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Mostrando entradas de junio, 2017

Una singularidad cósmica

Un conjunto de estrellas y me podría aventurar a culminar mi vida de una vez por todas, en un instante, ahora, sin anhelo del futuro, sin ambición de más camino. Una chispa de polvos, una singularidad de arte, en los ojos, en su piel, en su pelo, en su amor, que me avivan los sentidos, que me intensifican las acciones y que todo revuelo y toda intención, surgen siempre, en la vida, por ella, por dar cauce nuevo, a un universo que se estrena, uno con sentido. Ahora, no concibo mi ser, en ninguna distancia, como algo unisono, como una orquesta significativa sin ti. Es como la misma necesidad del aire, del mar, de la tierra, de la luna, de los planetas, del espacio.  Pero es la mentira, la inseguridad, siempre el miedo que separa, que inhibe, que lastima, lo que destruye, lo que nos hace perder la hermandad, y por eso mismo, el amor, la unión, el querer. Y es que a todos, casi a todos, les da miedo la luz, el amor, brillar, con intensidad. Y es normal tener miedo, todos lo te...

Las palabras y el viento.

A veces, las palabras no reflejan los verdaderos sentimientos. A veces, conectar la sensaciones, las emociones y los pensamientos puede resultar algo complejo. Cuando resurge el amor, cuando comprendes el amor, atiendes la libertad, atañes a la suprema voluntad de dar lo mejor, para recrear, para reflejar en la otra persona, lo que verdaderamente es. Y lo único que buscas, cuando buscas dar amor, es nutrir a la otra persona de eso. Entender al amor, es saberte fuente de eso, sin esperar nada a cambio. Es saberte incluso capaz de milagros, cuando el mundo sirve a tu propósito y no cuando sirves al propósito del mundo. Cuando eres el milagro, cuando haces que ocurra. Porque puede ser posible lograr sanar corazones sin usar las palabras, sin tocar, porque quien está herido, muchas veces se aleja, por temor, por miedo a contagiar. Mi amor, busca eso, trascender las fronteras de las palabras, y del roce de mis manos, curarle, bienanventurarle, más a la mujer que amas. Más, cuando crees q...

INOCENTES. SEGUNDO CAPÍTULO

CAPÍTULO II En la oscuridad, el olor al alcohol, y la adrenalina. El aire, y los susurros, lo grotesco se esparcía en el ambiente, y la atmósfera causaba dolor, y lo tenía que respirar Emma.       Emma leía día con día la historia de Jake Bradley.       Emma era hija de un abogado conservador y de una madre narcisista de alta sociedad, que osaban despreciar el joven noviazgo de Emma Souza, a lo cual, con rebeldía se negaba a terminar. Robert Lindon no era aceptado por la familia Souza, y esto incrementaba más el placer en Emma. El amor prohibido, la pasión de encontrar lo que no se encuentra, su búsqueda incesante que había terminado al mirar los ojos enigmáticos de Lindon, le producían éxtasis, ardor y se entregaba a él con inmenso fulgor.  Ella se dejaba tocar por Lindon, y osaba amarle, osaba sentir quererle, darle todo su ser. Mientras Lindon, satisfacía su placer, y después sentía el abandono, el vacío y necesitaba volver a ll...

Caridad

Tan fácil si sabes hacerlo. Entrego mi corazón al espacio, ahí donde se sostiene todo, los planetas y sol y las intenciones corren libres, hechas de amor, con las más genuinas acciones de crear por crear, de expandir el placer y contraerlo, arriba y abajo. Trasciendo la imaginación, los ueños, las ilusiones y por fin estoy completo. Camino sin poseer nada, sin querer nada, sin  desearlo. Que venga el amor, el amor verdadero, mi verdad, mi principio de realidad. Y si sabes hacerlo, ocurre, de pronto todo, todo lo que no has pedido. Todo lo que no ha ido con las intenciones de poseer, de pronto suceden.  Mis escritos, de la obra maestra ya concurren en los demás planetas, se aguarda el espacio en mi universo, y me regreso a casa, en la plenitud, en el abismo, me deshago del cuerpo, de todo loq ue soy y soy la conciencia de luz, de colores , de fuerza ineludible, la belleza permanente que ahora ha sido dichosa de encarnar en un cuerpo, en la carne, en los sentidos. Los a...

Aquí te espero

Mi amor. Tengo dicha de estar junto a ti. Al menos el viento, el mundo y el universo me ayudan a susurrarte mi amor. Es que he querido ser siempre lo mejor para ti. Tal vez por eso no estoy contigo. Es que mi presencia te hace daño, te hace llorar. Por eso, me he ido. Si no quieres que esté junto a ti, no me quedo, me voy, parto, con gusto y dolor, porque estás mejor sin mí y eso me rompe. Mi amor. Yo jamás esperé encontrarte aquí. Nunca esperé que en una noche, encontrara mi esplendor. Mi anhelo de plenitud de pronto siempre fuiste tú. Y ahora, las palabras, debo palsmarlas aquí, sin temor, sin miedo, porque ya ahora no padezco nada. Ahora, puedo visitarte en mis sueños, en la eternidad de mi imaginación. Dicen que la fantasía es mala, ociosa, dolorosa porque no te aterriza, porque no te ubica en la realidad. Pero es que yo soy mis ilusiones. Tú eres mi ilusión, mi luz, y camino hacia a ti. Aún cuando las voces me reclaman que te abandone, me gusta orar por ti, me gusta plati...

Maravilla

Dios me protege. Quedan del lado las amarguras, los malos pensamientos dirigidos a causa de los vacíos. No penetran en mi espacio. No aluden a mi espacio. En mi espacio, estamos seguros, estamos blindados. Camino a la plenitud, me desenvuelvo, me desarrollo. Los caminos conducen por espacios inesperados; las situaciones no son cíclicas, no son líneales, hay tiempos, hay instantes, momentos, de renacimiento, de nuevas construcciones. Hay finales y hay comienzos. Nos vamos a volver a ver, en nuevas latitudes; pero no escuchaste. Mi amor reside en estar ahí, a tu lado, sin molestar, sin nada más que consolarte, mientras despiertas, mientras te das cuenta de lo que has hecho. Creo que alguien puede tener la libertad de estar junto a ti sólo por el hecho de poder contemplar tu maravilla. Encontré una maravilla. Encontré una maravilla, y no puedo tocarla, no puedo porque se rehúsa, porque su libertad no gusta de mi existencia, porque ha perdido la fe, porque no tiene brillo en sus ojo...

INOCENTES. PRIMER CAPÍTULO

CAPÍTULO I «Esto es real»                   Una mujer rubia, madura, que se hace llamar Emma Souza, de ojos tristes, iguales a los de su madre, pero con diferente circunstancia. Le pesa la vida, recorre los pasillos del centro comercial, sin buscar mucho, realmente nada. Mira los aparadores, los vestidos de colores, los zapatos, las muestras de moda y maquillaje. Mira y observa, sin pensar tampoco, mucho, en casi nada.                   Ella va maquillada, arreglada, lo que puede, con un poco de hastío, tan poco con tanta elegancia. Está sola, quiere estarlo, apartada de la gente, pero con el ruido de la muchedumbre para hacerse compañía, para hacerse oídos sordos ante la realidad que le envuelve, ante la historia, ante su pasado inmediato.          ...