Sueños y sueños, y tú.
Escucha mis palabras, no sólo a través de este escrito sino en el canto del viento en el viaje astral que atrapa los sonidos y llega a susurrar en tu alma, todo el corazón y el amor que derrocho por ti. Mi más grande recuerdo, mi más bella memoria, la imagen más linda.
Que un punto une a otro. La mujer acapara mi vida durante años, y conduce a desangrar mis ilusiones para que despierten otra vez en la luz de otra melena, de otra estatura. Pero no las toco; las amo en secreto. No les digo nada, y luego me arrepiento entre mis sueños, en mis recuerdos, en mis memorias. De pronto despierto, a media noche, o me sumo en los sueños, sin poder escapar. Mi alma une los puntos, y entonces me doy cuenta, con total sorpresa, que dejé ir al amor de mi vida sin darme cuenta. Parecen regaños de Dios, parecen lamentos o una desesperación por no poder armar por completo el escenario perfecto donde deambulo y bailo a la perfección con la contraparte de mi alma.
Lo único que me queda por hacer es rezar, como un simple niño, como esa versión tan primaria de mi ser cuando llegó a la vida y lo único en lo que podía tener confianza era en su padre celestial. Y no era locura, pero sabía que estaba solo, aquí, caminando en un valle brutal y violento, del que no quería ser participe, pero tenía que andar, tenía que crecer porque así lo quería Dios. ¿Para qué me habrá enviado? Cierto es que me cuida, no me deja, me protege, me resguarda, me aleja de la maldad; eso y también porque he poseído una espada que toma filo con los años, y asusta por su voluntad y su temperamento, por su honor y su rectitud.
Sueño y vuelvo a soñar. Uno los puntos de esta historia que comenzó con la fiebre de amor, tan pequeño, idealizando por fin haber encontrado la belleza y perdiéndola tan rápidamente, que, por supuesto, no me pude recuperar. Busque a la misma mujer una y otra vez, y me enamoré de su mejor amiga y después de la popularidad, y después de la esperanza. Pero no tuve suerte, porque Dios me cuidaba.
Una mujer desprende los puntos de inflexión, y resume la búsqueda. La encuentras, por sospecha. Ya no tenía yo corazón, me había aferrado a la eterna soledad, a quererme ir de la existencia pronto, resignado, harto de respirar y compartir el espacio con la agresión de la industrialización.
Hoy la recuerdo, porque así apareció de pronto en mi memoria, entre mis sueños. Me sorprende y acapara las nubes, los recuerdos, por culpa tal vez del bombardeo tecnológico de cientos de imágenes. Porque nos seguimos, porque somos recíprocos y estamos interesados en nuestras vidas, a través de las imágenes, de las fotografías. Estamos lejos, pero estamos unidos, por esos recuerdos, por esas pistas que nos dejamos, que parecen pre-escritas por el dedo de dios.
Estamos igual, separados, buscándonos entre las letras. Uno al pendiente del otro. La otra que amaba me cerró las puertas, y me quedé con desconcierto de que lo que parecía el amor de mi vida, era otra mentira, otra falsa ilusión de lo que más apreciaba, de lo que parecía ser el complemento de mi corazón.
Y no estoy harto de estar repitiendo el mismo mantra, el mismo discurso, la misma búsqueda. Son años y no me arrepiento. Dios así lo dispone, a pesar de que la sociedad me diga que yo elijo con quién estar, con quién vivir, con quién disponer mi seducción para cumplir con los arquetipos y los protocolos que lo único que hacen es que no se viva con total sinceridad. A mí me habla el corazón, a ella también lo hace. Nos une el deseo de dios, nos une el mismo gusto por el concepto que tenemos del corazón, del amor, de la familia, del ciclo de la vida.
Sospecho de una y de otra. Todos son puntos en mi memoria, antes de nacer. Es una viaje incógnito. Es un viaje que me recuerda y me desquebraja todo, porque de pronto, todo es una mujer que conocí en el pasado, en un momento de inflexión para mi vida, donde huí porque nada me ataba, porque nada me sostenía, nada me exigía mi presencia. Y ahora la recuerdo, como una bella letra, grabada en el paraíso.
Tiene nombre bíblico, tiene un compuesto cuya primera letra me conviene a mi esencia; porque así me lo dijeron en la profecía. Ella me recuerda ahora mismo, pero no me arriesgo, porque dudo de mi propia certeza. Dudo porque así me ha criado el tiempo, con un miedo que no puedo terminar de abandonar. Sin embargo, rezo, como les dije, como aquel niño que aún no cobraba conciencia y tenía la plena certeza que existía dios.
Ella me escucha, ella me siente; sino, ella no sería contraparte de mi corazón, ella no sería contraparte de mi alma.
Mis palabras las escribo, porque necesito de alguna manera expresar la belleza de mi alma, la fe poderosa que habita en mí; mi creencia en dios, mi recuerdo del origen que me mandó a la vida para reencontrarme y cumplir la palabra del creador.
