En víspera de Valle de Bravo.
Todavía escucho las palabras de la Italiana que junto a mí daba porras a su compañero gritando: "Bellísimo, lo haces Belísimo" Una obra de arte en cada desplante y esfuerzo del corazón por latir más y más rápido, haciendo de la vida algo más efímero de lo que es.
Bellísimo. Ella me había dicho, sin querer, la obra de arte que hacemos los deportistas en cada competencia dando lo mejor que somos. Sin importar los días pasados donde nuestro corazón sufrió perdidas, desdichas y alegrías poco permanentes. Bellísimo era mi debut en aquel puerto de Huatulco. Desde mi entrada al avión mirando a miles de ironmans retomar el deporte con el triatlón Olímpico y Sprint. Me gusta retar mi cuerpo a superar largas jornadas de esfuerzo físico, porque siento que se limpia mi alma con el aire recorriendo mis piernas y mi corazón jadeando porque no puede más. Mis pulmones a tope con cada jale de aire que hago bruscamente, de forma violenta para avivar mis fuerzas.
Una obra de arte. Nadando en el mar, entre muchos otros hombres y mujeres que quieren ponerse a prueba y demostrarse que pueden sobrellevar ese via crucis que termina en una purificación del alma. Nadar limpia mi aura, andar en bicicleta me vuelve un robot, con extensiones de mi cuerpo a ruedas que me hacen bajar carreteras a gran velocidad, con vertigo y preocupación de que me pueda descarriar y estrellar mi rostro contra el pavimento; por eso a veces bajo la velocidad. Correr, porque ahí mis pulmones purifican los malos aires que haya respirado, y froto contra mi rosotro esponjas de agua que me refrescan y me hacen olvidar todo. Sólo quiero llegar a la meta.
Al llegar a la meta, lo he logrado nuevamente. En las pocas competencias que he tenido, entrenando diario por sentirme más fuerte. A pesar de los días donde mi cuerpo ya no quiere trabajar, sigo de pie y me preocupo cuando mi corazón ya no posee energías suficientes para hacer correr la sangre por mi cuerpo rápidamente. Quiero solamente evaporar esta estancia en vida para saber que he vivido, y no despertar un día con un corazón sin haber probado la distancia en pasos rápidos y un pulso divino, de Dioses que nos traen al mundo salvaje de la supervivencia.
Todavía escucho las palabras de la obra de arte de los competidores. Poniendo a prueba su corazón, desmantelando su sangre en plena vida, a la luz del día, bajo el intenso sol, con el mar de testigo y el aire alentando a seguir.
Bellísimo.
exhs
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