Dos vacíos
Alejandro en su ventana, en el rayo tenue de la luna emite una plegaria de amor.
Ha estado tanto tiempo solo que se resguardó en la nada. Mirar a otro no significaba nada, estar solo era lo más importante, se olvidó del contacto humano y del sentir. Un amor no resurge ni implica nada, amaba desde su trinchera como cualquier Dios.
Se había endiosado Alejandro, tan puro que amaba desde otra esfera, otro mundo, había incluso pisado el mundo púrpura de la magia donde era puro espíritu, pura energía formándose en distintos moldes.
Había estado solo. Usando plegarias para sobrevivir y a veces para imaginar que compartía una maravillosa vida y contribuía a seguir existiendo. Imaginaba. Soñaba tanto con la dulzura de la compañía y de los amores genuinos en una historia familiar que no se ve hoy en día, ni siquiera se cuentan, se terminan en divorcios y en la hostilidad.
Alejandro en su ventana estaba solo, a rayo tenue de la luz de la luna, como un gato que siente adrenalina y gusta de la calma de la noche, del brillo de las estrellas que muestran un camino, nos enseñan el destino, los miles de Dioses que pronuncian nuestro nombre, que nos albergan esperanzas para seguir creyendo en el maravilloso existir que es la vida.
Susana en su balcón, con la mirada triste y con la alegría de un por venir mejor.
El destino juega de manera misteriosas.
Alejandro nace y crece en otro desierto, camina y toma decisiones y las circunstancias le obligan a tomar paso en otra dirección y regresa a casa, justo cuando piensa que no tiene sentido todo lo que ha hecho, regresa a su corazón. Se topa con Susana.
Se topan dos vacíos y llenan el corazón.
-¿Cómo te llamas?
-¿Qué te gusta hacer?
Placidamente asienten con sus miradas el reencuentro. No fue de manera fortuita y mucho menos de forma cotidiana. Se conocieron y lo vieron llegar. Se conocieron y lo intuían.
Alejandro presentía tanta energía y una alegría inmensa antes de verle el rostro, ¿qué era? Sin duda, una premonición, sentía en el corazón el destino que avecinaba a traer profunda alegría y la oportunidad finalmente de llenar el vacío, de juntar dos corazones ávidos por amar, dejarse amar por su generosa capacidad.
Susana en el día, escribiendo sobre su paradero y neo espera ver al amor de su vida a la vuelta de la esquina. Presentado de forma inusual, sin amistad forzada y comienzan a reír, a sentir calma juntos. Pensaban lo mismo, sentían lo mismo, chocan en este instante mágico de necesidad por amar, de sentimientos de desconfianza en un mundo hostil y hacen el amor y vuelven a confiar.
Susana y Alejandro.
Alejandro y Susana.
Juntos danzan el ballet del amor.
Van de compras, sobrepasan el día y tienen detalles. Se leen poemas y descubren flores, sienten amor y pierden temor a la línea de la muerte, se volverán a reencontrar en al reencarnación y en la transformación de la energía. Juntos descubren la profundidad del amor.
Alejandro y Susana materializan su fulgor en un nuevo ser humano, tan sensible, tan cálido que trae más y más amor, les une y no pueden separarse. Hacen y hacen más y más amor.
Se dan espacio para sí y miran juntos al nuevo perro que compraron para hacer compañía a un nuevo seno de amor, de padres e hijos, de hijos y padres, de abuelos y tíos, de la familia que gusta ver el mar acompañados. De los que disfrutan gozar la risa, el agua, el abrazo.
Se van a su cama y a luz de la luna muestran su amor. Descubren las cortinas y en la ventana liberan sus espíritus que viajan al espacio, se dejan atraer por la luz del menguante y se dejan querer. Hacen el amor sus cuerpos y ellos vuelan por los cielos, saltando de brillo en brillo en cada estrella que acompaña el manto estelar que cobija sus humildes almas que se dan por el mundo, en la naturaleza mágica donde Dios explica por qué existe.
Se hacen y se dan por el amor en el toque de sus dedos, y la lengua por todo el cuerpo, la saliva del éxtasis en el purificación de los besos que se deslizan por los pies, las piernas, el cabello, los labios y la pasión de un alma que empieza a brillar todo su fulgor en el diamante de esos pechos que se han unido en diferentes formas.
Dan gracias al amor.
EXHS
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