Dios y el amor.

Dios y el amor. Bendita creación.
¿Cómo hacer para reflejarme? ¿Cómo hacer para entenderme? ¿Cómo hacer para comprender tanta magnificencia y tanta creatividad?

Dios y el amor.
Debo crear, debo hacer, debo resolver.
¿Cómo lo hago?
El espacio sostiene la densidad de enormes figuras que habitan y que circulan entre sí, cuyas energías se afectan, cuyos ejes gravitacionales provocan armonía y distancia perfecta. A veces más cerca, a veces más lejos, del sol, regente de toda esta galaxia. Y entonces, la tierra, la madre, el alma, la vida, las nubes, el cielo, los colores, las formas. El templo sagrado, por encima de los demás. La historia, la escribe un poeta, dios, y ahora habitan, dos seres.

Hombre y mujer, hijos y más. Que se multiplique la especie de la humanidad. Hombre se esconde, hombre se enferma, y mujer que provoca y mujer que encamina al hombre. Pareja. Hijos que se pelean, que discuten. Y la hermandad, enferma. Se transgreden, y eliminan la fraternidad. El chisme barato, la envidia y la pugna por el afecto hacen que compitan unos contra otros.

¿Pero qué no entienden?—dice la madre. Aquí no se fuma, aquí no se pueden establecer, los acojo y los recibo pero no es para que maltraten esta creación, que en conjunto con dios, hemos realizado para que ustedes puedan vivir y aprendan del amor. Pero no escuchan, pero no quieren ver.

—Déjalos, dice dios.
Y la mujer acosa al hombre y comienza a dañarle, como los hijos aprenden, como había empezado todo. Y los hijos y las parejas dicen: «te amo dios», «amo ser tu hijo», «y el conflicto no es contigo», «el conflicto, es con mi hermano, con mi pareja, con la otra raza». Entre individuos y entre naciones, el odio surge, el odio se incrementa, pero con dios no hay conflicto, aunque algunos enfurecen porque su percepción de dios debe ser generalizada acorde al estereotipo implementado en su psique.

Entonces dios, dice al ver la pugna entre ellos. Que agradece ser amado, pero que no comprende cómo osan entender que pueda amar a todos, por sentir su amor, contemplando cómo se agreden.

«Los que me aman se agreden, y yo debo estar feliz porque me aman».

Erick Xavier Huerta Sánchez

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