Dos seres.
Érase que se eran los tiempos de amor y regocijo, de indiferencia y perdón, de desconocimiento y descubrimiento; eran los tiempos que avecinaban al hombre innumerables experiencias. Qué decir de los recuerdos, esas memorias cargadas de las emociones que alguna vez despertó una persona, una mujer, con todo lo que la conforma y escucharla de pronto te puede elevar al cielo. Qué decir de esas fotografías mentales y de las ilusiones que aventabas a las estrellas para que pudieran tener un poco de misericordia, que nuestro amor se encontrara y que ya no se fuera por caminos distintos por culpa del orgullo.
Érase que el hombre tomaba de vez en cuando los sueños para poder aterrizar en un mundo donde sí era capaz de besarla, abrazarla y sentir todo su amor, su cariño, sus besos, sus consejos y su amistad.
Son diferentes y a la vez iguales. De distinto tiempo, género y pensamiento pero buscan consolidar sus vidas, buscan alcanzar el mayor nivel de espiritualidad y ambos sufren de la pena, la vergüenza que puede deparar un error en sus palabras, en su actuar.
¿Qué son?, ¿De qué trata su historia? En un punto convergieron sus vidas, chocaron sus destinos y el hombre cayó al abismo del amor, la infinita decadencia del regocijo y la redención ante un ser que proclama la corona de su pasión.
-Siempre es lo mismo con este muchacho, se enamora irremediablemente.
-Un minuto bastó, sus sueños se hacían realidad; era una contendiente digna de otorgarle poder sobre mi espíritu. Alguna vez lo pensé y el tiempo me fue marchitando todo este candor que irradiaba al mirarla y no supe qué decir ni cómo hacerlo; cada vez me era más indiferente y se alejó de mí y dejó de prestarme atención, se fue a seguir con sus planes y olvidó mi persona; no tuvo ni siquiera consideración de poder recordarme y yo, mientras tanto, sufrí.
No me hago la víctima ni mucho menos. Duele el corazón al verla nuevamente entre mis recuerdos.
Esta mujer apasionante, viva, de labios rojizos, de mirada cautivadora, de tan enorme fulgor que fulmina mi alma....
Y sin embargo, aparece el perdón. Nunca le tuve rencor y sigo admirándola como la primera vez que lo hice y no tengo por qué juzgarla ni mucho menos lanzarla al olvido ni tampoco al estigma de no volverla a considerar; porque yo no soy quién.
La frialdad del hombre con todas sus cosas, con su trato y esta soledad y el enorme compromiso que construye por solamente conseguir uno a uno objetivos profesionales y de índole personal y no le gusta compartirlo; se aisla y va perdiendo la fe en encontrar los amores verdaderos, en tomar el estandarte de la verdad, en mirar con luz, con claridad y despertar sabiendo que está junto a su compañera de vida, una que eligió con la plena conciencia de que se complementan, se aman, se hacen crecer; se gustan y trascienden los tiempos. Sí existe, puede existir.
Ella por su parte, siguiendo la misma tradición, estando arrojada a esta súper exigencia de hacer las cosas como deben ser, como le pautan y aleja a todos de ella y no sabe qué camino tomar; ella quiere trascender, ella quiere ser por si misma y no se da tiempo para amar porque alberga tanto miedo, porque ha desconfiado de sí y ya ha perdido la brújula. Ella se ha abandonado al prejuicio de los demás, al escrutinio público y esconde su pena, esconde su verdadera esencia.
Dos seres, dos caminos distintos, se encuentran en un punto y se volverán a reencontrar y ya no habrá otro camino más que el de seguir juntos, por la misma ruta para alcanzar su pleno destino: AMARSE.
EXHS
Comentarios
Publicar un comentario