar por ser poca cosa, sin calidad humana, sin sentido común.

Eres un monstruo.
Eres una fea virtud. 

Y yo me enamoré de ti. 
Qué dios me perdone.


Me duele verte así, abandonada, sin sentido, a ese abismo. 
Me duele que vivas así de indiferente, que no tengas ganas de nada, sólo sexo, renuncia al amor. Así, de frívola, estúpida y tonta, revolcándote con cucarachas. Enamorándote de la escoria para después sufrir, por deporte, por vicio, por apego. Y de nada ha servido mis oraciones, a los ángeles y a dios. No soy nadie, no soy poderoso, no puedo con mis ganas, con mis luchas contra tempestades, con mis pasos por el infierno. De nada sirve, de nada ha servido tanto intento, tanta alegría, sueños y venturas, magia por verte enamorada de la vida, de ti, con entusiasmo, con amor. Y así, me duele verte partir, al infierno, donde ya no puedo estar, donde ya no puedo acompañarte. Tal vez, en otras circunstancias, bajo otros conceptos, bajo otras atmósferas, con otra suerte, podamos amarnos, así como me lo dictó dios, así como estaba escrito.

Pero lo sentirás, porque el mundo no sólo es distancia y materia. El mundo es alma, es magia, pensamiento, y se regula por el espíritu. Por eso anido en tu corazón y nos comunicamos, la rabia y el amor, el odio y el perdón ocurren ahora, en este mismo breve instante, en el tiempo que es una ilusión. 

Pero abandónate a la ignorancia. 
Abándonate a la mierda, a la miseria de tu alma, que yo no puedo hacer nada.

Eres libre de autodestruirte. 

Que tendré que vivir de verte desventurada por todo el resto de nuestras vidas. Por eso, duele, por eso sangra el corazón, el instante eterno, ahora, donde existimos, en este universo, en esta tierra, en este lugar, bajo las palpitaciones que ahora ocurren en nuestros corazones. 



Erick Xavier Huerta Sánchez.

Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.