Duatlón 2014-Cortazar Guanajuato

Existía una carga importante en el cuerpo después de la preparación y competencia en Cozumel 2014, en prueba olímpica de triatlón; y eso también dejó una importante carga de entusiasmo antes del primer duatlón, el doce de octubre de este año, dos mil catorce.

Ya había experimentado subir con rabia hasta la cima de la montaña del Culiacán. 
Ahora la prueba era diferente, y eso quería. 
De pronto me sorprendí con que aquel escrito que revelaba mi experiencia de haber subido hasta la cima del monte del Culiacán, era ahora, un referente y promocional turístico con el que la gente se identificaba y podía motivarse a tener más amor por ese monte, por esas competencias, y por el regalo que experimenta el alma cuando recorre esa vereda de ascenso, de maravilla, esplendor y regocijo.

Era la segunda vez que se organizaba la competencia en ascenso, por parte del gobierno en turno del municipio. Y era la primera vez del recorrido del duatlón.

Por eso vuelvo escribir, también, con algunos días de distancia de esa prueba que fue, de nuevo, una limpia a mi alma.

Íbamos, mi padre, mi hermano y yo, apresurados, sin saber bien dónde quedaba ubicada la salida en bicicleta. Y de pronto quedamos varados en un pantano buscando el camino para llegar a tiempo a la salida. Habíamos perdido la esperanza entre la bruma que no dejaba ver los horizontes ni los caminos que nos llevarían a la colonia que albergaba a la competencia. 
Estábamos desesperados y mi Padre guardó la calma, e hizo andar la camioneta nuevamente. No tuvimos más remedio que esperar y guardar las ansias de perder minutos, de perder incluso la competencia porque ya era imposible llegar a tiempo.

Íbamos andando en el miedo de quedar varados nuevamente entre el lodo de  por allí; pero llegamos a dos personas que asomaban en la bruma y que nos dijeron la ruta indicada para llegar. El alivio surgió cuando vimos la salida y a los demás competidores. Y nos alistamos entre un ambiente hostil, con una tormenta que acaba de pasar hace horas y terminaba por labrar un camino difícil de recorrer en el primer duatlón que organizó el municipio en Cortazar Guanajuato.

Conseguí ver a viejos amigos de la secundaria y preparatoria; a conocidos de la comunidad, a líderes, a personajes indiscutibles de este municipio que vio forjarme en las etapas de la infancia, la pubertad y que vislumbró mi regreso como hombre.

Conseguimos tiempo para relajarnos un poco más y esperar el disparo de salida.
No sabía con qué me encontraría. ¿Sería fácil el camino? ¿Qué había por delante? Lo cierto es que yo no tenía miedo y sabía que culminaría la competencia, fuerte y con habilidad.


Dieron el disparo y descubrí que era fuerte y veloz. Rebasé a la mayor parte de la competencia y logré perfilarme en los primeros lugares. Sobre todo al principio, y en la parte de la carretera, yo era un aguerrido que iba veloz y pocos podían alcanzarme. Pero los terrenos eran demasiado cambiantes y llegamos a partes difíciles donde el lodo amenazó con tirarme varias veces. Había que manejar con mucha habilidad la bicicleta para poder avanzar rápido sin correr riesgos. Era maravilloso el paisaje, más con la bruma y el fresco de la mañana.

Avanzábamos en la belleza del amanecer.

Nos encontramos en el camino con heridos, con un policía que tuvo un accidente por culpa del lodo en su motocicleta. Hombre que nos iba a cuidar, terminó accidentado. Y eso provocó que surgiera la fraternidad y la cohesión. Los competidores anunciaban a los heridos que dejaban detrás e impulsaban a los demás asistentes en la competencia a que tomaran medidas rápidas.

Iba perfecto. Pero de pronto incursionamos en una parte del pueblo, en un camino que comenzó a darnos cuestas, en una vereda de rocas que impedían el ascenso, que nos hacían realmente un infierno poder tomar fuerzas para no frenar el paso. 
Todo ese terreno rocoso, comenzó por hacerme tener un sobre esfuerzo; y es que ya había yo contado con varias competencias y entrenamientos previos que me hacían resentir los músculos; y en los descensos, después de la cuesta, mi bicicleta provocaba las vibraciones violentas en mis manos que ya no podían del entumecimiento, y quedaban con un dolor difícil de soportar. 

Y en el último ascenso, antes que yo lo supiera; había abandonado todos mis rencores, y toda la pesadez de mi alma, mis preocupaciones por el futuro y mi ansiedad por los sueños e ilusiones que no se cumplen. Iba solo, consiguiendo compartir el espacio entre mis semejantes que también buscaban ir hasta el final. Nos unía el fin. Abandoné mi pasado y mi futuro y me arrojaba a los campos de la muerte. Fue cuando ya no podía y perdía mi posición privilegiada que tanto esfuerzo me costó. 

Me habían rebasado y ya no podría ganar, ya no podría tal vez alcanzarlos.

Pero, no me doy por vencido.

Logré ascender en bicicleta e irrumpí en la transición, sintiendo el desgaste en mis piernas y corriendo con desconcierto entre la multitud que apenas iría a ascender hasta la cima.

Y ese pequeño kilómetro y medio se transformó en los peldaños que conducen hasta el bautismo de dios.

Me sumía entre el lodo de la montaña y era imposible alzar las piernas. Rebasé a los que osaron alcanzarme y despedirme en bicicleta. Y escuché "¡vamos Erick!, y escuché aplausos y orgullo. Mis tennis estaban acabados y perdieron su esencia. La tierra cubría mi rostro, mis ropas, mi cuerpo y la madre tierra absorbió mi espíritu y renací a la eternidad. Purifiqué mi cuerpo y pude ver a Dios.

Son los caminos más bellos, por los que viaja el mundo de urbe, buscando su significado, la conciencia de su existencia, la belleza del mundo. Son los terrenos por los que el mundo se enriquece. Esos donde los ciudadanos del mundo buscan respirar, más hermoso e igual de majestuoso que los amaneceres en París, Marruecos, Egipto y Nueva Zelanda. Y queda en un sólo lugar, sin ir tan lejos, cruzando el atlántico ó pisando tierras de hombres extranjeros. 

Hay un corazón en la belleza de México, y se encuentra cerca, en el monte donde alguna vez presumieron que surgió la civilización más avanzada del mundo, de dónde caminaron los primeros hombres para poblar al mundo; en ese volcán cerrado que guarda misterios, que descuidan los hombres y que regresan, nuevamente, para medir sus fuerzas y escuchar la voz de dios.

El Cerro del Culiacán.
Ahí, en sus alrededores, en su corazón,
 habita la voz de dios.


Erick Xavier Huerta Sánchez

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