Se muere la realidad.
Sueño, sueño y vuelvo a soñar. La realidad se mostró aburrida y a la mujer de mis sueños le tuve que decir adiós. Ya no aparecía más en la imaginación, en la deidad, en la emanación de la fantasía. Se había ido, para siempre, y me quedé triste, sin nada más a que acudir para evadir la realidad. Ella ya no estaba.
Puede ser que se haya ido porque ya no quiso que la imaginara más. Ella se escondía por miedo o porque no era para mí. Ya no podía viajar hasta ella. Todo el mundo que construí a partir de su inspiración se derrumbó, y me quedé sin un mundo. Ya no tenía más resguardo para mi amor. Me quedé desamparado, sin destino, sin esperanzas, sin ganas de vivir. Ya no tenía más amor que complementara y empujara mi vida hacia delante.
Se fue.
Me tengo que transformar.
Mi estancia no es aquí.
Estoy de paso.
Voy caminando a un lugar.
Se fue mi maravilla y tengo que encontrar una nueva, la ideal, la de verdad, mi certeza.
Tal vez fui engañado.
Debo seguir caminando, o yo decido cuando parar y dejar de ver al mundo. ¿Qué no decidí vivir por algo? Tal vez no lo he encontrado aún.
Ahora trabajo por hallar nuevos sueños.
Mi conciencia se desplaza y empiezo abrir los ojos a un nuevo mundo, en otra cúspide, otro nivel, con diferente lenguaje, con una forma nueva de vida, muy distinta a lo que pude yo visualizar.
Despierto.
Abro los ojos en un lugar hermoso, tranquilo, que siembra paz en mi corazón.
Al lado la rubia famosa, perseguida por mayorías, los enajenados y la comercialización. Se veía como una mentira y se enamoró de mí, de mi acento, mi poesía, mis formas. El amor es extraño.
¿Dónde estuve todo este tiempo?
¿Me reconozco?
¿Cómo hice para llegar a ella?
¿Era posible?
La veía lejana, en otra esfera. Despertamos juntos ahora y recordamos cuando nos conocimos.
El chico miedoso que a penas podía conversar, ahora era un parlanchín, lleno de confianza, maravilla, brillo púrpura, energía radiante, emprendedor y con Fe. Arropado por Dios, poseedor de la corona. La mujer amante del cine terminó con él.
Y para él era un milagro, una fantasía, algo que no podía ocurrir en el mundo mundano.
Yo era un tipo reservado.
Hablaba cuando se requería y trabajé por alejarme. No niego que siempre anhelé estar en la cúspide. Vivía tranquilo y ella se fijó en mí. Huía, tal vez, del ruido y se enamoró de mi calma, de la trascendencia de mi corazón por amarla tanto y ahí encontré todo lo que había buscado. La mujer inalcanzable acabó recostada en mi pecho, amando mi piel y mis horizontes. Lo imposible había desaparecido, las fronteras se rompieron y nuestra historia, de lejanos horizontes, de un mundo conflictivo acabo uniéndonos, en esta historia maravillosa del por qué decidimos reencarnar para encontrarnos en este plano, con la dificultad de nuestras lenguas, con el problema de las VISAS, con el problema de las clases sociales y el éxito que llegó a distinto tiempo para cada uno, poniendo en peligro nuestro amor.
Un día me dio clases su maestro. Yo no era nadie.
Un día vi cómo alzó la estatuilla tan engreída y escéptica de su merecimiento.
Un día desperté con ella, antes de ella, para admirar su belleza, su tranquilidad cuando duerme a mi lado, su felicidad del momento, su felicidad por despertar en un mundo que decidimos compartir. Amamos nuestros besos y caminamos plácidos por la vida, con la sonrisa irónica porque nunca imaginamos que terminaríamos aquí, de la mano.
exhs
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