Quiero el poder, y quiero mi libertad.

¿Nos vamos a morir todos? Sí. Y sin duda ignoramos eso, todo el tiempo, cuando insultamos a los demás y a los que más queremos; aunque a veces nos molesten invadiendo nuestro espacio y siendo indiferentes ante las calamidades que vivimos muchos de nosotros. La búsqueda de nuestra identidad, nuestra forma de ser y el rol que jugamos en la sociedad se ha convertido, para muchos jóvenes, un abismo sin salida. Trabajamos y hacemos camino al andar, pero no siempre hacer lo que se nos exige, es suficiente. 

Hice lo que mis Padres, Dios y la sociedad pidieron. Y no he logrado nada, más que perderlo todo. Me veo como un tipo sin cauce, sin río, sin ganas y en constante frustración. No hay para mí nada de apoyo de parte de mi familia-todo es de dientes para afuera. Me tienen en una especie de letargo donde nadie quiere que despierte pues todo el escenario podría cambiar. No sé a quién acudir para salvarme. Estoy constantemente estudiando y siempre está detrás mi Padre y mi Madre, como una sombra molesta, observándome y evadiendo mi espacio y concentración. Es una especie de burla más que de cariño. Este supuesto amor se ha desvirtuado; porque soy un esclavo en tierra de reyes, dispuesto a lo que manden y resignándome a su voluntad sin ninguna independencia. No tengo ejército para contrarrestar este mal del Estado que me debilita y juega con mis intenciones. 

Tengo muchas ideas, y ellos dicen que sí a todo, sin ponerme a prueba ó sin demostrarme sinceridad ante mis ímpetus de emprendedor. Y eso me vuelve loco, me hace enojar mucho y ya no quiero estar aquí, a pesar de que los pierda y vengan melancolías por muertes prematuras. Prefiero valerme y ser poderoso, con la familia que yo haga, y que funcione, evidentemente, en armonía, no en el falso teatro que he tenido que presenciar, y del cual soy un actor contratado sin fin de ejercicio.

Me juegan a apoyarme, pero les gusta verme encerrado sin amigos, sin novia y sin propósito de existir. Me creen su psicólogo de 24 horas, y un consejero permanente ante los conflictos que viven diario como empresarios y una familia disfuncional. Me creen el perfecto cauce para desahogar y para exigir los males que crearon sus demonios. Estoy encerrado, en un calabozo que llaman hogar, jugando a la familia cuando debía ya haber emigrado. No tengo 12 años, tengo 25, y próximamente 26, sin ninguna ilusión, con pena y vergüenza de haber perdido el ritmo que yo quería. Dios me ha frenado, y tal parece que a eso que llaman "los tiempos de Dios", me ha hecho ruido, porque no veo avance. Venía tan bien corriendo y de pronto me paran a destajo. No sé qué hacer, y se me ocurren muchas cosas, pero no quiero quedar anclado a este lugar que me vio crecer y que me golpeó con tanta furia. Creo que debo volar, a otros confines, y por eso no hago nada, y por eso hago todo, y me insulto a mí con estar planeando una vida aquí y allá sin lograr nada en específico. No tengo lugar y, sin embargo, sigo encerrado aquí, con dos que a penas siguen mis consejos, con una que hace su vida, con mi maldito enojo de ya no querer estar viviendo en este lugar que no me pertenece, porque no tengo mi libertad, porque vivo a expensas de limosnas, por no poderme mantener, por una falta de capacidad, de voluntad, de ganas porque me estoy muriendo a cada instante y ya me he desesperado de estar dando vueltas a un camino que no tiene destino.

Estoy harto de este Estado, del poder de mis padres sobre mí y de la voluntad de Dios.


exhs

Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.