La vida al amanecer

-Gracias dijo, justo cuando rociaba en su rostro el brillo de un sol fuerte y radiante.
-Gracias, dijo sin habérselo preguntado antes en su pensamiento. Miraba al lado a la mujer de pelo largo tendido en la cama, boca abajo con medio rostro descubierto, con sus párpados cerrados aún experimentando un sueño que me era indiferente, que no sabía pero que no importaba porque me concentraba en contemplar al maravilloso ser que forma parte de mi mundo y que me ayuda a experimentar las sensaciones de Dios, la creación, el amor lapidado en nuestros besos al tocarse por voluntad propia, naciente de un deseo genuino en vernos juntos compartiendo un sendero.

Son la historia de una decisión divina, genuina, independiente y milagrosa porque uno a uno se fueron a encontrar en este planeta de necesidad, de mirarse, de sentirse atraídos y de haber dicho la palabra correcta y haber sido de manera exacta para que fungieran perfectos hacia ellos. Se vieron en ellos y no tuvieron más remedio que amar. 

Amarse como ellos lo hicieron.
Amarse primero en inventos, cuentos e imaginación. Amarse cuando sintieron su necesidad sexual. Amarse con los ojos, con las manos y el alma.

La vida al amanecer era agradecimiento porque podría ser el último para experimentar y estar junto a la mujer que vino a enriquecer este universo basto de historias y búsqueda por hallar la plenitud de Dios.

Ah, mira mi hijo crecer. 
Ah, mira mi mujer cocinar.
Mírame ser tan feliz junto a mi librería, cantar bajo la lluvia y hacer el ridículo cuando bailo. Mira mis letras escritas en papel y los versos que recito a mi mujer antes de hacerle el amor. Mira cuando compartimos el pan en compañía de la luna a media noche y doy regalos a mi familia que enriquece tanto mi alma, que me hace tan profundo mi experimentación del amor. Mira cómo río, cómo cuido y sonrío antes de dormir en este hogar tan lleno de dulzura, risueño, cantos; las imágenes de mi mujer al sonreír y el carisma y candidez conque ella toma mi mano cuando paseamos en calles de París, Viena, de China y de México.

Mira cuán agradecido de la vida estoy…
Mira cuán feliz de haber nacido estoy...

Hoy comprendo la vida y amo a cada instante; veo en la calle, el hombre, la mujer y los infantes, su música y su forma, su lugar y contexto. Allí veo todo junto a la nada y en la nada encuentro algo y se llama Dios cuando todo conforma al todo y me importa por demás al amor por amor y nada más. Sin entender, sin razonar, sin sentir y sin pensar. Me dejo abstraer por toda la creación y ahí se pierde mi vista, mi oído, mis gritos, mi voz, mis pasos en tierra y ya me convierto en Dios.

Porque yo no soy yo. 
Soy nada, Dios es lo que ha concebido como amor, a través mío consolido mis sensaciones en el alma de la mujer que amo, en mi cariño por mis hijos, en esta basta creación.
Florece el amor en Dios, cuando dejo mi ego y surge mi voluntad, mi dogmatismo que da por hecho la gran riqueza que es amar, encontrar amando a los seres de la creación, en mis animales, en mis semejantes, en toda esta historia que conmueve y lora. Que recordara cuán valiosos fuimos.


Que recordara mis respiros, la mirada al cielo con tanta inocencia y maldad, con tanto amor.
Con tanta avidez por Dios.




EXHS

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