Historia de un encuentro para siempre
Tengo miedo de poderme curar de los males de amor, porque se ha acostumbrado el cuerpo a la rutina de ya no escuchar, de la desolación, del desamparo, del egoísmo, del narcicismo, del amor a uno mismo, nada más, sin poseer ya espacio para nadie más. Pisamos el mismo recinto y las mismas calles después del océano que separaba nuestro origen. Fuimos a buscar los mismos lugares para encontrar las oportunidades que nuestro ego anhelaba encontrar, mucho más lejos de nuestros progenitores, lejos de nuestro hogar. Y rozamos nuestras miradas, desentendiéndonos porque sabíamos que no era el momento, que había de esperar más tiempo y separar nuestras almas con más espacio para dejar crecer el amor. Eran los mismos lugares, el río del amor y las grandes construcciones del imperio frío, brutal, tosco, donde todos quieren ir porque anidan las modas y el dinero. Y no encontramos respuesta. Todo seguía en el origen. Y yo mismo me puse a escribir sobre musas que me fueron abriendo respuesta a...