Poderoso PRI
Lejos de atentar contra la plataforma política que gobernó durante casi un siglo este país sin resultados contundentes para su transformación, permaneciendo dormido, en el estatus quo, promediando la mediocridad y manteniendo recurrentes crisis económicas sexenios tras sexenios haciendo perder patrimonio a la ciudadanía, este es un análisis del por qué los políticos, y más, los que apoyan moralmente o por un puesto esos colores, no se percatan de qué tierra es la que están pisando; no vislumbran el contexto histórico y sociocultural que está emergiendo, que se encuentra danzando, bailando, gritando al exterior cuáles son sus necesidades y qué deviene con el voto en este año dos mil quince.
Primero, Ernesto Zedillo supo que debía dar paso a la democracia en el país. Incluso, Colosio, gestó en el momento de su candidatura la misiva de traer supervisores extranjeros para esa elección en '94, porque la ciudadanía no daría crédito de tener elecciones limpias en un momento donde el PRI, ya tenía una imagen desgastada sin contar la tragedia económica que vendría en Diciembre de 1994.
Vicente Fox llegó al poder entonces y después de estar un año en acción, la sociedad se cansó y dejó de creer en aquel candidato alegre y carismático que había derrotado al partido hegemónico. Su matrimonio con Martha y un mal trabajo de imagen y discurso, llevó a una nueva crisis política y social y se dividió toda la masa, en aquellos que ya no daban crédito por los partidos, en los que tenían miedo de Obrador por una comparación mercadológica con Hugo Chávez y aquellos que pugnaban por dar continuidad al proyecto de Acción Nacional porque seis años no iban a ser suficientes, y se necesitarían unos setenta años, otra vez.
Felipe Calderón llegó al poder, en medio de una crisis social y declaró la guerra al narcotráfico y eso costó avance económico y nuevamente, se agudizó la crisis social y continuó la crisis política. Por eso, los ciudadanos, algunos, devinieron que lo mejor sería dar un voto de castigo regresando a un antiguo régimen que supuestamente garantizaba paz social.
El Partido Acción Nacional perdió todo, prácticamente, en su influencia en el país y sólo le quedó su corazón, una parte, en Guanajuato, porque también perdió territorio, como casi la mitad de municipios que regresaron al PRI, mayoritariamente. Y esa crisis, en 2012, fue por una guerra controvertida que cobró crímenes de Estado y escándalos y escándalos por una política de crimen antidrogas que estaba destruyendo al país. México, ejemplo de Latinoamérica dejó ese título hace mucho tiempo atrás. Y hoy, México, es líder en corrupción, dentro de la OCDE, a nivel mundial y continúa matando a sus periodistas y a sus mujeres, sin justicia, sin igualdad de oportunidades y ahora maquillando un escenario que no existe en México, todo eso a través de las telenovelas, de los discursos baratos, y entonces pasamos al régimen del montaje.
La propia Secretaría de Gobernación ha denunciado que durante el gobierno de Peña Nieto, de Diciembre 2012 a Septiembre 2014, suman 31 892 mexicanos asesinados.
El escenario es distinto.
En 2012, Calderón tenía fama de una política antidrogas fallida en tres órdenes de gobierno. En Guanajuato, por ejemplo, Juan Manuel Oliva gozaba de señalamientos de corrupción al igual que presidentes municipales; pero hoy, a lo largo del territorio nacional, los personajes encumbrados en la oligarquía del PRI, gozan de múltiples actos de corrupción y autoritarismo vinculados a crímenes de Estado, endeudamiento y atrocidades en la impunidad que abanderan con sus acciones.
Hoy, el PRI ha pugnado por dividir a la oposición y creen que eso les va alcanzar. Divide y vencerás. La mayoría en México no quiere a ese partido, y basta recordar el porcentaje que votó por Enrique Peña Nieto, que también resultó una diferencia mínima contra el porcentaje que recaudó Andrés Manuel López Obrador. Enrique Peña Nieto tenía que hacer un gobierno perfecto porque estaba cargando toda la historia mezquina del PRI, que en año dos mil perdió todo por el hartazgo que hubo en la población de esa corrupción, del mando unipersonal, de los privilegios, de las mentiras, de los genocidios, de los latrocinios, de la cleptocracia, de la impunidad que irónicamente, todo eso, se ha agudizado hoy. Los militantes del PRI no se dan cuenta que hoy el escenario es mucho más complicado que lo que se vivió en 1994 y en 2000, e incluso que en 2012.
En 1994, se levantó el movimiento Zapatista y hubo una devaluación, en pocas palabras, y el hermano del Presidente resultó un ratero. Pero Ernesto Zedillo se encargó de hacer un trabajo excepcional, que no se le ha reconocido enteramente, pues logró recuperar la economía y adherirse a un tipo de cambio estable que permeó en las presunciones de los gobiernos de Acción Nacional, pero, honestamente, fue visión de Zedillo. Zedillo vino a reparar en recuperar el Estado de Derecho poniendo a un juez imparcial en el caso de los Salinas y metió a la cárcel al hermano del Presidente e incluso, la familia Salinas, tuvo que huir del país.
