Te miré desnuda y te reconocí.

Rompan los rayos, y que se quiebren antes de llegar a la tierra, porque el enviado sin permiso ha llegado, despertó a la conciencia y ya no hay nada qué hacer porque todo está escrito y sólo queda escuchar la palabra mientras se expresa.

Amo el olor de tu piel, desde las uñas de tus pies, hasta la cabellera en tu cabeza, en el chacra de las luces, donde tus ojos cierran y abren al ritmo de mi pasión, de mi amor por ti mientras te beso toda. Tu boca, tus manos, y acaricio tu belleza. Te amo toda, te amo ahorita, sin haber visto un solo error en tu figura. Eras mi perfección que de tanto amarte perdí cualquier conexión con la tierra, sin haberte si quiera tocado con un abrazo. Te extraño en el olvido que nunca serás. Mis sueños se quedan y prefiero estar dormido. Prefiero imaginarme haciendo el amor contigo, escuchando las palabras de tus sueños.

Qué bella¡, y no me había podido fijar en los errores de la geografía de tu rostro, tal vez por esa falta de haber visto que también eres un ser humano. Tal vez por esa perfección que creé no te podía poner a mi alcance, y ahora, de manera mágica, puedo ver tus errores, la parte fea de ti, la parte oscura de tu alma, lo que te iguala a mi condición, lo que te hace más tierra y ya no una cosa celestial. Tal vez ello me hubiese asustado y dado la pauta de que no eras para mí, que simplemente fue un enamoramiento de 5 años hasta ahora; donde siempre desperté encantado de dicha por lo que me decías en el terreno donde podemos crear y nada es limitado.

Por fin miré que eras de sangre y hueso, como yo, sin un pedestal, y por ello creo que puedo ponerte a mi alcance, sin anda más que nos separe, sin ese tabú eclesiástico por eso de que eras lo inalcanzable. Miro tus defectos, tus errores, y te acepto.

Amo tus imperfecciones y acepto envejecer junto a ti, cuando nos abandone el cuerpo y sólo nos quede el alma.

Mi deseada, mi amor, la que extraño por siempre, la que nunca abandono, la que se vuelve refugio en los momentos trágicos, de locura y perdición. Es mi hogar, con su imagen, como me gusta recordarla, saliendo de la oscuridad, brillando con su rostro, la sonrisa que me guía hasta el fondo de su corazón.

–Llegó con su combinación de ropa, suéter y pantalón de mezclilla, bufanda-rosas y colores pasteles, carmesí en sus labios y la música de su garganta. Feliz de abrazarme, feliz de esperar mis palabras, mis versos escritos en una servilleta para sorprenderla siempre con la gracia de todos los días por permitirme amarle. Almas gemelas, almas celestiales, almas cósmicas que vuelan por los mundos esperando reencontrarse, en distintas situaciones, formas y terrenos, para aprender sobre el amor, para purificarse hasta tener la oportunidad de poder, entonces, convivir como se debe para complementarse.

Nunca olvidaré este momento, en que pude conocerle, en esta vida. Que por miedo o por duda, la dejé ir no una, sino dos veces. 
Nos tocamos con los ojos y abrazamos nuestras almas. 

Mi amor, mi esperanza.
Tan sólo dos décadas y lo que me espera.

Tan sólo te amo en mis ilusiones.

Soy el hombre que recuesta su cabeza en la almohada y mira al techo, y cierra los ojos para la oscuridad y de pronto emergen los colores púrpura y emerges tú, te corono mi reina, me dices que sí, te amo en silencio y llegas, llegas siempre a tocar mi corazón para explotar el oro líquido que recorre mi cuerpo haciéndome más fuerte y más puro, por eso te espero.

Me dijeron los ángeles que estabas aquí, y que no te podía ver porque no aceptaba quién era. No me aceptaba, por fin veo cómo soy, cómo eres y el mundo que nos espera, para amarnos profundamente, con todo nuestro oro que habita en nuestro pecho, en la luz de Dios.

–Llegó de su trabajo, llegó a visitarme, después de que nos dimos nuestros primeros besos. Llegó con su sonrisa y me amó.
Llegó para abrazarme, y cautivó mis labios, y jamás fui tan feliz.


Envejecí con ella y di testimonio de Dios.
Gracias por eso,
Gracias mi amor.


Erick Xavier Huerta S.

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