Eres muy linda
Eres muy linda, con tanta ternura, inocencia que invade, con anhelos tan profundos que exaltan tu corazón, que te hacen invadir terrenos fértiles para que surja la pasión. Es tan endeble mi mirada cuando preguntas si te gusto, cuando cuestionas mis sentimientos, cuando anhelas el fuego del amor que nos cimbra a ambos bajo estos cielos que cambian constantemente, donde aguardan las estrellas para que las deslumbre la noche.
Eres muy linda, que osas apreciar la belleza de las cosas, que las miras sin querer transgredir, contemplando antes de arrojarte con tal fuerza, que podría estallar el mundo de los dioses.
Eres muy linda, en tu silencio. Eres muy linda en tu canto, de sirena. Eres comprensión, eres liviana, eres estrella dulce que alimenta los sueños. Eres impaciente, hermosa, flor de los jardines, diamante que brilla en los terrenos de nuestra odisea.
Miras mis fotografías, y las aprecias con tal delicadeza que mi alma siente la caricia, por el brillo en tu mirada, sin rozar mi piel, en la mejor distancia, unidos por espíritu, y alma.
Eres muy linda, que anidas en mi corazón. Eres muy linda, que me persigues, que acosas mi corazón, que siempre vuelves cuando menos lo espero. Que llamas, que reconcilias, que buscas la manera de ver mis ojos, que gozas al rozar tu piel con mis manos, y que luego, entre palabras, nos acariciamos el alma, y así vivimos en un mundo distinto, acogidos por la pasión, por el fuego de nuestros corazones, unidos en los cielos, bendiciendo nuestra realidad.
Eres muy linda, con tu pelo que encadena mi alma.
Eres muy linda, transformando tu semblante al compás del arcoiris. Con tanta locura, allí, desolada cuando te dejo, cuando sientes abandono sin razón. Y sabes bien, que me cuelgo de tu existencia, y que vives atada en el sentimiento inmutable, un deseo que a veces se vuelve maldito, por la pesadez de no compartir con los demás tanta dicha. Y no lo podemos creer, ya me lo has dicho, me lo has contado, que te gusta, que te gusta oír de mis labios que vivo siendo tuyo, que gustas de ser mía, y atrapados en esta inocencia, somos profundamente nuestros. Como aquella vez, que nos besamos, con tanta dicha, a la luz del atardecer, en este juego que compartí contigo de tener que darnos beso apasionado en cada rincón que nos pareciera romántico.
Gracias por decirme que me amas, aunque sea aquí, en este rinconcito, de este callejón, olvidado por los hombres que venden sueños allá, a unos metros, por unos cuantos papeles.
Y así vivimos corazón, sin papeles grises que afirmen nuestro amor; con la simpleza existente de ser amantes cuando llama la pasión, sin tiempos, sin horarios, sin espacios, porque nos dimos a la eternidad.
Erick Xavier Huerta
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