Él

Él quería compartir su gusto por lo que amaba, decir a los que amaba cuánto ha conocido, compartir sus historias y sus vivencias, compartir de sí, compartir su felicidad y compartir su creencia en Dios. Acompañados quería compartir, compartir.

Compartir con mamá, compartir con Papá. Sólo quería compartir, sólo quería compartir de mí cuánto he podido ser en estos pocos años de existencia. Y les vi tan alejados de mí. Todo lo que era ya no tenía sentido de ser porque ya no podía compartir. Compartir era una palabra perdida y sin significado, ausente, ensordecida y sin valor. Compartir era ausencia cuando cierran las puertas y no me dejan entrar. Cuando rechazan mi corazón, cuando le quitan la oportunidad de expresarse y, compartir.

Compartir murió. La inseguridad nació haciéndose expresa en el miedo de hacerles saber a los demás cuánto soy, porque compartir era algo prohibido y maléfico. No podía compartir; y en vez de eso callé y me resguardé en aventuras y sigilos de un ser humano tristemente abandonado por la madre de tierra, por el padre de arena, por Dioses en estrellas.

Yo no fui nadie porque tenía prohibido compartir.

Compartir con mamá y papá no pudo ser. Se alejaban cada uno a sus barricadas para seguir la lucha y olvidarse del bebé que sufre en medio de la guerra. Compartir ya no fue preciso ni oportuno.
Servir la mesa era servir odio y no compartir los alimentos.
Servir era una carga y no los mandamientos del corazón. Servir perdía significado cuando era un argumento en contra de lo que quería ser mi madre: libre.

Servir no podía ser. Servir era para distraer y marcar distancia. Servir no podía más permitir compartir. Lavar los pies y entregar un pedazo de mi pan no era posible. Él quería entender pero apenas se convertía en hombre.
El diablo lo golpeaba y le exigía entender. El diablo era su madre. Su madre ponía en sus hombros todo el peso de la culpa, todo el peso que hace sentir Dios a los necesitados; y él era un niño.
Él era un niño obligado a salvar a sus progenitores. Él era sueños sin cumplir, él era la responsabilidad que todos queremos evadir. Él se volvió los sueños de los demás. Él ya no era feliz. Él se ocupaba en buscar a Dios para tener comprensión y una mano que pusiera en orden lo que no podía controlar. Él estaba solo, con amigos desterrados de sí. No encontraba la luz a sus pocos años. Ya era suficiente se decía, ya era bastante tiempo estar escuchando una y otra vez las rabietas del diablo. Sin saber qué hacer. Decidió enfrentarse al diablo.

Él quería sanar y no podía. Él quería ser patriarca y Dios para resarcir heridas del alma, por eso quería ser mantra y alfa. Por eso quería el nirvana. Él no podía. Y dejó de dormir para buscar a Dios en la existencia, para abandonar el descanso y los sueños, para sentir a Dios verdaderamente con los 5 sentidos. Nadie procuraba. Estaba loco por no admitir el sufrimiento que le ocasionaba no poder compartir. No poder dar de sí enfermaba el alma. Él era un tímido mediocre, cobarde con muchas razones, sin confianza en nadie, sin sentirse capaz de ser amado.
Él quería compartir pero ya tenía mucho miedo.
Él quería compartir pero ya no era lo mismo.
Vivió toda su vida con miedo. Miedo de alterarse a madrugada escuchando el grito del diablo. Miedo de regresar al infierno que era su hogar.
Llamaban infierno y ese era su hogar.

No tenía hogar ni con quien compartir.
Quien viera su vida sabría que era triste, irónica y con mucha desesperanza.


Poder amar era ya un sueño lejano. Él héroe se perdió en el anonimato y dejó de luchar a sus 25 años.
Dios no existía,
y él no podía compartir.


exhs

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