En busca de sus sueños.
Ella sigue provocando los latidos más sublimes en mi corazón.
Los mejores días son cuando entro en su recuerdo.
En mi vida Dios cobra vida cuando pienso en ella.
¿Habrás leído las palabras que te escribí?
Escribí letras para recordarte mi deseo, mis besos lejanos que abundan en el aire sin poder aterrizar a tus labios. Te he escrito porque te amo, porque andas lejos de mí y parece no importarte mi existencia. Cada que paseo por las calles y veo las iglesias, alzo oraciones, peticiones a los Dioses del hombre como el hombre de profunda fe que sí siente las ganas de cumplirse una ilusión: amarte profundamente.
Años y días pasan y la vida es un suspiro. Mi vida es tan efímera al igual que la tuya y seguimos separados.
¿Habrá día en que podamos regresar?
¿Habrá día en que por fin despierte en el suspiro del monte de tus rizos?
Siempre contenta, siempre feliz, siguiendo tu vida, con tus proyectos, con tu trabajo. Y a mí no me queda más que hacer lo mismo: vivir, respirar, contar con proyectos, alimentar ilusiones y jamás olvidarme de ti.
Puedo incluso, afirmar con total convicción que me han susurrado a mi oído los Oráculos y han mencionado la inevitable certeza de aquella mirada rápida y eterna donde me viste con tanto deseo y la fuerza de ignorarme para que no fuera evidente tu amor por mí, el mío por el tuyo. Y tal vez era necesario separarnos para llegar más lejos en nuestro conocimiento, para forjar mejor la vereda y para que ahora podamos reunirnos con tal fuerza para amarnos más; con mejor visión, con mejor esquema para conducir al amor.
No puedo olvidar esos ojos, no puedo olvidar ese rostro. No puedo olvidar su caminar, su espalda, su contundencia, sus anhelos, sus palabras, el sonido de su voz, la conjetura entre sus dientes, labios y sinfonía al pronunciar letra y palabra, risa y tanto. Me ensordece hasta mis días y no hay noche en que implore estar con ella por el resto de mi vida.
Recorro las calles y suspiro con calma. En las tardes sollozas del domingo tranquilo donde la gente descansa, yo `pienso en ella, yo pienso siempre en ella y no puedo estar en paz. Es un hecho que encontré ya, hace años, al amor de mi vida. Una chica que me provoca besarla, desnudarla con tal delicadeza de ir descubriendo su piel.
Lejos, lejos está de mí y siempre la recuerdo, es un pasaje en la historia donde dos, apartados por el destino, anhelan con fuerza volver a estar para poder ser, para tener una segunda oportunidad y gestar en el amor, la historia convincente por la cual venimos a existir en distinto tiempo para que fuese perfecto, para que fuese sin igual una historia contada bajo los parámetros del más allá de la vida. La trascendencia de dos amantes que, después de vivos, piden volver, volver para volver sentir el amor, para volver a crecer sin garantía, para volver a crecer sin nociones e ir encontrando, paso a paso, las señales que conducen a la chica que amaste ya tanto, hace tanto.
Casi convencido, casi convencido estoy de que Dios ya ha dicho que volveré a verla y esta vez, caminar juntos. Estoy casi convencido, sólo por soledad, de que ella me recuerda y ella me desea en un mismo sentimiento que compagina nuestras vidas a pesar del distanciamiento, de los espacios pero, ¿saben? Ella y yo nos amamos a través del cielo, ahí recorre el amor naciente de aquella mirada, aquel encuentro de dos que iban creciendo en busca.
En busca de sus sueños.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Los mejores días son cuando entro en su recuerdo.
En mi vida Dios cobra vida cuando pienso en ella.
¿Habrás leído las palabras que te escribí?
Escribí letras para recordarte mi deseo, mis besos lejanos que abundan en el aire sin poder aterrizar a tus labios. Te he escrito porque te amo, porque andas lejos de mí y parece no importarte mi existencia. Cada que paseo por las calles y veo las iglesias, alzo oraciones, peticiones a los Dioses del hombre como el hombre de profunda fe que sí siente las ganas de cumplirse una ilusión: amarte profundamente.
Años y días pasan y la vida es un suspiro. Mi vida es tan efímera al igual que la tuya y seguimos separados.
¿Habrá día en que podamos regresar?
¿Habrá día en que por fin despierte en el suspiro del monte de tus rizos?
Siempre contenta, siempre feliz, siguiendo tu vida, con tus proyectos, con tu trabajo. Y a mí no me queda más que hacer lo mismo: vivir, respirar, contar con proyectos, alimentar ilusiones y jamás olvidarme de ti.
Puedo incluso, afirmar con total convicción que me han susurrado a mi oído los Oráculos y han mencionado la inevitable certeza de aquella mirada rápida y eterna donde me viste con tanto deseo y la fuerza de ignorarme para que no fuera evidente tu amor por mí, el mío por el tuyo. Y tal vez era necesario separarnos para llegar más lejos en nuestro conocimiento, para forjar mejor la vereda y para que ahora podamos reunirnos con tal fuerza para amarnos más; con mejor visión, con mejor esquema para conducir al amor.
No puedo olvidar esos ojos, no puedo olvidar ese rostro. No puedo olvidar su caminar, su espalda, su contundencia, sus anhelos, sus palabras, el sonido de su voz, la conjetura entre sus dientes, labios y sinfonía al pronunciar letra y palabra, risa y tanto. Me ensordece hasta mis días y no hay noche en que implore estar con ella por el resto de mi vida.
Recorro las calles y suspiro con calma. En las tardes sollozas del domingo tranquilo donde la gente descansa, yo `pienso en ella, yo pienso siempre en ella y no puedo estar en paz. Es un hecho que encontré ya, hace años, al amor de mi vida. Una chica que me provoca besarla, desnudarla con tal delicadeza de ir descubriendo su piel.
Lejos, lejos está de mí y siempre la recuerdo, es un pasaje en la historia donde dos, apartados por el destino, anhelan con fuerza volver a estar para poder ser, para tener una segunda oportunidad y gestar en el amor, la historia convincente por la cual venimos a existir en distinto tiempo para que fuese perfecto, para que fuese sin igual una historia contada bajo los parámetros del más allá de la vida. La trascendencia de dos amantes que, después de vivos, piden volver, volver para volver sentir el amor, para volver a crecer sin garantía, para volver a crecer sin nociones e ir encontrando, paso a paso, las señales que conducen a la chica que amaste ya tanto, hace tanto.
Casi convencido, casi convencido estoy de que Dios ya ha dicho que volveré a verla y esta vez, caminar juntos. Estoy casi convencido, sólo por soledad, de que ella me recuerda y ella me desea en un mismo sentimiento que compagina nuestras vidas a pesar del distanciamiento, de los espacios pero, ¿saben? Ella y yo nos amamos a través del cielo, ahí recorre el amor naciente de aquella mirada, aquel encuentro de dos que iban creciendo en busca.
En busca de sus sueños.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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