Zedillo se dio cuenta que era tiempo de dar paso a la democracia, pero dejó blindada la economía y por eso, a pesar de los embates del narcotráfico, hubo estabilidad y crecimiento alrededor del 3% en el PIB. Pero vino la lucha por el poder de parte de los grupos desterrados, de Salinas, con ese corte obtuso de las privatizaciones pero con dádivas de privilegios para amigos, compadres y señores feudales del gremio de la oligarquía como los Aspe. Hoy esas familias están encumbradas en los altos puestos, siguiendo la línea de corte de política pública de Salinas de Gortari, que también hizo un pacto en su tiempo y eliminó a la oposición. Y le han hecho creer a la opinión pública que si no hay unión, no hay progreso—cuando la verdad es, que vivimos más de setenta años con mando unipersonal y sin oposición obedeciendo a los antojos del ejecutivo federal, de un solo partido hegemónico que decía qué y qué no hacer en términos absolutos para controlar las mayorías. Y vivimos el socialismo del siglo XXI, creyendo que éramos libres.
Zedillo se dio cuenta que era tiempo de dar paso a la democracia, pero dejó blindada la economía y por eso, a pesar de los embates del narcotráfico, hubo estabilidad y crecimiento alrededor del 3% en el PIB. Pero vino la lucha por el poder de parte de los grupos desterrados, de Salinas, con ese corte obtuso de las privatizaciones pero con dádivas de privilegios para amigos, compadres y señores feudales del gremio de la oligarquía como los Aspe. Hoy esas familias están encumbradas en los altos puestos, siguiendo la línea de corte de política pública de Salinas de Gortari, que también hizo un pacto en su tiempo y eliminó a la oposición. Y le han hecho creer a la opinión pública que si no hay unión, no hay progreso—cuando la verdad es, que vivimos más de setenta años con mando unipersonal y sin oposición obedeciendo a los antojos del ejecutivo federal, de un solo partido hegemónico que decía qué y qué no hacer en términos absolutos para controlar las mayorías. Y vivimos el socialismo del siglo XXI, creyendo que éramos libres.
Yo mismo crecí con la falsa idea que el Estado es el primer órgano que tiene que dar dádivas para poder ser libres y felices.
Está claro, millones se van del país porque aquí no hay condiciones para crear riqueza. La gente no quiere que le den, quiere ser libre, quiere tener oportunidad para crear.
El corte salinista fracasó a medio término, por andar por encima de las instituciones de la república, por permear acciones fuera de la razón como su reforma fiscal que inhibe el crecimiento económico y la oportunidad que deben tener los individuos como agentes para detonar y crear riqueza. Quisieron implementar una reforma fiscal con facturación electrónica en un país subdesarrollado sin infraestructura en telecomunicaciones y sin cobertura total en acceso a conseguir nuevas tecnologías e internet. O sea, sin homologar condiciones económicas, de competencia y de nivel de vida, el gobierno se autorizó creer que vive en Disney. Y aún con eso, se permitieron regalar teles por el apagón analógico. Las personas no tienen para comer pero sí tendrán televisión. No tendrán libros pero sí televisiones y hoy esos artefactos están empeñados porque México vive en la pobreza. Pero esa es la política de rumbo que tienen las autoridades concentrando todo. No hay ni siquiera planeación territorial y urbana, ni desarrollo tecnológico.
No se dan cuenta de lo que pasa, y se enojan.
Los partidos políticos dividen a la gente en colores, contraponen a los ciudadanos con falsas ideologías de la labor del estatismo. La gente se enoja entre sí, y surgen odios. Los que se visten de playeras de partidos políticos se apasionan fanáticamente, como si estuvieran apoyando a un equipo de futbol, porque no quieren perder, y entonces vienen los resentimientos, los enojos, el odio, porque pueden perder. Temen al fracaso, y tienen miedo y se encarcelan y dejan de ser libres. Dejan de mirar el amor.
¿Cómo va a combatir la corrupción el gobierno si el gobierno hace y promueve la corrupción?
Los militantes morales del PRI, sus candidatos, tienen una mirada obtusa y no sienten la tierra. El mismo Partido Acción Nacional y los demás no saben bien qué están haciendo. Algunos luchan por destruir la partidocracia, otros buscan ser idealistas y traer el reino de los cielos aquí en la tierra con estúpidos proyectos como donar o deshacerse de su sueldo, como si fuesen Gandhis, o santos, engañando que esos recursos ya fueron succionados arbitrariamente. Sigue el mismo discurso caudillista y mesiánico, pero eso ha terminado, deberá terminar. No se dan cuenta que hoy, el escenario es más complicado que hace seis años.
