El amor está sembrado.
Las cosas pasan por algo, dicen los lectores del tarot. Dicen que puedes ver el futuro, incluso que puedes saber tu paradero, lo que va a venir, lo que pasará contigo, en tu destino.
¿De alguna manera habré podido ver mi propio futuro? ¿Habré desarrollado un don de poder saber aquello que vendrá en mi destino? Que bien no sé el cómo ni los pasos desmenuzados que me llevarán a ser el ser que habita en el futuro, pero el asunto es, que lo veo, lo sé. Lo puedo visualizar. Y a veces uno se confunde entre lo que aspira, lo que anhela, lo que ilusiona, lo que sueña, lo que quiere y lo que en realidad pasará.
Mis sueños me hablan, construyen una realidad y me avisan los paraderos de mi fiel destino.
Sé a quién debo amar, y quien vendrá pero no sé las palabras que ocurrirán en mi boca ni las caricias y formas que se darán, pero leo claramente el mensaje del futuro, alejado de los sueños, de las ideas construidas para querer. El amor está escrito.
Y están las palabras enamoradas de la narrativa construida entre mi pasado, presente y futuro; cohabitando en esa mágica realidad paralela que vive entre las estrellas de las ilusiones, los sueños y mi presente. Es inevitable las manchas de la tinta que dibuja la belleza para amar, y los mensajes y los ruidos, y la pintura entre aquí y el más allá; el miedo, se disipa, y las fronteras caen, aunque suenen dolorosas dando paso a la libertad. Somos seres en movimiento y en constante evolución, trasmutándose siempre en conciencia de amor, de fuerza, de voluntad y cambiamos. Y en las imágenes de mis sueños los rostros se revelan, miro los besos que se aterrizan por todo el campo de su cuerpo, bajo el brillo de los colores cándidos, tersos, carnes, pintorescos, rosas, delicados y sus expresiones, claras en las memorias de aquel pelo cuando ella era joven, cuando era más largo, cuando evoluciona y cambia y se deja amar. Y la pasión se aviva porque se escabulles por las ramas de la historia que se cuenta, que se va develando incluso desde esta aventura desarrollando, inconscientemente, los dones con los que fui creado.
Ahora, sólo sigo volando entre la bruma púrpura de las infinitas posibilidades, y el destino, y los sonidos de la verdad que ahora han permitido plasmar en el pensamiento la clarividencia de las cosas, de los sucesos, de las conexiones, de las omisiones que ocurrieron y de lo que vinieron a desembocar en los sentimientos que fueron templando mi ser y el viaje que ahora pronuncia ecos en la eternidad y en el devenir de los demás seres.
El amor está sembrado, más allá de las querencias, está cimbrado en la historia, en la palabra escrita e imaginada, diseñada para seguir con el camino. En ese momento en el que la ira te hace escapar, la furia, la inconformidad, los deseos de grandeza de ir a buscar el amor más allá, en lo desconocido, en otras ganas de pisar nuevas tierras y ver mejores miradas y escuchar diferentes acentos y descubrirse como un ser diferente para desterrar las intenciones de seguir siendo el mismo. Pero eso no pasa, regresas, retornas al origen y ya no están desapercibidas las cosas, las cosas cambian, e incluso se tornan nuevos significados y en el horizonte, ahí cerca de donde ya no querías estar, se asoma el amor, se presenta el tesoro y entonces vuelves a volar.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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