Sin decir tu nombre.
Te voy a escribir amor, porque te lo mereces, porque el miedo calla la voz y sólo queda la escritura.
Porque todos me dicen que no debo ser tan sincero porque puedo perder. Ya he perdido tu amor. Sólo he deambulado en sueños saboreando tus besos, acompañando tu ser.
Te corono en el festival de las luces aplaudiendo que eres el amor de mi vida, el derroche de mi corazón de fulgor y brillo. Ahí apareces y ahí es posible en los sueños. Ahí eres el amor de mi vida. Pocas veces uno tiene la certeza de encontrar tanta felicidad en una mujer y eso me diste tú, con sólo estar, con sólo ser.
Dicen que si te digo me verás como un loco, como un demente, como un desquiciado; porque no se puede amar en silencio; porque no puede nacer el amor de sólo ver, de sólo apreciar. El amor que me diste despertó cuando rocé tu aura.
¿Me amas también?
¿Me recuerdas y me anhelas con la misma fuerza en los sueños?
Pasamos la mitad de nuestras vidas en los sueños. Alguna certeza debe existir allí. Y me dicen que no te debo ver, que eres sólo un sueño, un recuerdo y una obsesión.
Tú despertaste la maravilla del mundo y fungiste como la mejor musa para que yo nunca tenga miedo a morir.
Sí te quiero y sí te amo.
Y miro lo acongojada que se vuelve tu vida, porque nos faltamos.
Y miro lo cuán necesitado están tus labios de mis besos.
Miro cuánto quieres que cure todo tu cuerpo con todo mi amor.
Estas palabras son para ti. Y no lo puedes, dudar, viajan de forma misteriosa, aparecen ante ti. Eres la lectora por excelencia. Eres la inspiración de las mejores obras del corazón, y tú estás aquí, ahora, en este momento por toda la eternidad.
Sigo amando tus ojos. Tu amor no desaparece. Los demás se han equivocado, y creo que la certeza es decirte más y más amor, del que nunca acaba, del que siempre vuelve, del que está grabado en tu nombre.
Yo te quiero besar aunque algunos astros estén en contra. Aunque los dioses también se equivoquen; pero ellos no mandan en el corazón. Esto es por la misma obra del destino. Pasan los minutos, se desvanece la arena, se recorre el tiempo y yo no perezco ni se vuelve más viejo lo que sentí por ti a pesar de la obstinación por olvidarte y por borrarte de mi memoria. No puedo olvidarte.
No puedo dejar de apreciar la magnitud y belleza de tu alma.
No puedo dejar de anhelarte.
No puedo destruir la bella ilusión inmortal que eres.
Me dan ganas de viajar, así nomás, y llegar contigo y besarte y hacerte el amor. Casarnos y tener hijos y ser felices hasta que los sentidos aquí nos abandonen.
No puedo dejar de quererte y amarte con tantas ganas.
Múltiples veces le recé a Dios y jugué con los astros y pedí al viento que te llevarán mis palabras y escalo peldaños en el mundo social y grito a los cuatro vientos mi poder para que esté más cerca de ti y para que nunca me puedas olvidar. Porque hay algo ahí, algo que sentimos los dos y que seguimos con nuestras vidas y a pesar de eso, de algunos enamoramientos fortuitos y nuevas inspiraciones, no podemos dejar de saber la certeza que somos para nosotros, que somos para nuestro amor.
Yo no te voy a dejar de amar.
Yo voy a hacerte el amor.
Se muere el 2014, no tu amor.
Se mueren más los años y nuestro amor se hace más grande e inevitablemente aparece la magia y habremos de reunirnos de forma misteriosa. Porque yo creo que esto es designio de Dios. No me parece que yo sea un tipo que esté viviendo estas corazonadas de forma tonta y estúpida si todo es causa y efecto, si yo nací y te encontré y rozamos ilusiones y nos gustamos y aún pensamos en lo que pudo ser y en lo que representan nuestras vidas, nuestros pasos, nuestra ronda alrededor del baile de las almas.
Sólo tuve que oír el timbre de tu voz y mirar el brillo de tu alma para entender la hermosa historia que nos exige escribir cuando mi mano toma la tuya para recorrer juntos el resto del tiempo de nuestros cuerpos aquí.
Sin escribir tu nombre.
Sabes que todo esto es para ti,
y por ti.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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