Una visión

Delante de mí hay un desenfreno de posibilidades finitas, nulas, de poca capacidad para lo que puedo hacer o ser. No soy más que el cúmulo de deseos que me ha impuesto un sistema putrefacto que no me deja escapar a la libertad.

Me quedé sin amigos.
Me quedé sin ganas de besar.
Me quedé sin trabajo.
Me quedé sin aspiraciones.
Me quedé sin dinero.
Me quedé con pensamientos en nada.
Me quedé sin Dioses.
Me quedé sin las tardes de amor.

Me quedé sin amigos.
Me quedé sin aspirar al próximo día, de enamorar a la chica que me gusta.
Me quedé sin desear tener el mejor puesto.
Me quedé sin ganas de estudiar, de escribir y de leer.

Me quedé siendo el objeto fatalista y existencialista de cualquiera que se jacta de la miseria del otro.
Me quedé siendo un simple mortal que conoce un par de palabras, que presume sentir a Dios ocasionalmente, y que ve sus sueños tan lejanos e irreales que jamás podrá realizarlos.

Esta no es la vida que yo soñé.
Este no es el destino que yo quería cuando deseé venir al mundo.

Aprendí en la violencia.
Aprendí en el desamor.
Aprendí en la oscuridad que la luz da color a la vida, y que hace posible que sucedan las cosas: reconocer mis olores, tocar las formas y limpiar mi alma.

Esta no es la vida que yo quería.

Soy el mismo niño miedoso que trató un día de escapar del sistema tan rudimentario y aburrido que respiraba en un pueblo. Él mismo que no quería seguir los pasos de los demás. Él mismo tonto que creía en Jesús porque todos hablaban de él.

Esta es una visión fatalista y llena de desesperanza. Mi visión existencial de lo que soy, lejos de Dios y cualquier superstición.

Soy un hombre, sin amigos, sin amor, sin sueños, sin ganas de ser y hacer.

Estoy muerto.

exhs

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