Una historia maravillosa
No todas las personas son iguales, me dijo una astróloga.
Después de haber amado con tanta intensidad la figura de una mujer que atormentó mis sueños durante años, apareció una bella a orillas del cielo que también osaba con presumir que nunca sería mía y entonces vivía yo con pequeñas pizcas de esperanza que me impulsaban a seguir respirando.
Me dediqué a recuperar mis fuerzas y a templarme como acero para no sentir y ser la fortaleza más grande del mundo, donde ninguna tempestad diera movimiento a un solo cabello mío. Y fue cuando apareció una mujer que venía del desierto a ofrecer sus experiencias y a generar nuevos negocios. Y yo tuve curiosidad de conocer su reino, y viajé hasta allá, sin importarme mis tareas y mi destino. Me olvidé otra vez de mí, impulsado por una fuerza misteriosa.
Llegamos a su tierra, y me presentó a su reina y yo no le presté atención.
Días después había quedado un poco vislumbrado y atolondrado por los sueños y la música de aquél lugar, cayendo en una especie de hechizo que no me dejaba concentrar ni pensar en mis verdaderas prioridades. Y pronto quedé enajenado, pensando en vano y desperté enamorado de la reina de aquél lugar. La reina se había vuelto mi deseo y mi destino, y acaparaba mis días porque era dueña de mis pensamientos y mis nuevas ilusiones, y entonces estaba enamorado. Me parecía que era la mujer perfecta y quería estar eternamente en ese lugar que había hecho morir mis recuerdos y mis viejos amores. Pensaba que era una cosa del destino y un regalo de Dios, pero no era así.
La reina me mostró su castillo, y estábamos solos porque había corrido a sus empleados y familiares. La reina parecía estar interesada en la belleza de mi alma y eso cautivaba aún más mi corazón.
Yo quería amarle.
Sabía que la reina poseía el camino adecuado para sembrar mi amor. La reina parecía llamarme con su espíritu en el tiempo de la eternidad.
Me había enamorado incluso de sus errores, de su desgracia, de su mirada que iba y venía, de su búsqueda incesante de amor y redención. Era fuerte y recobré las palabras exactas y los bellos poemas que había guardado por tanto tiempo buscando a la mujer que les aceptara. Iba a ser una espléndida y legendaria historia de amor.
Pero he pecado de ingenuidad, he sido noble y no he terminado aún de comprender que existen seres carentes de corazón.
La reina estaba contenta con mi presencia, porque era un hombre más en su poblado, era una oportunidad más para generar riqueza. Y estaba contenta porque poseía potencial para lograr sus intereses de abundancia.
Ya no podía yo con esta certeza, y fui en búsqueda de la reina a entregarle mi corazón.
Le dije que la amaba, que tomara mi corazón y que prendiera sus luces para hacer volar la amistad y los sentimientos más bellos que él aguardaba. Yo quería expresarle mis poesías y la eternidad después de que asintiera que ella aceptaba mi corazón y que también anhelaba emprender el vuelo que yo pensaba que los dos sentimos en el primer contacto de nuestras almas.
Pero no fue así.
La reina era riqueza, y su tiempo era para generar más abundancia. Ella era ególatra, ambiciosa y egoísta; soberbia sin lugar para los nobles, para los magos, para los que osan ofrecer su corazón y construir historias de trascendencia. Y rechazó el corazón que mostré con mis manos.
Al comprender esto, tomé mis cosas y me dispuse a marcharme. Y la reina mandó a sus mujeres a detenerme y me hizo ir a su castillo a enfrentar una audiencia con ella para explicar mi retiro.
La reina no estaba dispuesta a aceptar que un nuevo inquilino en su reino, el nuevo huésped, se retire a su libertad.
Para ella no era posible esto, cuando otorga riqueza y ofrece sueños de abundancia material.
Y yo sólo guardé silencio, y sufrí un poco más, por ver cómo la belleza de la que me enamoré y a la que ofrecí mis sentimientos, carecía de corazón.
Y me fui, con un dolor más, pasajero, respirando y con otras pequeñas pizcas de esperanza por saber lo que me dijo aquella bella astróloga; que no todas las personas son iguales y que será el amor, vendrá, en un tiempo preciso y tomará el corazón para desprender bellas historias.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Comentarios
Publicar un comentario