Yo quiero tener lo mismo.
Yo quiero tener lo mismo Dios, eso que veo en Juan y Alfonsina, Lucas y Ana, Jaime y Rosa, Santiago e Isabel, Mateo y Constanza. Yo quiero tener lo mismo Dios y ya me he cansado porque mi esperanza anda moribunda. La desesperanza se apodera de mí; tal vez es que sea un cursi tonto, estúpido e ingenuo que sueña con el amor ideal. Yo quiero lo mismo que escribió Shakespeare en sus páginas, lo mismo que decía Dalí sobre su amada, la misma situación entre los amores de leyenda. Sí. Sí. Es que soy sensible, terriblemente perceptivo de este mundo y por alguna razón el individuo rebelde que anida en mí comulga con los preceptos católicos, para toda la vida pero yo voy más allá, más allá de la muerte. Yo quiero lo mismo que tienen ellos, los que pueden besar un amor compartido, los que se identifican en la diferencia, los que sienten el abrazo de un deseo que conjuga. Yo quiero tener lo mismo y ya me he cansado Dios, me he dejado morir.
Siempre fui el hombre solitario que quiso Dios, que anduvo
días por las nubes, que escuchó la indiferencia natural y quedé
llorando en las veredas de los caminos inciertos que desembocan
en el único lugar, la muerte.
El hombre que describo es singular y de aparente normalidad,
escribe ciertas cosas de amor, vive en soledad, abraza su desgracia,
maldice su destino, implora por Dios, afecto, amores.
Nunca se deja ver su sentimiento concreto.
Llora, queda en silencio pero es fuerte y sigue su camino porque,
no hay otro lugar ni qué hacer más que eso, hay que hacerlo, hay
que continuar; a pesar de los pesares, aunque Dios no hable, yo
sigo aquí, añorando mis deseos y viendo siempre que las mejores
mujeres ya han sido comprometidas.
Su pecado es el respeto y su gloria es lo mismo.
Yo quiero tener lo mismo.
EXHS
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