Cuando te encuentre
La conocí una tarde, muy calurosa, entre egocéntricos, shows, entre la muchedumbre, el sudor del baile, las fachas, las modas. Sus ojos y los míos conectaron, y mis sueños se hacían realidad, y me ponía nervioso cuando se aproximaba a mí con postura recta y dispuesta a tocar mi corazón.
Las sonrisas son benévolas, porque aligeraron mi tensión. Y yo contestaba lo que podía mientras trataba de encontrar nuevamente mi personalidad y mi inteligencia en esa desesperación de ser el hombre más perfecto, con movimientos precisos en la lengua, en el juego de mi rostro. Eso me hacía sentir descompuesto, desfigurado, monstruoso, a pesar de ser hijo de la naturaleza. Ella, era bella, mucho, con pelo castaño que se convierte en oro cuando la toca el brillo del sol, cuando su piel hace contraste y se ilumine en los blancos de los espacios.
La invité a bailar, a pesar de que mis pies, también se desfiguraron, y me olvidaba de lo gran amante de la música y cómo podía yo deslumbrar en la pista. Se me olvidó que había nacido. Conocerla y verle me hacían sentir como si fuese algo que nunca tuvo vida. Ella me perdía, me hacía sentir una cosa sin materia, como si fuese una esencia que cohabita en el aire, que pasa y traspasa organismos, acaricia los mundos pero no es de ningún lugar.
Y yo la besé. Y los tiempos murieron, desaparecían y abría mis ojos junto a su cuerpo en nuestros caminos a orillas del lago del amor, y juraba a los cielos mientras pensaba, mientras le tomaba la mano y sentía su dicha de estar junto a mí. Ella era el cielo, mis estrellas, nuevos mundos, nuevas aventuras por descubrir, y no me aburría, me sentía bendecido, querido, amado, tocado por el sol.
Su soledad y su búsqueda coincidió en una historia peculiar de personajes sublimes que recorren letras y tiempos, y que se vuelven a reunir en el mismo punto de origen, en un punto de conexión. Y qué curiosa resulta así la vida, premeditando conocerle, premeditando en los sueños su deseo por hacer el amor, al mismo tiempo, en las mismas ilusiones, en las mismas formas, en la misma fusión, aparece y desaparece, se vuelve la juventud perfecta, nos hallamos en la madurez y nos fuimos al ocaso, para morir juntos y renacer en lo imperecedero, como vientos que recorren los valles, las figuras, las vidas, las formas, los colores.
Escribiría su nombre aquí, con apellidos, pero sus besos me esperan, su historia está grabada en mis ojos, en el punto de mi pecho que da origen a toda la energía que me hace trotar galaxias.
Erick Xavier Huerta S.
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