El deseo es prisión

Cuando nací no me importaba el dinero. Y entonces empecé a cobrar conciencia, una que construyeron todos ustedes. Creí en ustedes, en su verdad, en que sólo con el dinero trasciendo y obtengo poder. Nadie me enseñó lo contrario, a ayunar, esperar y ser paciente. Nadie.

Ahora la veneración al dinero, sin importar la libertad, los tiempos, el amor, porque hay hambre, ya no hay comodidad, carece de todo nuestra lucha por querer lograr ser alguien importante, y mueren los valores, se diluyen entre el lodo; y todos están sucios.

El dinero es Dios. En Dios confiamos. Mi vida depende de eso, de la fabricación en papel, en electrónica, en deuda, en sueños impuestos, en sueños que me inducen porque si no, estoy solo, desplazado, lejos, sin amor, sin su cariño, sin su apoyo

¿Qué pasaría si no tuviera deseos de comer, de querer tener, de querer ser? Hoy me han dicho que debo ser, que debo lograr, para que me quieran, para que me adoren, para que no sea algo malo. ¿La naturaleza ha fabricado algo maligno? ¿Qué no a caso la naturaleza es tan sabia que no desperdicia nada y ha construido una cosa especial, efímera y bella como es mi piel y mi vida que comparto entre seres?

Nada de esto que he conseguido se irá conmigo. 

Todo es efímero, nada dura lo suficiente. Nunca terminaré de abastecer el hambre que habita en mí y que siguen pregonando mis semejantes. Incluso así se consigue el amor y el trabajo. La generación va a fiestas donde hay la primera droga, el alcohol y se envician con ello para obtener valor y decir lo que quieren, lo que aman. Compartir es entre tragos, porque tal vez, todos están confundidos, ó tal vez he entendido otra cosa sobre la realidad.

Lo único que tengo es nada.
Sólo puedo respirar y esperar mi muerte.

No ha servido de nada todo esto. Mis figuras, mis sábanas que me dan calor y comodidad; todo esto que me da confort y que alimenta mi alma, que me hace pasar buenos ratos para esperar más plácidamente la visita de la muerte.

Hoy parece que todos se alejan del amor. No creen muchos, y van a misa y tienen envidia, tienen rencor, están enojados, tienen potencias negativas y no pueden amar. No pueden hacer cosas grandes, como ya no querer desear nada.

Dios¡
No quiero desear nada.
No quiero saber.
No quiero existir.
No quiero sentir la necesidad.

Estar vivo debe tener otro destino que esto de querer más y más.

No quiero ser mejor que nadie.
No quiero nada.

Me hundo en mis lágrimas e imploro un poco de cariño del espíritu de Dios, porque no puedo solamente con mi brillo, con mi luz, con mi cuerpo, con mi vida.

Necesito un poco más de amor.


EXHS

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