Vibra, con mi amor.
Lanzo un grito al viento, y la ilusión se aposenta sobre la luz de la luna, esperando el amanecer. Allí, en esa luz, se plasman mis escritos y los pensamientos más sinceros de mi corazón, profundizando en el amor, en el destino, en la conexión de las cosas, en el último curso del cauce del desarrollo de los eventos que tuve que vivir. Ahí, está mi alma, como un claro objetivo sin preocuparme en el cómo se resolverá la llegada y la consecuencia del amor. La inevitable fuerza que nos une, que nos atrae como dos imanes, por el mismo fin, de amar, de construir, de soñar, de ser deliberadamente un baile apasionado que jamás perece en las ganas de tener tangibles nuestras emociones cuando acariciamos y palpamos a través de nuestros cuerpos la esencia del brillo que lucha por la vida.
Y sin tener la garantía de haber penetrado en sus ojos hasta lo más recóndito de su brillo, el amor resuelve, el amor busca sus propios caminos como siempre la vida lucha por seguir existiendo sin detenerse, sin absolverse, sin dejar pausas, sin detener el tiempo. La vida y el amor encuentran su rumbo, sus caminos y nos sorprenden porque somos parte de la melodía y tocamos aún sin darnos cuenta, sin darnos tiempo de meditar en la conciencia que se expande y se contrae por belleza, por simplemente ser, por simplemente estar ahí. Esto es un acto de amor, que no quepa duda de ello, que brillan las voces que susurran, que vociferan, que gritan extasiados de temblor de pasiones, de emociones, de la vibra ante los actos de pasión que emanan de mis destellos al universo, a mi bálsamo de éxtasis que se escribe desde que dios me dio y me concedió mi cuerpo que trato de cuidar, consintiendo el aire, y dándome a resignar ante el giro inevitable de mi planeta en curso con el sol y aspirando y suspirando entre luces y sombras.
Escucha mi voz, porque es un acto de amor aún cuando seas presa del miedo, aún cuando no confíes en tus sueños, mi vida es por ti y en mis sueños te encuentro y despierto a tu lado, amándote, acariciándote antes que nos abrace y nos alcance la penumbra. Yo te eternizo en el curso de la historia, porque no acaba aquí, esto apenas es el punto de partida en el amor que recorre y abre caminos. Cuán hermoso es el amor, que furioso busca siempre la brecha, la orilla, la apertura correcta, para escabullirse ahí y dejar que miremos nuevos paraísos. Yo te amo sin resignación, sin miedo a perder lo que he dejado en el camino y con el entusiasmo inmenso de arrojarme al vacío, sin ningún temor.
Yo te amo aquí, en las luces púrpuras que caen del cielo, que nos van juntando poco a poco, en estos caminos que convergen, que nos alejan y luego nos vuelven a reunir; cuando despertamos abrazados, en el futuro próximo, aquél que ven los ilustrados, aquél de magia blanca, de dioses celestes que brillan como perlas. Somos eternizados, somos palabra, somos amor, somos erotismo, candor, pasión, fulgor, palmas que bailan con el viento.
La brisa del mar nos contagia, nos amamos, nos sabemos próximos ante el inevitable destino de tocar nuestros labios, como mujer y hombre, adornados de fuego alrededor, santificados, emanados del oro, de la belleza, de la fuerza de disfrutar nuestros cuerpos. De amor puro, de amor inmenso que se escribe en el cielo y que hoy llueve, hoy llueve tanto, por ti, por mi corazón.
Erick Xavier Huerta S.
Y sin tener la garantía de haber penetrado en sus ojos hasta lo más recóndito de su brillo, el amor resuelve, el amor busca sus propios caminos como siempre la vida lucha por seguir existiendo sin detenerse, sin absolverse, sin dejar pausas, sin detener el tiempo. La vida y el amor encuentran su rumbo, sus caminos y nos sorprenden porque somos parte de la melodía y tocamos aún sin darnos cuenta, sin darnos tiempo de meditar en la conciencia que se expande y se contrae por belleza, por simplemente ser, por simplemente estar ahí. Esto es un acto de amor, que no quepa duda de ello, que brillan las voces que susurran, que vociferan, que gritan extasiados de temblor de pasiones, de emociones, de la vibra ante los actos de pasión que emanan de mis destellos al universo, a mi bálsamo de éxtasis que se escribe desde que dios me dio y me concedió mi cuerpo que trato de cuidar, consintiendo el aire, y dándome a resignar ante el giro inevitable de mi planeta en curso con el sol y aspirando y suspirando entre luces y sombras.
Escucha mi voz, porque es un acto de amor aún cuando seas presa del miedo, aún cuando no confíes en tus sueños, mi vida es por ti y en mis sueños te encuentro y despierto a tu lado, amándote, acariciándote antes que nos abrace y nos alcance la penumbra. Yo te eternizo en el curso de la historia, porque no acaba aquí, esto apenas es el punto de partida en el amor que recorre y abre caminos. Cuán hermoso es el amor, que furioso busca siempre la brecha, la orilla, la apertura correcta, para escabullirse ahí y dejar que miremos nuevos paraísos. Yo te amo sin resignación, sin miedo a perder lo que he dejado en el camino y con el entusiasmo inmenso de arrojarme al vacío, sin ningún temor.
Yo te amo aquí, en las luces púrpuras que caen del cielo, que nos van juntando poco a poco, en estos caminos que convergen, que nos alejan y luego nos vuelven a reunir; cuando despertamos abrazados, en el futuro próximo, aquél que ven los ilustrados, aquél de magia blanca, de dioses celestes que brillan como perlas. Somos eternizados, somos palabra, somos amor, somos erotismo, candor, pasión, fulgor, palmas que bailan con el viento.
La brisa del mar nos contagia, nos amamos, nos sabemos próximos ante el inevitable destino de tocar nuestros labios, como mujer y hombre, adornados de fuego alrededor, santificados, emanados del oro, de la belleza, de la fuerza de disfrutar nuestros cuerpos. De amor puro, de amor inmenso que se escribe en el cielo y que hoy llueve, hoy llueve tanto, por ti, por mi corazón.
Erick Xavier Huerta S.
Comentarios
Publicar un comentario