Sobre el amor, unas cuantas cosas...
Yo pensaba que el amor era algo real cuando intuyes y sientes dentro cosas maravillosas. Pero la percepción y los sentimientos que provoca lo exterior no se compaginan a tus deseos y esas sensaciones. No. Tus sentidos no pueden crear escenarios a tu conveniencia, porque eso sería egoísta; hay otras formas para poder lograr eso, con trabajo lógico, con protocolo, con normas sociales, con pasos lentos, sin alas, sin vuelo, sin cursilería en las estrellas.
Las miradas parecen encontrarse y hay reflejos en las almas. Ella parece haber visto al amor de su vida, deslumbrándola con esa aparición circunstancial, pero ella tiene miedo y él ya tiene demasiado dolor por aquellas esperanzas muertas. Ella sorprende con su sinceridad, y no se da cuenta que eso saca a relucir la belleza de su corazón, donde se puede apreciar el mejor terreno para sembrar amor. Y después de unos cuantos días, él se da cuenta que realmente ella es de su agrado y va conquistando el terreno de su pensamiento hasta volverse una idea fija, algo que recordar todos los días, un deseo incesante, un nuevo anhelo que hace brillar los días; eso va provocando que cada minuto sea un destello más de un nuevo enamoramiento. Y hasta ahí queda, nuevamente, otra vez, como por arte de magia, como maleficio, como el mal chiste tradicional que suele irrumpir nuevas cicatrices en el corazón.
Y ella ya no habla.
¿Tendrá miedo? ¿Habré respondido mal? ¿Habré actuado demasiado tarde?
No sé. Y resuelvo regresar a lo mismo de siempre, a las mismas plegarias y la misma receta tonta de quien ya no sabe qué decir o cómo actuar ante el silencio incómodo. Y es que yo me dedico al juego de las ideas, porque las ideas perduran, por eso soy filósofo, escritor, disertante, ponente y soñador. Aunque a veces suelo equivocarme. Yo todos los días ruego a las fuerzas universales que de mi boca emane la verdad y que de mi corazón se desprendan los actos más caritativos y gigantes que enaltezcan a la humanidad. Y sí, soy cursi, porque tengo millares de ilusiones, que no he podido compartir. Guardo en mi cofre de pensamiento millones de frases, listas para pronunciar a la mujer de mis sueños, o por lo menos ahora, la que indica el destino que merece tanto corazón, no por ego, sino porque para eso ha sido fabricado, para amar con profunda intensidad hasta desaparecer el universo y dar nacimiento a nuevos dioses.
Pero no sucede. Ya me he acostumbrado a las decepciones, a que el amor es un invento y no existe; porque solo existen convenciones sociales. Ya no brillan más mis ilusiones, ya no quieren seguir creciendo porque saben que, en un momento inesperado, se derrumban y mueren porque lo que pensábamos no era verdad, era una ilusión, era algo que no iba a suceder. Entonces, "ya no malinterpretes el amor"—diría un experto. Pero el amor no se malinterpreta, el amor es lo que es, pero no suele ser algo compartido, pues muchas veces es egoísta o a veces se disfraza de otra sensación o de un anhelo escondido, reprimido por el tiempo.
Responde Dios, ¿por qué desapareces ante los gritos de la verdad? Y mueren asesinados los que son transparentes y honrados: Gandhi, Malcolm X, Luther King, Colosio, Jesús de Nazareth y los esclavos y los encierros y siempre la censura ante la verdad. ¿Por qué no apareces en las letras de mi boca?
Yo amo, a solas. Porque así ha tenido que ser. Las bellezas que encuentro cuando sé donde puedo sembrar la maravilla, de pronto de irrumpe ¿Obra de la desgracia o el demonio? Sepan cuántos han sido los designios de las luces que llegan tarde a nuestra tierra. El amor me sigue pareciendo lejano, aquel amor tangible, aquel perfecto, aquel que embona tan bien en el armado perfecto del universo. Aún no sucede y sigo contándolo; como en aquellas ocasiones, suficientes para saber del dolor y para no creer más, que no ocurre lo que se espera, que las ideas o los buenos deseos sólo son eso y no se materializan.
Estoy seguro de que otras veces, con la misma firmeza, me equivoqué al creer saber de amores y metafísica. Ellas, sus melenas, consideraban otras realidades y vivían en otras latitudes del alma, y no estábamos en la misma sintonía, por eso nunca creció la música.
Pero sigo teniendo esperanzas. ¿Quién imagina de dónde surgen cuando mueren tantas? Las esperanzas brotan de un origen ilimitado que las produce, por eso hay felicidad que aguarda y ventanas que esperan y besos escritos en páginas futuras. Un amor, cuya fortaleza reside en toda la historia que ha esperado el increíble punto de partida para nuevas aventuras del corazón.
EXHS
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