México y la paz.

Porque la palabra y el verso fungen como espada para la Justicia y la verdad, escribo.

Es una pena y una desgracia que haya daños colaterales.
Es una pena que los problemas que vemos en nuestra sociedad han sido originados por su base fundamental: la familia.

La familia es el sustento y el pilar que sostiene la sociedad donde interactuamos a diario y es un sentimiento aterrador saber de innumerables desgracias donde, cada niño que viene al mundo, tiene que cargar, a veces por la eternidad: las frustraciones, culpas, trastornos y demás actitudes deshonorables y fuera de la razón causadas por el cáncer del mal; que se contagia de uno a uno, de padre a hijo, de madre a hermanos, de amigos a amigos, de hombre a mujer.

El cáncer del mal. 
Yo ya no quiero ver este sufrimiento ni sentirlo, y lo mejor sería entonces en pensar en el planteamiento filosófico de Albert Camus, el suicidio. 
No es una opción causarnos la muerte, ya lo estamos haciendo, ya lo hacemos premeditadamente y, ¿entonces?
La familia debe procurar el espacio básico de paz y bienestar donde los hijos puedan tener una plataforma idónea para desarrollarse y desenvolverse, crecer, encontrar su identidad para entonces sí, tener una sociedad con hombres y mujeres que actúan bajo los preceptos de la razón y la verdad.

La familia tiene enormes retos que afrontar. El Estado debe ver por este organismo tan noble y vulnerable. Todos somos miembros y provenimos de una familia, interactuamos con otras y somos lo que somos por lo que hemos visto y la herencia que se fragua en cada célula y átomos que conforman nuestro ser.
Es un caos, es verdad; y nos movemos hacia nuestro destino volando en la incertidumbre, labrando nuestro devenir.


Amigos míos:
Tengamos conciencia de que: todo lo que hacemos y somos, es y será por lo que nos creó: la creencia en el amor, la comunión y el compartir.

Si el amor, su creencia y uso, promovió que se expandiera nuestra especie; no olvidemos entonces qué causa nuestra creación, y no dejemos que se expanda el cáncer del mal donde las familias han permitido que siga un mal que pone en peligro a tantos inocentes.

Alguna vez escribí: "Que los hijos comprendan los errores de los padres y que los padres enmienden sus daños a sus hijos."

Hagan caso o dejemos que se contagie la locura y que nuestros representantes aún carezcan de la sensibilidad y de la razón. 
La economía lo dice, y más allá de cualquier razonamiento académico, la paz es nuestro bienestar.
Ya no se puede permitir que corrompan nuestros espacios de paz donde compartimos y donde las familias, una a una, se identifican y alegan cada acción en beneficio de estar compartiendo este mundo de enormes planteamientos filosóficos, del qué hacer a diario y del único propósito fundamental que tenemos cada uno de los que estamos en este planeta: ser feliz.

Por el honor de mi patria y por la esperanza que resguardo en este corazón soñador. Soy realista y quiero un mundo mejor.


Att. Erick Xavier Huerta Sánchez.

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