Vi a mi amor y no fui

Bajó las escaleras como siempre, hermosa, y pasa el tiempo y su belleza se acentúa en mi alma, es el amor inmortal desde que nació en aquella tarde, a punto de la noche, en los ambientes donde estudiamos y aprendemos cómo ser profesionales en un mundo brutal, de competencia incesante. Y su belleza no cesa, se hace alarde, resurge como ave fénix, y por más que me inmiscuyo en las tareas cotidianas de la vida, y de mis objetivos, yo no dejo de pensar en ese momento en que vi al amor de mi vida y me engañé, haciendo esfuerzos incontrolables de repetirme una y otra vez: "ella no pertenece a tu corazón".

Los vientos me hicieron regresar a Casa, y los años traen de vuelta la imagen de su cuerpo, su rostro que se parece tanto al brillo que me da vida, y su reflejo en mi corazón, en el pecho donde está mi alma. Ahora parece que volveremos a chocar, otra vez, en este inmenso mundo, nos volvemos a encontrar, lo siento nuevamente, el presagio que me hará incapaz de escapar a mi destino. Y si vuelvo a estar frente a ella, no podré ser fuerte, estaré rendido, implorando consuelo ante tanta dicha de, por fin, sabernos amando.

Su rostro aparece en los campos donde soy libre, mis sueños. La mujer de cabello negro flota por los aires y ríe, ríe viéndome tan confundido y concentrado en mis actividades diarias: correr, bañarme, leer, trabajar, reír, llorar, mirar, pensar, olvidarme de ti para luego regresar a tu espíritu. 

Yo corro y ella va tras de mí. 
Siempre está detrás, es mi sombra, una especie de guardián  Me ve todo el tiempo, me vigila y está al pendiente de mí, aún en los momentos en que me siento más solo que nunca, y cuando tengo la desdicha y los sentimientos vacíos, abandonados por Dios.
Nací un 25 de Julio, y en todos estos años, su imagen no desaparece. Pasan los años y huyo en la distancia, y siempre está cerca, Dios la pone frente a mí, y yo huyo por miedo, por no saber qué me da terror, y a qué puedo yo estar temiendo por un dolor que aún profundiza y sangra en mi alma. Pasan los años y sigue siendo la imagen más hermosa que puedo yo contar y describir en este vasto mundo lleno de bellezas, de distintas mujeres. Todas habitan en ella. Aguarda todo lo que puedo buscar en una mujer: mirada de consuelo, sonrisa que complace y revive los colores del mundo, en la piel de piña, jugosa y carismática, sentimental, con gracia y drama, llena de poema en todos los colores que la componen, y sus ojos que reflejan el cristal de Dios.

He ido trabajando en olvidarme de mi amor, y no puedo hacerlo. Moriré con la frustración, o con esta ansiedad.  Tenía una oportunidad y Dios me concede, en varios tiempos, el reencuentro. Creo que sabemos que ambos sentimos la misma fuerza. Estamos condenados a unirnos, y eso me hace contento. Es una maldición bendita, tal vez un pacto que hicimos antes de vivir para constatar un encuentro que brinde al mundo una auténtica y gloriosa historia de amor. Somos imanes, atraídos por la fuerza del corazón.

Y pronto nos amaremos,
lo puedo sentir.


exhs

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