¿Quieres perder la fe?
¿Quieres olvidarte de todo? ¿Quieres que no se lo diga a nadie? ¿Quieres que me quede impávido, inmóvil? Como cualquier otro personaje común y corriente, despojado de la esperanza, sin ganas de moverse, sin ganas de creer, sin ganas de suspirar al cielo por el amor. Qué no se lo diga a nadie, dicen, que no haga nada, que me olvide, que muera, que me aleje, que me vaya, al desierto, y que el corazón quede en el olvido. Que el corazón no tiene razones, que el corazón está loco, que el corazón refleja debilidades, que el corazón es torpe, es un tonto, un aparato que debemos apagar.
Que ya no te vea, y que no crea en tonterías, que la historia es fea, que las virtudes no pesan, que mis ganas valen poco, que mi dios está muerto, que los cielos no gustan de mi existencia. Que vale nada existir, que vale nada pensar, que el amor es una tontería, que creer está sobrevalorado cuando uno tiene sentimientos tan profundos y bellos. Qué no puedo hacer nada, que sólo puedo sepultar lo que he querido.
Que el amor no debe ser revelado, que no lo debe escuchar nadie, que nadie vea, que nadie lo palpe, que es un fruto prohibido para los humanos. Que todo acaba, que todo termina, que nada es eterno. Que la magia no aparece, que nadie está bendito, que nadie será bienaventurado.
Que pierda la fe. Y que ya no crea en nada.
Que me olvide del sol, y que no busque brillos. Que nada vale la pena.
Que no puedo hacer nada con los días y con las noches. Que mis lágrimas son meros trámites de tiempo, esperando la muerte, esperando las sombras, que desaparezca todo.
Que me pierda el alma y que tenga el valor para perder. Que ya no tenga más entusiasmo que perder las fuerzas. Pero, si no tengo nada. No dejaré de ser un testarudo que imagina en vano, que cree en lo que todos omiten, que ama y adora espacios en los silencios, entre las palabras, en la contemplación de las cosas, aquel que no deja de escuchar al corazón.
No voy a ser indiferente, y no ignoraré los destellos del corazón, y que los motives sobren siempre a cada amanecer, no importa que siga hallando dolor, no dejaré de creer en ti.
Aunque se termine el mundo, y se acaben las palabras, me quede sin mares, se muera el sol, y me abrace el frío de la muerte.
Aunque pase todo eso, seguiré aquí, latiendo pasiones, ilusiones, utopías, regalos de palabras, historias nuevas donde pueda ocurrir la mínima providencia.
Erick Xavier Huerta
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