Al terminar el verano

Voy a los sueños concurrentemente, por las noches, para desprenderme de mi cuerpo y emprender viajes astrales para adentrarme en el brillo de sus ojos y acariciar su piel en los terrenos que no están anclados a ningún planeta.

Voy a los sueños después de renovar esperanzas bajo la sospecha de que ella me mira como si fuese su destino. Porque de pronto todo cobra sentido; aparece una mujer que suena familiar, que suena bien, que muestra rumbos claros y precisos, y que te hace olvidar todo lo demás. Te hace olvidar aquél pasado y los amores que anidaron en esas memorias, aquellos amores que te hacían pensar que eran la eternidad, que fungían como algo imposible que controlar y que conseguir porque sin eso, no tendrías vida. De pronto te olvidas de todo ello, porque tal vez te conviene ó tal vez ya habías prescindido de los deseos y las ilusiones de compartir amores inmensos.

Sonríe, en días pasados. Nos conocemos desde la infancia. No nos reconocemos, hasta después de mis viajes donde salí huyendo de mi hogar para nunca volver a ese punto de origen que forjó demonios, miedos y valor. Viajé, por el mundo y conversé con sabios, grandes maestros, amigos y mujeres bellas pero continuaba con mi soledad buscando incesantemente la verdad, el amor compartido para terminar mi existencia y no aparecía. Me colgaba de pequeños anhelos que brillaban de pronto ante mis pasos, y eso era lo que mantuvo con vida mi organismo. Y entonces tuve que volver, con miedo y tristeza, abandonando mi ego, abandonando mis querencias, mis ganas de ser algo más y caí al fondo del abismo.

No tuve más remedio que comenzar a escalar hacia la luz. Y mientras tanto Dios susurraba a mis oídos y una estrella bajó para decirme que en el futuro esperaba el brillo de unos ojos, la piel tersa; y anunciaba la profecía que en una reunión la encontraría y esto me parecía un simple cuento, una cosa que no parecía tener sentido pero que podía impulsarme por la curiosidad de ir hacia ese tiempo y solventar mis dudas para saber que no soy otro más esclavo de una ilusión que nunca podrá tocarme en este planeta.

Las palabras crean realidades. En una "reunión", me dijo la estrella. En la acción y efecto de reunir, en un conjunto de personas reunidas. Ahí fue donde caí en el sospechosismo y en la alerta inmediata y permanente de estar advertido a cualquier lugar donde fuera.
Y lo que pasó fue la semiótica, encontraba significantes y significados de aquella profecía en todos los lugares a los que iba y todo comenzaba a tener sentido porque mi mente era demasiado poderosa para construir realidades a partir de una idea preconcebida de una estrella que anunciaba la profecía de un amor legendario. Ella y otra poseían las características de la que me habían anunciado vendría a compartir su corazón, a la que vendría para servirnos el vino de la pasión y el crecimiento espiritual de ambos para crear realidades en el nuevo mundo. Pero, al final, nada cuadraba, no poseían interés y acaba yo equivocado. no me veían como cuando yo miraba con magia y eternidad su figura. No había corresponsabilidad; había deseo en sus ojos pero no voluntad ni honor para abandonar su pasado y su condición por arrojarse al amor. Había todo menos sinceridad.

Ya no podía yo creer en las profecías de la estrella, y a pesar de eso seguía rezando a Dios.

Pasaban las semanas y los meses. Otra estrella escribió en el universo que al terminar el verano, en una "reunión", encontraría al amor de mi vida. 
¿Qué diablos es una reunión? ¿Qué significa saludarla y no darme cuenta y después maravillarme con sorprenderme teniendo una vida emocional? Ya me lo habían dicho. Sospechaba de todo, de antiguas amigas y en reuniones de toda índole pero no encontraba el significado. ¿Ya la conoces?-me preguntaba, y se preguntaba la estrella; yo qué iba a saber de eso. Quería que no la conociera. Alguna vez también un ángel decía que ya nos habíamos tocado con las miradas pero que yo no había resuelto saber que era ella. ¿Cómo? Yo pensaba que era una memoria hermosa de cuando me enamoré profundamente cuando viajé a estudiar, pero otra vez, estaban equivocadas mis corazonadas. La estrella y los ángeles tenían visiones pero no sabían completamente qué, cómo y de qué manera pasarían todas esas cosas. Pero una cosa era cierta, siempre se repetía la palabra "reunión". Esa palabra y ese acto era lo que me llevaría hasta los nuevos escritos del corazón. No sabía si estar sorprendido porque cualquier cosa podría suceder. Y a veces tenía corazonadas y siempre estaba alerta para estar listo en ese momento.

Las estrellas me pedían paciencia, y me seguían anunciando que tendría paraderos gigantes. Me pedían que visualizara aquello que quería.


Preferí perder la fe y abanderar el honor, en el tiempo que me restaba. Era joven, pero me agobiaba mis limitaciones, mi fuerza y que mi cuerpo no pudiera volar como las ideas de mi imaginación. Y las estrellas volvieron a escribir en el manto del universo negro que antes de cerrar el año, sería todo lo que imaginé, sería grande, sería tal cual lo escribí y lo premedité. Vendría una explosión y sólo debía poseer disciplina y concentración, continuar vaciando mi mente en los deportes extremos y esperar, ayunar y sentir.

Debía regresar a escribir.

Terminó el verano y consentía calma. Las bellezas en mi memoria que cautivaron mi corazón comenzaron a irse a otro lado para no dejar más que se atormentara la conciencia de mi espíritu. Sus nombres desaparecían y esos recuerdos de cuando les conocí y me maravillé en las aulas de estudio, en las etapas de mi vida, en los viajes y las intenciones del planeta por ayudar a que pensara que eran mi destino.

Se acabó el verano, y comenzaron a surgir nuevos vientos y el aire imprimía mejores versos cuando respiraba.

Decían las estrellas que ella ya me conocía, que había escuchado de mí, que me reconocía pero que yo pensaría que ella no era la adecuada, incluso que la ignoraría a pesar de que me gustara. Y el verano se había esfumado y con ropas elegantes caminaba hacía una reunión, de las más importantes, reconocido entre los seres y aplaudiendo la dignidad y el honor pisaba fuerte el pavimento. Saludé a una madre y después a su hija y continué mi recorrido, pasando entre el tumulto y siendo recibido, premonición de los escritos en el cielo, atendido y tomando asiento en una reunión de significancia en el punto de origen de dónde quise huir, comenzaba a cumplir los designios de Dios.

La misma hija de aquella mujer que saludé primero, volvía a poseer las mismas características dibujadas en el manto estelar, y me perseguía con su mirada a todos lados; anhelaba escuchar mi voz y se ilusionaba con emitir e intercambiar sus ideas conmigo. Sus ojos exclamaban deseo y expresaban gratitud, paz y mucha sinceridad. Sus ojos veían en mí su destino. Nadie nunca me había visto así, con la misma magia con la que yo vi a los amores pasados. 

Ella poseía nervios de que yo me fuera;
y entonces, comenzó el otoño.


Erick Xavier Huerta Sánchez


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