Historia de un amor.

No importan los tiempos en que yo escriba esto si al final sólo importa el testimonio de una historia que enriqueció corazones. Si el destino de la vida es ser feliz, si encontré mi felicidad en una mujer verdadera, en el lacio pelo que cubría parte de su frente y a veces opacaba un ojo con sutil sensualidad, con gracia en el juego de su rostro.

Mi juventud y el compromiso por los estudios, el miedo al futuro y mi vuelta al mundo cuando la miré sentada escuchando, concentrada, distraída, absorta en su mundo cuando yo mudo, abstraído por su belleza enigmática, su peculiar carisma que embelesaba el aire; mis tardes eran amenas cuando yo la veía y regresaba a casa con tantas dudas sobre el amor, sobre mi gusto por ella, sobre mi pasión, mi tanta emoción por querer amarla.

Suena familiar y tal vez repetitivo una historia que cabe en miles de cuentos de hadas, pero pasó. Mis pasos por la América tuvieron frutos; los vientos que respiraba traían consigo los anhelos de la mujer que vi y cautivó mi atención. En los aires aguardaba mis poemas, en su respiro corrían todas mis letras hacia ella y por ella. 
Nos enamoramos y no lo dijimos,
nos amamos sin decirlo,
despertamos enamorados.

Mientras hacia su vida, yo hacia la mía; ella corría por jardines distintos a los míos y siempre en el mismo continente, en la misma tierra pero alejados por kilómetros y confusos por el destino, el miedo a los sueños sin realizar y la adrenalina de no tener nada escrito.

Se fue por mares y regresó a su casa. Me fui y huí de mis Padres, de mi tierra, de todo lo que fui, soy y seré para olvidarme de la existencia, que soy ser vivo y me adentré en mis musas, y repetidamente soñaba con ella y se alzaba mi esencia sobre el recorrido del árbol de la vida hasta el brillo del sol.

Ruta tras ruta y al final llegas a tu destino. Se fue por su cuenta, me fui por la mía, coincidimos nuevamente y tropezamos y nos volvimos a ignorar y al final, regresamos a nuestra tierra. Nos reencontramos en el aire, en la cosecha de las fresas, en la calle de su casa, en la tierra negra, en el café, en su sueño por vivir en un lugar de siempre, por la certidumbre, por su gusto por la sencillez y yo por mis sueños de escalara, de regresar un poco de lo que me dieron, de tener conciencia, más, de aquello de lo que siempre huí y que al final, forjó mi ser.

No, no le puedes decir que es el amor de tu vida porque se asusta y entonces seguí mi camino. Volví a remeter contra la política incorrecta y continue el protocolo. 

Y en un día como cualquiera, en la rutina de nadar, correr, trabajar, leer y escribir; de meditar, soñar y rezar. En un día más del sol ella llegó.
Una reunión entre conocidos, los contactos y el destino cobraba sentido; desde hace tiempo veía las señales y la pude encontrar nuevamente. 
Hola, te presento a:_
-Mucho gusto, mi nombre es:_

La mirada de ella atraviesa mi alma y yo me adentro en su corazón y ya no volvemos a distanciarnos porque nuestro deseo es evidente, es necesario, es obligado. Un café, risas nerviosas, comentarios al aire, reconocimiento en nuestras personas, deseo por estar juntos, deseo por el beso y el beso se da, se tocan los labios y después las manos, después nuestros cuerpos deslizándose por la sábana blanca que permite ver borrosamente el amor de dos seres, la pasión de dos almas.

Hacemos el amor una vez, dos veces, tres veces, muchas veces hasta nunca más dejar de necesitarnos. Llegan los bebés, llega la hora de ser Padre, de tener miedo y seguirla amando cada noche, en cada estrella, en cada mañana, en cada circunstancia, en cada gracia de compartir el tiempo juntos.

Hacemos el amor cuando miramos la felicidad de nuestra vida al estar juntos. Besándonos en distintos escenarios, feos, clichés, románticos, coloquiales, de la patria y en el extranjero. Se suben fotos, se va guardando el archivo de nuestro amor en la memoria de nuestros hijos, de los conocidos, de nuestros amigos y de los Dioses que admiran con egoísmo cómo supimos elevar la plegaria en el acto más amoroso que se puede ver de un hombre y una mujer apegados al deseo, en su particular individualidad de ser un humano independiente y con tanta falta de la mujer que complementa y trae consigo el fruto de concretar que queremos seguir teniendo vida en el vasto terreno de la existencia donde conviven todas las especies bajo el manto azul, de las estrellas por la noche.

¿Ustedes saben cómo es conocer al amor de tu vida en un instante?
-No puedes dejar de sentirla por el resto de tu existencia. Puedes compartir la vida con la soledad, con otros seres pero en mi caso, nadie la podrá suplantar. Porque nadie lo hizo, porque al final fue mi destino.



Ella servía el postre una tarde cuando teníamos hijos preparados, independientes, de los que ya regresan por amor a ver un tiempo a los que partimos ya hacia la otra vida, hacia otros confines. Mi Padre en la terraza me dijo que lo había hecho bien al ver a mi familia unida, al vernos amando, al vernos en el seno del respeto, de la unión, la consideración y la fusión de nuestras vidas. Lo había hecho bien, ella lo hizo bien, ambos lo hicimos. Nos atrevimos a amar, sabíamos que era el fin y no pudimos escapar de haber reconocido que estábamos hechos para acompañar nuestras vidas hacia las fronteras del infinito.

Y ahí recordé mis memorias en el atardecer mientras me acompañaba en los finales de nuestros días, a punto de conocer la muerte; a punto de olvidarnos de lo vivido para nacer de nuevo y seguir en el nuevo camino del siempre perseguido y utópico amor, que para nosotros fue, es, y siempre será.


Te amo con todo mi ser.



exhs

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