En 2012, el Presidente Felipe Calderón tuvo que ceder la silla de nuevo al PRI por tener al país en llamas; pero el Presidente no incurrió en corrupción. El PRI de Madrazo, de Labastida, estaba en mejores condiciones para ganar puestos y territorio. Hoy la delincuencia y la violencia tienen cifras más alarmantes que durante el gobierno de Felipe Calderón.
¿Efecto dominó? ¿Ola de violencia? ¿Falta de estrategia?
Hoy no se da cuenta el partido en el poder que su Presidente tiene la peor imagen que ha existido en la historia política de nuestro país. Cuenta con escándalos personales, como el caso de Maritza Díaz, el encubrimiento y protección que da y hace a su padrino Político Arturo Montiel; los feminicidios que le persiguen, la corrupción que salió al aire con las casas de las lomas, de Malinalco, de Ixtapan, y más, del propio Secretario de gobernación. El caso Paulette, la voz que grita en Estados Unidos de parte del periodista Jorge Ramos, el despido de Carmen Aristegui, su labor y denuncia en todos los foros internacionales. Las denuncias que hace el New York Times, The Economist y tantos y tantos medios internacionales que apuntan la corrupción y mafia del ejecutivo federal, son inminentes, son claros señalamientos y signos de que esto ya no se va a solapar más.
No solamente hay un despertar ciudadano en la cuestión política, sino espiritual, y el cambio es inminente en la dinámica social. No se avalará más la impunidad y el asesinato a la meritocracia. El sistema electoral está desacreditado, las instituciones, el Presidente y los partidos políticos. Y los políticos y sus seguidores que son una minoría, confían en retener el poder, en continuar en la mentira y en el engaño.
Hay un colapso moral en México y una revolución en turno. Y no se dan cuenta. La masa intelectual del país apunta que los representantes elegidos siempre deciden cosas que van una y otra vez en contra de los ciudadanos que los eligieron. En México, la muerte de la oposición y de las instituciones reclama un renacimiento, y así lo dictan los nuevos escritores, los actores, los pintores, los músicos, los ciudadanos, los individuos. La decepción no es en balde ni un invento, pero eso no lo quiere ver la clase que vive de dádivas, de regalos, de impunidad, de mentiras, y siguen generando odio entre los individuos, porque si no apoyas, si señalas y alzas la voz, te conviertes en un monstruo, en algo indeseable, en lo peor para ellos, y por eso hay tantas muertes de comunicadores y periodistas.
No se dan cuenta que ese grupo que construyó la imagen de un Presidente cercano a las mujeres, deviene del Estado que más mata a ese género y que sigue aumentando la cuota con Eruviel Ávila. Y que las cifras son alarmantes, porque "el paso" pasó a ser un cuento de niños en comparación a lo que sucede en el Estado de México, pero, al parecer, muchas quieren seguir degustando el sabor de admirar la imagen más que la sustancia.
No se dan cuenta que en el mundo están gritando que no habrá más permisividad a la mafia oligarca. Porque hay una revolución en América Latina para terminar con el socialismo del siglo XXI, en esta falsa idea de personajes que son amorosos y "buena onda" con todos, porque son creyentes en la virgen y en Dios, en la familia, y en los valores, pero en su sombra, son guerreros y guerreras, y adoran los vicios y aman la destrucción.
No se dan cuenta que el ejecutivo federal cosechó enemigos en tiempo récord. Y el escenario es más complicado que en '94, que en 2000, 2006 y 2012. Hoy, nuevamente se alza el movimiento Zapatista y hay una revolución en el norte del país con Julián Lebarón, con Gilberto Lozano, con los ciudadanos de clase media acomodada que están hartos del bipartidismo, y por eso, en Nuevo León crece la figura independiente del Bronco y Felipe de Jesús Cantú e Ivonne Alvarez, se las ven negras. Hay una división importante e insurgencia por todos lados. Y vemos, en otra trinchera, el movimiento de Unión Ciudadana que busca derrocar a César Duarte y así continuamos con voces y personajes a la luz pública sin contar al gremio que aún no se ha manifestado pero que labora en estos momentos y gesta una revolución. Santiago Pando, Javier Corral, Tamaulipas, en Sonora, en Colima, en Zacatecas y llegamos al centro del país donde los citadinos ya no dan crédito de Miguel Mancera, y las voces de los intelectuales recorren el país y Elena Poniatowska sigue cosechando éxitos y repite: "No merecemos a este Presidente". Denisse Dresser sale a la calle y encabeza un movimiento para quitarle el registro al Partido Verde Ecologista de México, partido canalla, partido opresor que ensalsa a su amigo Manuel Velasco con una serie de acciones mezquinas y baratas de show mediático político que harta a todos.
