El Trance del Corredor

Después de tanto tuve que parar y me quedé pasmado por los cambios radicales que sufría mi vida; pero volví a correr, pues no se puede dejar de hacer algo para lo que has nacido y por lo que funge como medio perfecto para sentir la vida.

Volví a correr y como ya no me deparaba nada este destino, lo hice sin parar. Entré en el trance del corredor, en medio de chubascos y en todos terrenos, calores, fríos y gente que me miraba con tal indiferencia que daba miedo. Me dio un trance de torrentes que agobiaban mi pensamiento y entonces volé en la imaginación cruzando los planetas del universo y encontrando musas en cada estrella que me permitían escribir poemas, al amor, a la mujer, a mi vida, a mis sentimientos y al desconocido y tan enigmático, Dios.
El trance de mi vida, correr. Solo y con compañeros a veces. Uno de los placeres siempre ha sido medir mis capacidades con las de los mejores, allá en el Olimpo donde se asientan los Magníficos.


Y corriendo, corriendo, las piernas comenzaron a levitar por todo el terreno hasta escalar montañas de cristal que al final me arrojaron al paraíso del que tanto hablan todos; del que aspiramos, donde habita la tranquilidad y la  indiferencia ante las tragedias y el dolor.

El dolor de correr que fue ignorado por el trance de soñar y de sentir, alegrías de amor por recorrer  todos los paisajes que me auspicia mi mundo; cuántas gracias a mis piernas y estos pulmones que aspiran vida y exhalan mis más profundos  pensamientos de amor.

Correr con tanto miedo por no saber dónde deparar y sólo un deseo: "que allí donde llegue, haya amor"

Erick  Xavier Huerta S.

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