Tenía que ser así.
Tenía que ser así, en los tiempos escritos por las estrellas. Tenía que haber existido un plan premeditado por los dos para que fuera tan especial, una nueva historia que vimos nacer a estos tiempos donde los sueños se desvanecen en cuentos mecánicos, donde los jóvenes pierden esperanzas e ilusiones, donde la gente ya no cree que es posible que alguien como yo pueda enseñarte a viajar por todo el universo, y visitar sin prisas cada luz que emite una estrella a lo lejos.
Amaneceres, sin mucha astucia, sin muchos planes. Amaneceres que no avisan que puede cambiar de pronto el ritmo, tu espacio, la música, y el color de las almas, en especial la mía, cuando te vi.
Yo no imaginé, y mucho menos esperaba, que en tus ojos habría de encontrar todo, mi entusiasmo interminable por los años venideros, construyendo al aire sueños, junto a ti, compartiendo en playas, compartiendo pensamientos, ideas, risas, encantos, pasteles, festejos, luces.
Tenía que ser así, en este tiempo, donde mi sensatez de amor es vista como locura, con esta gran fuerza que te busca incesantemente para invitarte a despertar ese instinto guardado, reprimido por los miedos, que se duerme, que se pierde, que te deja sin vista, que te hace morir los sentidos. Por eso, así, es más hermoso, reencontrarnos para despertar cuando nuestros ojos buscan encontrarse en sus luces, en un nuevo sueño, cuando las voluntades se unen, se desean y se ilusionan.
Tenía que ser así, imaginándonos.
Tenía que ser así, albergando la locura para contarte cosas bellas, para enviciarse a que nunca olvides lo que en ti ya habías dado por perdido, amor. Tenía que ser así, ofreciendo lo impensable, porque lo necesitas para volver a sentir, para anhelar, para soñar, para que sin temor a mi fracaso, concedamos oportunidad a que seas mía, sólo mía, en donde no habitan tiempos, donde los juramentos dan paso a que siempre esté cerca, sin molestar, y volvamos a estar unidos, juntos, de vuelta, en las ganas celestiales, inmensas, luces que convierten nuestras realidades en lo que debiera ser siempre nuestro destino, amor.
Tenía que ser así, interminable, como los azules del cielo; como la creencia de dios en nosotros. Y es que el universo conspira, nos ha creado, nos cuida, nos une. Que sea ahora, el presente, eterno, en este instante, sin más poder que nuestro amor, sin más ganas que el deseo, que prescriban esta historia los impulsos de nuestros corazones.
Creeme, que tenía que ser así, con estas experiencias, con esta paciencia, con el dolor del pasado, con la experiencia aprendida, con la sabiduría consciente. Vívelo, amor, corazón, ahora, que lo sabemos, sin importar lugar, distancia y tiempo. Sin temor al fracaso. Sin miedo al futuro.
Lo que quiero decirte amor, es que sin ti no puede haber luz, no puede haber conciencia, no puede haber, no puede haber.
Tenía que ser así, bajo esta curiosidad que me empuja cada noche a tratar de encontrarte, en sueños, en alegrías, en tus risas, en los colores de tu alma. Y cada noche, un firmamento de estrellas me sigue haciendo creer, en ti, en tu sapiencia. Cada noche es una nueva puerta para adentrarse al encuentro contigo, en un amor poderoso, inmenso. Y creo que esto ya no se va acabar nunca, nunca, pues mi gran amor, mi gran anhelo eres tú, por siempre.
Y tenía que ser así, tanto que va a ocurrir. Así lo han marcado nuestros silencios, donde tanto se dice, y si tú no estás, yo no estoy presente, así con ese misterio, con esa metafísica, donde me encuentro, unidos, en cada instante, pensando, olvidándonos del tiempo. Siempre habiendo coexistido, en este mundo, en otras experiencias. Para que respires de mí, para que te alumbre cuando me convierta en estrella.
Tú eres la mejor razón siempre del por qué vuelvo al lugar del que un día me fui. No encontraba yo razones del por qué había experimentado vivencias en este particular lugar del planeta. No había conciliado que mis ojos ya se habían topado con los tuyos, no me había fijado que ya te había mirado. No me había puesto a verte, no lo había hecho. No había reconocido el tesoro que siempre estuvo ahí. No había alumbrado a mi corazón. Trotando mundos, yendo por galaxias para saber que siempre al lado, que siempre nos estuvimos soñando, buscando, entre sábanas, entre cuentos, palabras, historias, amigos, familias, y siempre estuvimos ahí, creciendo, sin vernos, sin escucharnos, en el mismo espacio, y por fin ahora, listos, para amar.
Ahora, no podemos escapar.
Estamos en el mismo mundo que tú y yo creamos, en el mismo espacio que hemos querido para que nuestro amor posea esta hermosa historia de crecimiento y evolución, sin detenerse, sin parar, sin quedarse a ver las cosas en vano, aquello que encuentra sentido a todo, que se eleva por los cielos y trasciende los espacios entre planetas, aquello que se vuelve celestial, uno, tú y yo, por siempre, para siempre, en nuestros corazones, que se vuelven uno, que se fusionan; que generan vidas, que convierten luces en nuevos universos, donde decantamos nuestra piel, nuestros pensamientos y toda nuestra esencia en nada, todo, absoluto. Ya no hay más que decir, que se me agotan las palabras cuando quito capa por capa de todo lo que hallo, de lo que encuentro desde que descubrí este gran amor que está ahí latiendo, cuidando de los dos.
La gloria ha tocado mi corazón, y el milagro reside en estar contigo ahora, cuando lo tangible no existe, cuando nadie apuesta por ello, cuando nadie lo ve, cuando sólo yo creo en ti, cuando yo me resguardo en los colores de tu alma, en el calor del fuego de tu corazón, mi alma, mi vida.
Cuando yo existo, cuando piensas en mí.
Tenía que ser así.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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