En Michoacán, en Cherán corrieron a todos los partidos políticos y destruyeron al sistema y ese foco de atención sigue calentando los motores en el país y una bomba que está a punto de explotar. Y no se dan cuenta. No se dan cuenta que a Silvano no lo quieren, que el PRI fue un chiste triste en Michoacán y a pesar del apoyo federal y del fantasma de Alfredo Castillo, Michoacán fue presa del crimen y murió el Estado de Derecho. Y sigue alzando la voz Mireles y los periodistas y los medios de comunicación nacionales e internacionales y no se dan cuenta.
Eduardo Buscaglia dijo que México vive un tsunami de crímenes de lesa humanidad. Carlos Fuentes vive en el eco de la voz de México. Y en Guerrero, se levantó un movimiento de los Padres que perdieron a sus hijos en manos de la impunidad y el crimen asociado al gobierno, a la parte minúscula que sustenta, a la base y cimientos de la estructura del sistema, el gobierno municipal. Y las personas cambian. Tal vez ese asesino fue una buena persona alguna vez y se corrompió y se perdió en la arrogancia que le dio el poder público. El lado oscuro del poder.
El Presidente ni las instituciones tuvieron la sensibilidad para abordar ese tema. En cambio, los viajes a China, a Inglaterra, aviones, vestidos, Versalles, hijastros, hijos, familia, aristocracia, oligarquía, los dueños de Volaris, los mismos, de la Madrid, Miguel Alemán y los Magnani. Y esa es la semi competencia que llevará a México a ser primer mundo. Pero hay que echarle la culpa a otros factores, como la especulación financiera internacional y etcétera.
Y no se dan cuenta.
No se dan cuenta que hay una revolución en el mundo, en América Latina. Ha renunciado parte del gabinete en Guatemala y Michelle Bachelett pide la renuncia a todo el gabinete y el Presidente, acá, sigue creyendo que Virgilio Andrade traerá justicia al mundo. El PRI ha demostrado falta de pluralidad, de visión y de rumbo. Ni siquiera se dan cuenta que su dirigente César Camacho Quiroz falta de carisma, de discurso y de fuerza para mantener la hegemonía en los congresos y seguir haciendo lo que dicte el ejecutivo federal. Y súmale todo, el endeudamiento desastroso, mezquino que hay en esos Estados gobernados por el partido de color rojo. Y tampoco se dan cuenta que el nombre lleva intrínsecamente un signo cognitivo de desastre y miedo, a lo que deberían conseguir asesores semiólogos para cambiar la estrategia y refrescar una imagen obsoleta, tradicional apegada a lo que no es positivo ni progresista. Pero sí, van a ganar así y todo está bien, vivimos en Disney y mañana amaneceremos en Finlandia.
El apoyo de China no es suficiente para retener el poder.
La comunidad en Estados Unidos no votó por Peña Nieto, porque justamente, gracias al PRI, y después con apertura de Acción Nacional, millones se fueron del país al norte porque no hay condiciones para crear riqueza en México. Hay un malestar y un anti priismo en el país que se va contagiando porque a todas luces se vive la impunidad y la burla de parte de las autoridades, virulento, como dice bien Jorge Castañeda. El mismo Bill Clinton ha denunciado a Enrique Peña Nieto que esclarezca el tema de señalamientos de corrupción ligados con su Casa Blanca. Bill le ha pedido a Peña que sea valiente.
Pero no todo esto surge ahora. El Presidente Peña fue respetado en su triunfo y los medios nacionales e internacionales apoyaron sus reformas y su proyecto. Los países del mundo apoyaron su régimen, pero todo esto se ha esfumado a medio término, porque ha decaído el sistema gravemente, y el Presidente ha perdido control sobre la masa crítica, sobre la opinión pública, local, nacional, internacional, absoluta y eso, es lo que está en juego hoy. Eso es lo que muchos no se dan cuenta y siguen apostando a que el porcentaje ignorante y vividor de dádivas como voto duro, hará ganar a los mismos.
Cierto es, que el mismo PRI, lejos de cometer una renovación pronta y urgente desde su nombre y definición, hoy merece perder, por salud política y estructural para renovar y encauzar los destinos del país. Si gana y consigue mayorías vendrá la insurgencia de la violencia. Eso deben tener en cuenta porque esos demonios han creado y la mejor manera de rescatar la institucionalidad de la república es dar paso a la alternancia, a la pluralidad y sobajar el poder partidista por encima de las figuras jurídicas en nuestros órganos legislativos y judiciales. Es tiempo del contrapeso y del equilibrio. Si se empecinan en retener toda la fuerza, seguirán alimentando el desequilibrio y se perderá mucho en el país.
A veces para ganar hay que perder, de lo contrario podrían desaparecer para siempre.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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