EL PAPA QUE VINO A MÉXICO
Argentino, con tono pausado, carismático, sencillito, imponente, una estrella fugaz, brillante, audaz, de mentalidad ágil, clara, fuerte, brillante. El papa es el papa.
Pero en México, varios personajes del ámbito "intelectual" y líderes de opinión, periodistas renombrados, han calificado la visita como un simple montaje mediático para salvaguardar la estabilidad del propio presidencialismo que encabeza Enrique Peña Nieto.
Y es cierto. El papa no recibió a los padres de los 43 normalistas ni tampoco atacó frontalmente los casos de corrupción vinculados al presidente de la república ni tampoco enunció los atropellos y muertes injustas que han sufrido cientos de periodistas en los últimos meses.
Son miles y cientos de casos de violencia. Y de abusos infantiles por parte de pedófilos eclesiásticos impunes. Los normalistas son el spotlight de nuestra coyuntura, pero tampoco deben ser el caso único, son parte de una suma abrumadora de casos de impunidad e injusticia, corrupción y violencia que ocurren en nuestro territorio todos los días.
El papa debería necesitar mínimo un año para recibir todos los días a las víctimas y a los necesitados, a los que padecen injusticia, pero acuérdense, que son bienaventurados.
Denisse Dresser, Castañeda, Ramos y más tienen razón en pedir auxilio, en buscar alguna figura que alce la voz, que tenga poder, que represente un liderazgo mundial, pero el papa no es eso. El papa no es Jesús de Nazareth; el papa no sabe curar enfermos, ciegos, parapléjicos. El papa representa al cristianismo, a esa doctrina, a ese protocolo, a ese linaje de poder que cimbró a nuestra humanidad basándose en escrituras. El papa no es Jesús. El papa dice algunas palabras que le refieren, pero el debe pugnar por el cristianismo, no por la justicia. El papa no es dios, pues. El papa no es la figura redentora del mal. El papa es representante de un Estado, y en esa calidad vino a visitar a México.
Imagínense que un jefe de Estado venga y critique nuestra soberanía, nuestra democracia, nuestro sistema de justicia. Eso no es posible.
El papa tiene límites. Un jefe de estado no puede venir como justiciero y criticar y desestabilizar al gobierno y a la sociedad por un idealismo, o por un grupo en específico que ha padecido injusticia. No. El papa debe respetar esa legitimidad, esa autonomía e independencia que tiene un país. Todavía sería más delicado que un papa venga y critique nuestro sistema cuando es un estado laico que no vive ni necesita del cristianismo, y mucho menos con la historia que tenemos después de dos guerras que propició la iglesia católica y que en ambas perdió, y que en ambas se derramó sangre brutalmente.
Imaginen que Juárez fuese presidente.
El problema aquí es que ciertamente, al Presidente se le olvidaron las guerras, sobre todo la de reforma, y a Benito Juárez.
Ningún jefe de estado a recibido la atención tan personalizada y poderosa que se hizo con el papa. Y si debemos la perdida de transformación de nuestro estado a uno laico, se lo debemos a Salinas de Gortari con su política de restablecimiento de relaciones "diplomáticas con el vaticano".
El papa no va a enfrentar nunca a Macial Maciel, porque más allá de su perversión y locura, dejó un legado millonario al Vaticano pues la congregación de legionarios de cristo otorga mucho dinero a las finanzas del vaticano, y esas son importantes para el estado católico. Además, la basílica es uno de los más importantes recintos que genera capital para el mismo estado vaticano. O sea, por favor. No quieran que venga superman a salvarnos. Este es nuestro problema.
Si tenemos un presidente corrupto, es cosa nuestra. Si tenemos una iglesia corrupta, también es responsabilidad nuestra, exigir justicia, señalar a los responsables y refundar nuestra sociedad tan lastimada, porque es nuestro territorio y es nuestro hogar y al fin de cuentas, el papa regresa a Italia, a su casa, deseándonos buena suerte.
Por otro lado, finalizando esta reflexión. Debió haber sido traumático para la persona que jaló accidentalmente al papa para saludarlo y que acabó siendo regañado por la máxima autoridad eclesiástica. Es decir, esta persona se desbordó en sus emociones que perdió sentido de la realidad por cumplir un sueño de tocar al santo padre, pero en vez de recibir su bendición, recibió un regaño fuerte. Espero que no se suicide. Y también, fue una ventana para ver el desquiciamiento del papa. O sea, el papa espera que actúe la gente lastimada, con problemas y desajustes emocionales como si estuvieran viviendo en la panacea del mundo. Digo, eso nos hace ver que se le olvidó al papa, sentado en su pedestal, del escenario y mundo que visitaba. Papa, por dios, esto es el infierno. ¿Cómo esperas que actúe la gente prudente y reservada? Tenemos millones y millones de analfabetas, gente que sufre de hambre, violencia, abusados sexualmente por ancianos, otros sacerdotes, de tu gremio y muchos de ellos pobres, y tú quieres que actúen razonablemente contigo, pidiéndote auxilio?
Muy mala respuesta. Mala para un tipo que se dedica a orar, a meditar, y que además no tiene que sufrir el estrés de todos los días de manejar su auto en un mundo caótico, tratando de encontrar estacionamiento y cuidándose las espaldas de que no le roben sus pocas pertenencias y lo que queda de su dignidad.
papa¡¡¡¡¡, ten misericordia¡¡¡¡¡
Erick Xavier Huerta Sánchez
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