Es hora de romper el silencio y de hacer explotar el amor.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Que un punto une a otro. La mujer acapara mi vida durante años, y conduce a desangrar mis ilusiones para que despierten otra vez en la luz de otra melena, de otra estatura. Pero no las toco; las amo en secreto. No les digo nada, y luego me arrepiento entre mis sueños, en mis recuerdos, en mis memorias. De pronto despierto, a media noche, o me sumo en los sueños, sin poder escapar. Mi alma une los puntos, y entonces me doy cuenta, con total sorpresa, que dejé ir al amor de mi vida sin darme cuenta. Parecen regaños de Dios, parecen lamentos o una desesperación por no poder armar por completo el escenario perfecto donde deambulo y bailo a la perfección con la contraparte de mi alma.
Lo único que me queda por hacer es rezar, como un simple niño, como esa versión tan primaria de mi ser cuando llegó a la vida y lo único en lo que podía tener confianza era en su padre celestial. Y no era locura, pero sabía que estaba solo, aquí, caminando en un valle brutal y violento, del que no quería ser participe, pero tenía que andar, tenía que crecer porque así lo quería Dios. ¿Para qué me habrá enviado? Cierto es que me cuida, no me deja, me protege, me resguarda, me aleja de la maldad; eso y también porque he poseído una espada que toma filo con los años, y asusta por su voluntad y su temperamento, por su honor y su rectitud.
Sueño y vuelvo a soñar. Uno los puntos de esta historia que comenzó con la fiebre de amor, tan pequeño, idealizando por fin haber encontrado la belleza y perdiéndola tan rápidamente, que, por supuesto, no me pude recuperar. Busque a la misma mujer una y otra vez, y me enamoré de su mejor amiga y después de la popularidad, y después de la esperanza. Pero no tuve suerte, porque Dios me cuidaba.
Una mujer desprende los puntos de inflexión, y resume la búsqueda. La encuentras, por sospecha. Ya no tenía yo corazón, me había aferrado a la eterna soledad, a quererme ir de la existencia pronto, resignado, harto de respirar y compartir el espacio con la agresión de la industrialización.
Hoy la recuerdo, porque así apareció de pronto en mi memoria, entre mis sueños. Me sorprende y acapara las nubes, los recuerdos, por culpa tal vez del bombardeo tecnológico de cientos de imágenes. Porque nos seguimos, porque somos recíprocos y estamos interesados en nuestras vidas, a través de las imágenes, de las fotografías. Estamos lejos, pero estamos unidos, por esos recuerdos, por esas pistas que nos dejamos, que parecen pre-escritas por el dedo de dios.
Estamos igual, separados, buscándonos entre las letras. Uno al pendiente del otro. La otra que amaba me cerró las puertas, y me quedé con desconcierto de que lo que parecía el amor de mi vida, era otra mentira, otra falsa ilusión de lo que más apreciaba, de lo que parecía ser el complemento de mi corazón.
Y no estoy harto de estar repitiendo el mismo mantra, el mismo discurso, la misma búsqueda. Son años y no me arrepiento. Dios así lo dispone, a pesar de que la sociedad me diga que yo elijo con quién estar, con quién vivir, con quién disponer mi seducción para cumplir con los arquetipos y los protocolos que lo único que hacen es que no se viva con total sinceridad. A mí me habla el corazón, a ella también lo hace. Nos une el deseo de dios, nos une el mismo gusto por el concepto que tenemos del corazón, del amor, de la familia, del ciclo de la vida.
Sospecho de una y de otra. Todos son puntos en mi memoria, antes de nacer. Es una viaje incógnito. Es un viaje que me recuerda y me desquebraja todo, porque de pronto, todo es una mujer que conocí en el pasado, en un momento de inflexión para mi vida, donde huí porque nada me ataba, porque nada me sostenía, nada me exigía mi presencia. Y ahora la recuerdo, como una bella letra, grabada en el paraíso.
Tiene nombre bíblico, tiene un compuesto cuya primera letra me conviene a mi esencia; porque así me lo dijeron en la profecía. Ella me recuerda ahora mismo, pero no me arriesgo, porque dudo de mi propia certeza. Dudo porque así me ha criado el tiempo, con un miedo que no puedo terminar de abandonar. Sin embargo, rezo, como les dije, como aquel niño que aún no cobraba conciencia y tenía la plena certeza que existía dios.
Ella me escucha, ella me siente; sino, ella no sería contraparte de mi corazón, ella no sería contraparte de mi alma.
Mis palabras las escribo, porque necesito de alguna manera expresar la belleza de mi alma, la fe poderosa que habita en mí; mi creencia en dios, mi recuerdo del origen que me mandó a la vida para reencontrarme y cumplir la palabra del creador.
Es hora de romper el silencio y de hacer explotar el amor.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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