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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Historia de un encuentro para siempre

Tengo miedo de poderme curar de los males de amor, porque se ha acostumbrado el cuerpo a la rutina de ya no escuchar, de la desolación, del desamparo, del egoísmo, del narcicismo, del amor a uno mismo, nada más, sin poseer ya espacio para nadie más. Pisamos el mismo recinto y las mismas calles después del océano que separaba nuestro origen. Fuimos a buscar los mismos lugares para encontrar las oportunidades que nuestro ego anhelaba encontrar, mucho más lejos de nuestros progenitores, lejos de nuestro hogar. Y rozamos nuestras miradas, desentendiéndonos porque sabíamos que no era el momento, que había de esperar más tiempo y separar nuestras almas con más espacio para dejar crecer el amor. Eran los mismos lugares, el río del amor y las grandes construcciones del imperio frío, brutal, tosco, donde todos quieren ir porque anidan las modas y el dinero. Y no encontramos respuesta. Todo seguía en el origen. Y yo mismo me puse a escribir sobre musas que me fueron abriendo respuesta a...

Al terminar el verano

Voy a los sueños concurrentemente, por las noches, para desprenderme de mi cuerpo y emprender viajes astrales para adentrarme en el brillo de sus ojos y acariciar su piel en los terrenos que no están anclados a ningún planeta. Voy a los sueños después de renovar esperanzas bajo la sospecha de que ella me mira como si fuese su destino. Porque de pronto todo cobra sentido; aparece una mujer que suena familiar, que suena bien, que muestra rumbos claros y precisos, y que te hace olvidar todo lo demás. Te hace olvidar aquél pasado y los amores que anidaron en esas memorias, aquellos amores que te hacían pensar que eran la eternidad, que fungían como algo imposible que controlar y que conseguir porque sin eso, no tendrías vida. De pronto te olvidas de todo ello, porque tal vez te conviene ó tal vez ya habías prescindido de los deseos y las ilusiones de compartir amores inmensos. Sonríe, en días pasados. Nos conocemos desde la infancia. No nos reconocemos, hasta después de mis viajes...

Bienaventurados los que lloran

Un profeta dijo palabras que luego fueron escritos, bases del comportamiento humano y guía de la sociedad. Dijo: "Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados". La ventura fue conocerla bajo el manto estelar, en la atmósfera romántica, con los vientos de los dioses, con la tierra que nos formó, con todo el mudo regocijado por el encuentro. Por eso pensaba que el mundo era ideal en ese momento, que nuestra espera había valido la pena y que la realidad se transformaría inevitablemente. Pero al parecer no era así, porque se interponía el egoísmo, la incredulidad, la poca fe, la muerte de los instantes y el perecedero amor que parece no querer estar en la eternidad. Por eso tuve que continuar con mi vida, olvidándome a fuerzas de algo que deseaba mi corazón, que me hacía pensar en ella todas las noches, que me provocó llanto inmenso por las noches, sin consuelo, con indiferencia del mundo y de ella, de ella que escribía mis pensamientos y que había abierto umbra...

El deseo es prisión

Cuando nací no me importaba el dinero. Y entonces empecé a cobrar conciencia, una que construyeron todos ustedes. Creí en ustedes, en su verdad, en que sólo con el dinero trasciendo y obtengo poder. Nadie me enseñó lo contrario, a ayunar, esperar y ser paciente. Nadie. Ahora la veneración al dinero, sin importar la libertad, los tiempos, el amor, porque hay hambre, ya no hay comodidad, carece de todo nuestra lucha por querer lograr ser alguien importante, y mueren los valores, se diluyen entre el lodo; y todos están sucios. El dinero es Dios. En Dios confiamos. Mi vida depende de eso, de la fabricación en papel, en electrónica, en deuda, en sueños impuestos, en sueños que me inducen porque si no, estoy solo, desplazado, lejos, sin amor, sin su cariño, sin su apoyo ¿Qué pasaría si no tuviera deseos de comer, de querer tener, de querer ser? Hoy me han dicho que debo ser, que debo lograr, para que me quieran, para que me adoren, para que no sea algo malo. ¿La naturaleza ha fa...