Perder la Fe

Vienen las nubes que no dejan ver, llenas de polvo, y disipan la vista. Ya no puedes ver el horizonte. Has perdido el camino y ahora te invade el miedo. Empiezas a hacer cosas que no habías premeditado, que no habías contemplado, considerado. Y te enamoras, otra vez, por estúpido. 

No quiso tener una vida contigo. La noche parecía mágica y el futuro promisorio porque todo cobraba sentido y ahora todo emanaba de la fuerza del amor. Todo era bello y todo tenía sentido. Mis pasos iban en la dirección correcta. Había encontrado a la mujer de mi vida. Una chica sencilla, de belleza discreta, de alegría inmensa, de calidad moral, de una belleza espiritual difícil de encontrar. Ella era única y especial. Era ella lo que había buscado. Ella era la mujer que desprendía de mí una tremenda inseguridad por tener la certeza de amarle como un sol. Pero todo resultó mentira. Todo fue una farsa, y yo entendí otra cosa y mi esperanza volvió a padecer insomnio y enfermedad para querer desear la muerte otra vez.

Ella era la luz de mi vida, a orillas del cielo. Pero se fue, aplastando mi corazón, sin importarle nada. Y los árboles y el viento, el mar, la playa y todo el cielo fue testigo de aquella tarde en que perdí el corazón. 
Así fueron agonizantes los días, después de vivir el engaño, otra vez de la imaginación, la intuición que se equivoca. La verdad inalcanzable. Otra vez, perdiendo energías por querer seguir creyendo en la fuerza del amor. Y ahora tengo mucha debilidad, tengo pocas energías. Por eso nado diario tres kilómetros, corro diez y hago crossfit. Para matar el amor.

Y siguen los días agonizantes hasta que te topas de nuevo con una luz peculiar. Porque te dicen los astrólogos que de eso padecerás en el futuro, de la ternura y la belleza genuina de alguien que te amará, por el simple hecho de ser sincera consigo. Y empiezas a sospechar, y te vuelves a equivocar, o tal vez no, pero las circunstancias no son favorables.


No sé quién soy.

Y pierdo la Fe.


exhs

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