Palabras para su amor.
–Hola amor– dije con profundidad en mi expresión.
–Hola amor– dije, con sutil lástima.
–Hola amor– expresé con un deseo de que contestara mi saludo.
Cuando está enojado, cuando está deprimido, solo, vacío, con el insulto en la espalda, con el error en los dedos, con el futuro muerto, cuando no hay nada. En esos momentos, le gusta resguardarse en la memoria de su rostro. En el recuerdo del sonido de su voz, porque es ella lo que le da calma, la esperanza de volverla a ver y de cumplir la promesa que nació en su corazón, donde todos, inexplicablemente, no entienden el don de haber sabido, en un mundo de confusiones, que era la otra parte de su corazón.
Desea que las palabras lleguen allí, y rompan con sus dudas, con sus prejuicios, con su miedo para que alumbre a la verdad, para que vuelvas a mí.
Cada noche prendo una vela por ti. Cada noche recuesto mis sueños en tu rostro, en la luz de tus ojos. Cada noche ya no quiero despertar a la vida porque estoy eternamente contigo en los sueños, donde no perece el tiempo, donde tu belleza permanece intacta, como me gusta recordarte.
Cada noche imploro que mis palabras lleguen a ti, porque nos reconocimos, nos vimos, coincidimos siendo hombre y mujer y nos apartamos. Y lo sabes bien, que mi corazón llora desde aquel momento en que todo me había preparado para ti, para amarte en toda la plenitud de tu libertad.
El aire me lleva a ti.
Ella se volvió su amor platónico, y todo su mundo.
Lo que sucede es que no se sentía preparado para recibir amor, no comprendía ni aceptaba que debía recibir amor, porque no se sentía lo suficientemente valioso para ser adorado, complementado, unificado en la pureza de la unión, de las pieles, las emociones, los labios, los dientes, las manos y el espíritu.
Desea que las palabras tomen mantras, vuelen por los aires y lleguen a tu corazón. Que te recuerden que aquí estoy y que existen nuevas posibilidades, porque nos tocamos con los ojos y supimos que nos habíamos encontrado, almas gemelas, almas celestiales, dispuestas a volver a experimentar el amor en la tierra. El reencuentro, maravilloso, sublime, precioso.
Nos tocamos con los ojos y nos reconocimos al instante. No dejaste de pensar en mí y yo tampoco. Nos fuimos porque la sociedad decía que el amor no existía, que eran cosas de locos, que eran cosas irracionales, que era de dementes saber en el mundo material que venimos a reencarnar para reencontrarnos porque queríamos volver a intentarlo, volver a amarnos, con nuestros cuerpos, aceptando los retos y las dificultades de vivir, todo por los besos, las caricias, los poemas en la cama, nuestras lágrimas de dicha y nuestros abrazos de pasión.
Aguardamos aún, en estos momentos, para hacer el amor.
Nos distanciamos y el destino nos reúne, nuevamente, porque para eso existimos, para alimentar la realidad de la viveza del amor, que nos produce pasión y más vida, mejor energía para crear. Pero ya no lo soporto, porque despierto sin ti, sin tu calor, sin tus palabras y tus sonidos.
A pesar de eso, te llevo en mi corazón, y la soledad no existe, estás ahí.
Me acompaña tu espíritu, la parte que me extraña, la parte de ti que anhela mi amor.
¿Cuándo te darás cuenta de que posees la verdad?
¿Cuándo te habrás rendido ante la certeza que sentiste cuando me miraste?
¿Cuando te habrás rendido ante los sueños que tienes conmigo que logran en tu corazón derramar dicha sobre tu cuerpo, que logra que abras los ojos cada día con una sonrisa brillante?
Yo te extraño, y acepto que te amo.
Abro las manos para recibirte.
Ahora te toca a ti.
Ven.
exhs
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