En la nada
Desventura del amor, que pude haber sido un afortunado, un dichoso, un gran afortunado, de escribir cartas, poemas, con motor de la pasión, correspondidos, con sapiencia y con furor de tener sentido de que estaban escritos para alguien, para una mujer que apreciaba sus palabras. Pero que no ha podido ser así, que las nubes grises no paran de arrojar lágrimas a la tierra, del lamento, de la fuerza pérdida, de las imágenes que se borran por culpa de la tinta que se desvanece a causa de la lluvia. Las pinturas y las grandes osadías por amar se pierden, poco a poco, en la penumbra, se arrojan en la oscuridad, y sufrimos porque los rayos de luna aún dan vestigios de esperanza, de que al amanecer se podrán cumplir los sueños, pero que no es así, que no ocurre, que no pasa por culpa de los planetas, retrógrados, de su movimiento y de sus ganas. No pasa nada. No pasa, no sucede, no ocurre, estoy así, sin más, sin nada, sin poder alguno de hacer fructificar la pasión que ha sido arrojada a mi corazón, que motiva y que hace arder cada momento.
Quiero que corra toda la fuerza del amor que habita en mi corazón por toda la creación, que se adentre en el centro, motor de la tierra que hace girar y moverse por el solo, danzando en el espacio, entre planetas, mientras aquí todos piensan y son presas de sus emociones.
Quiero escapar, y transgredir todo, para que el amor sacie sus ganas de ser y existir. Quiero crear nuevos universos, paralelos, nuevos y desaparecer. Porque así es el amor, que carcome, que se anhela, que se crea, que se aventura. En la pena mía de amar intensamente aquella a la que le parezco indiferente, a la que invade el miedo, a la que se aventura y se ahoga en su propia melancolía.
¿Dónde está? ¿Dónde está que ya no siente mi corazón? Ya no percibe mi corazón esta fuerza que le ha destruido, que le hace renacer, que le hace caer, sangrar y que se vuelve a reparar. No la encuentro, ya no hallo porque entonces he quedado, desventurado, en el espacio, sin desierto, con oscuridad, y brillos de estrellas que alumbran a lo lejos, a miles de años luz, el tiempo y el espacio, me comen, desaparezco, y algo, tal vez, me escucha en la nada.
Erick Xavier Huerta
Comentarios
Publicar un comentario