Por mucho que lo intente.
Me enseñaron a no amar, a competir, a odiar, a no querer, a olvidar. Me enseñaron que la vida vale poco, que mi vida es casi nula y solía pensar que era triste, y cuando era feliz, ya no me daba cuenta.
Después, me enseñaron que la vida lo era todo, que había aprendido mal, que era un ser increíble, que tenía amor y que el universo estaba en mí y que yo estaba en el universo. Entonces, después, más temprano que tarde, aprendí a querer, a amarlo, todo, aquí y ahora. Y ya no me arrepiento, y ya no tengo tristeza, y de alguna manera, te vuelves invencible. Y después, te conocí.
No es bueno pensar que uno es sus ideas, o sus recuerdos, porque todas esas cosas son significados que hemos construido, muchas veces, la mayoría, con la razón. Hoy aprendí, que el corazón une nuestro ser, que el corazón nos limpia, que el corazón purifica, y que nos hace entender sobre la comunión, y que me hace entender, que ahí vives, mi amor. No es bueno ser indiferente, si sabemos que estamos aquí para nutrirnos, para querernos, para adorarnos, para amar.
Ahora, cuando hay día, y el sol viene a contarnos buenas noticias, escribo, siempre para sentirte más cerca, para hacer brillar mi corazón. Justo, en esos momentos en que la luz de las estrellas no se miran, que son opacadas por el día, que son a veces olvidadas por el maravilloso cielo azul. Son luces, amor, que me recuerdan que debo respirar siempre, acordándome de lo que soy. Y a veces sueño, que sueñas con amor, y que mis palabras al menos, recrean nuevos espacios, que dan fe, que dan luz, al futuro, uno contigo, cuando las probabilidades son casi nulas, ya agotadas por distancias, por contratiempos, por arrojarnos al torbellino de la vida o por no querer ver con el alma, con nuestro corazón. Despierta, es lo que pido al cielo, que mires, que escuches. Al menos, yo me rindo, pero no de la forma en que te imaginas. Estaré ahí, por el resto de los sueños, sin poder dejar de quererte. No puedo.
Podemos sentir, el latir de nuestros corazones, en otra frecuencia, si quieres, y naufragar en los mares, e irnos, con lo que nos queda de tiempo, con lo que depare la marea, sin importar el puerto, sin preocuparnos por la muerte. Es mi prosa, mi poesía, dedicada a ti, por siempre, para todo tu ser, para tus ojos, tu pelo, tu pecho, tu boca, porque en mis adentros, eres mía.
Tal vez las luces de mi amor viajen hasta ti, tal vez te hagan una invitación que ahora no puedas rechazar, que tal vez te haga despertar a una nueva realidad de éxtasis y buena ventura.
Enloquezco si no escuchas mi amor.
Tal vez es una noche donde escribo sólo pretextos. Tal vez es una noche en donde busco, busco, busco siempre encontrar más prosa, para decirte, a pesar de todo, que no puedo dejar de quererte. Yo sé que he sido tímido, y que he tenido miedo, también. Yo tampoco he querido que me hieran, y al final he tenido que saltar al vacío para darme cuenta en el espacio que te amo, no importa el lugar, ni el tiempo, ni mi edad, ni si alguna estrella goza de envidia, sin importar lo que depare el futuro o si devienen en otros amores; encuentro la plenitud en ti. Yo puedo hacer que ocurran nuevas cosas, puedo fingir que no existes, puedo arriesgarme a que me quiten el sol si los sueños se equivocan. Yo te regalo todo, todo mi universo, y mi forma de ver la vida, que si eso ayuda a sanar, que me ayuden los ángeles de dios a decir lo correcto.
Perdón, perdón, perdoname. Que si he procurado estar contigo y no supe decir lo correcto, perdona si me aproxime mal, perdona el temor de mis ojos, perdona si no estuve presente.
Y lo que dure amor, ya no se va a terminar, ya lo vi después de la muerte, ya lo vi, después de dios. no consigo olvidarte, jamás.
Y ahora sólo me consuelo, en la imaginación, y espero que eso, nos ayude.
Ya te había dicho, que yo no era de los iguales. Y ya me he roto, porque me gustas, apasionadamente. Y me he quedado a vivir aquí, decidido, invencible, rendido ante el amor, el amor que no se equivoca, el amor que no comete errores, el amor que nos eleva al cielo, que nos presenta la gloria, la sensación del bienestar, la sensación de la gracia y la dicha.
Yo no quiero triunfar sobre imperios, tampoco regar corazones sin sentido; escribir poemas sin tradición, sin historia, sin tu emoción. Yo quiero que estés aquí. Yo quiero ir más allá de las ilusiones, junto a ti.
No se ha terminado. No se acabará jamás.
Aquí está el mar, el horizonte, tú, el mejor rubor de atardecer que vive latente en mi memoria, contando mis pasos y quiero despertarte, que mires, que veas, perdóname. Aquí, te dejaré... me iré, perdóname, pero tengo prisa, pero he aprendido a amar.
He aprendido a amar. Todo, todo el mundo. Pero te amo más a ti, y tú estás en mi mundo, y yo estoy en él. Amaré todo.
Y yo, yo no te puedo olvidar.
Siempre te voy a querer.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Comentarios
Publicar un comentario