Fantasía
Vas a ser lo que debas ser.
Se lo que el mundo necesita y aquello a lo cual estás destinado.
De un pueblo chico se desprendían miles de ilusiones, volando hasta traspasar las nubes y llegar al universo. Del pueblo pequeño, grandes ambiciones. La provincia y sus juegos de chismes e infiernos inmensos. Los amantes del pueblo, los enemigos a muerte y todos son conocidos, pero pocos son los amigos. El pueblo minúsculo donde todos se sienten omnipotentes y tan grandes que se confunden a veces con Dios.
Se lo que el mundo necesita y aquello a lo cual estás destinado.
De un pueblo chico se desprendían miles de ilusiones, volando hasta traspasar las nubes y llegar al universo. Del pueblo pequeño, grandes ambiciones. La provincia y sus juegos de chismes e infiernos inmensos. Los amantes del pueblo, los enemigos a muerte y todos son conocidos, pero pocos son los amigos. El pueblo minúsculo donde todos se sienten omnipotentes y tan grandes que se confunden a veces con Dios.
En los pueblos chicos, suele suceder, llegan almas demasiado grandes, y era mi caso. No me podía ver allí, me sentía asfixiando todos los días, era una locura, una cosa insoportable tenerme que estar resguardando en un espacio donde no cabía mi aura; y yo no sabía que me iba a salvar de tanta catástrofe. El amor por los amigos y las historias que ves todos los días, ayuda a comprender un poco más la condición del hombre en estos espacios pequeños, donde tienes fama inmediata de algo: el alcohólico, el infiel, la chismosa, las putas, los Don Juanes, el ratero y el policía. Son un personaje, no se pueden robar su espacio en teatros pequeños. Una chica producción para hombres y mujeres demasiado soberbios.
De chico quería ser todo, y en lo último que pensaba era en compartir mi vida con una mujer. Me enamoraba de la belleza del mundo y sabía que tenía un inmenso corazón. Ahora sé que si Dios me hubiese liberado, yo hubiera hecho mucho daño con mi gran corazón. Es furioso, altanero y se controla poco, se da al todo, da para los demás todo, da y da hasta querer explotar y perderse en el abismo. Mi corazón es un lastre, una maldición que me hace que me aleje de los demás, porque ama mucho, porque este mundo no está hecho completamente para inmiscuirse con el amor. Por eso he sufrido los últimos años. Fue cuando tuve que tomar la decisión de irme del pequeño montaje, de los pequeños personajes soberbios que tomaban el escenario con tal locura que asustaba a todo el público.
Me fui, para reencontrarme, aunque sonara como un cliché. Me fui para sentir un poco más mi esencia, y saber por qué estamos predestinados a la inmensidad. Me fui para sentir más dolor, y que la lejanía me ayudara a comprender el espacio en el que estuve parado tanto tiempo.
Nunca pensé verme involucrado en millones de decisiones que afectaban mi rumbo y la vida de los demás. De pronto anhelaba y escribía como si fuera profeta. Estaba solo. En uno de mis viajes, después de tanto tiempo, como si nada, aparece delante de mí una rubia esplendorosamente bella, con ojos que me irradiaban la misma profundidad del océano. Yo la estaba amando antes de que me diera cuenta. Era tal su belleza que me había dejado pasmado al grado de olvidarme que yo estaba con vida. Su pelo dorado y su piel como los campos de versalles me seducían y me volvían un ambicioso, me despojaban de mi cordura. Yo sólo me concentraba en sus labios carmesí que hacían de sus dientes algo más lindo que las perlas brillantes. Su cuerpo era un templo, y yo lloraba porque su belleza física tendría fin. Tenía que amarla, tenía que ser parte de su alma.
Jamás imaginé estar envuelto en una relación con una mujer famosa. Viajamos por el mundo, yo por seguirla a ella a cualquier lugar. Pasamos varias calles y era difícil propiciar el anonimato. Yo no sé que veía ella en mí que le provocaba tanto regocijo, pero era un regalo muy hermoso del mundo a mi vida, saber que ella encontraba alivio y paz con mi compañía. Yo quería ser el único hombre en su vida, porque pienso que de eso se trata el amor; nací con ese principio, y ahora entendía que tal vez ya había encontrado al amor de mi vida. A la mujer que llena todo mi ser, la hallé bajo pieles que contrastaban cándidamente con todo el mundo. Ella da color al paisaje, y me gusta verla sonreír; me gusta verle cerrar sus ojos cuando toco sus labios y descubro su desnudez despojándola de su ropa. La beso por todos sus terrenos, y mi corazón se une al de ella mientras todo pasa, danzan, se miran, se alejan y se vuelven a convertir en uno solo.
Hacer el amor. Su belleza y su idioma distan de lo que había imaginado y pedido a Dios alguna vez. Hoy estaba involucrado amando a una mujer cuya fama y belleza brillaban por todo el mundo. Un ser especial, me hacía especial, me hacía feliz. La perfección y la alegría no cesaban. Creo que teníamos miedo en aquellos tiempos por las cicatrices que teníamos. El peligro es latente, y el miedo surge por no querer desprendernos de un momento perfecto.
Sonríe ante los medios de comunicación. Yo la miro desde abajo y ella pronuncia mi nombre agradeciendo mi amor. ¿Qué puedo hacer yo? Estaba contento, agradecido con la naturaleza; tenía yo la oportunidad de amar, de dar mi vida a la oportunidad de poderme formar bajo la estela del amor.
Escribí siempre cuánto le amo, y con mis manos compuse música y canté mi amor; corría para meditar y enaltecer la gracia del universo, y me comportaba como el hombre que quería el mundo que yo fuera, como dictaba mi conciencia. Y fui Padre, fui hermano, fui amigo, fui amor.
Sale el sol todos los días y no se rinde, brilla esperanza; aunque caiga la noche nos levantamos siempre con ganas de vivir; y si nuestros sueños se lastiman, estamos tristes porque nuestra Fe aún no ve la luz, pero tengan paciencia, que todo florece, y todo da paso a una nueva vida.
exhs
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