EMPERADOR DEL AMOR.

Me decía en Noviembre, no te aflijas ni te presumas derrotado ni te consideres fracasado.
El amor no ha llegado.

Sépase que eres grande y que has venido a ser Príncipe.
Emperador de tus sentimientos y de los sueños que se realizan.

Me la pase escribiendo sobre los temores de mostrar mi amor. 
Invertí tiempo en escribir sobre las dudas.
No creía en amores, dudaba de mi condición y no me sentía a la altura de las mujeres que robaban mi corazón y fui endureciendo cual piedra hasta perderme en la nada. Pero siempre apareció alguien; aparecía una mujer tan peculiar que derretía mi coraza de oro y quedaba yo vulnerable, desprotegido y me lanzaba al vacío con la sola ilusión de inmiscuirme en el universo del amor.

Me pasé tantas noches sufriendo y queriendo encontrar respuestas. El hombre que escribe no tenía intención de romper con el libre albedrío de ellas, no tenía ninguna intención de manipular sus sentimientos y sus ideas por obtener su afecto.

Siempre busqué la sinceridad en que mi presencia complementara una vida, la vida de esa dama con total autoridad, con prescripción divina, con la grata sorpresa de que dos almas gemelas se reencontraran en este plano de vida.

Y sucedió.
Una mujer  necesitó de mí para vivir y yo de ella para respirar.
Me enamoré y esta vez el amor bajo del cielo, tocó tierra y dejó de volar. Y fue algo único y completamente especial.
Nos vimos una tarde de Agosto y reconocimos en nuestras miradas la basta creación que hace eco en las profundidades del océano. El amor nos abrazó con singular quietud y con la fuerza que mantiene el universo activo.

Les hablo del amor que sucedió y esta historia toma forma en el legado de las palabras.

No se olvidarán cómo se miraban ni los susurros que hacían uno a uno de corazón a corazón.

Tan inmensa alegría provocó al mundo su encuentro que formaron familia y trascendieron más allá de sus cuerpos hacia un  baile  metafísico donde las estrellas cobraron celos.


En una época era una ironía ver aquel muchacho desolado con la esperanza siempre flameante de encontrar el alma a la que complementaría.

Qué mujer. Borró mi pasado y me absorbió en un paraíso sin igual donde el amor nos hizo, donde el amor me abría camino beso a beso sobre la tersa piel, tan suave como la superficie de una uva. Nos descubrimos desnudos y nuestros cuerpos estorbaron y por un momento, en esta vida terrestre, nuestras almas fueron expulsadas del cuerpo y perdimos forma.

Siempre me gustó verla tan plena y tan feliz. La amo y descubro siempre cosas nuevas y ya no estamos en tierra, volamos por los confines del espacio infinito.
Les hablo de mi experiencia aquí en la tierra donde pude verle sus ojos, donde aprecié cada sonrisa en que su lengua hacia un juego cándido al golpear con sus dientes. Amé todo de ella.

Puedo seguirles contando tanto y describiendo una a una las características sobre la emperatriz de mi espíritu. Puedo hacerlo y tal vez no tiene caso, tal vez quiero inspirarlos o dejar una constancia sobre el milagro que sucedió en mi vida.

No fui un chico triunfante en las patentes tecnológicas o en el emprendimiento de corporativos financieros. No fui famoso a nivel mundial ni gané óscares, como tampoco premios Nobel. 
Sin embargo; cuando todos decían que el amor verdadero resultaba imposible, que era de incrédulos y cuentos fantásticos que funcionaban bien en novelas. Yo logré encontrarlo, y sí me jacto de ello, porque la felicidad nunca más fue momentánea;
ese amor tan grande nos abrazó que nos protegió y nos mantuvo entre este mundo y el otro y fuimos felices en vida y hemos sido felices ahora.

Yo pude haber faltado a tantas cosas que hacen trascender pero descubrí el amor.
Cuando encontré a mi amada yo pude tocar la eternidad y el universo se arrodilló ante tan espléndido y puro amor. Nos convertimos en Reyes del espacio. Me convertí en emperador, las estrellas alababan mi cuidado, mi aprecio y el enorme sentimiento que siempre he mostrado a la mujer que amo.

Me llaman Emperador del amor en honor a mi gratitud.
El Señor de los espacios Infinitos así lo quiso, así fue escrito y así ha sido.

Hubo una vez un chico de tremenda fe y desolados momentos.
Ese joven planteaba muchas veces destinos fatales y sin embargo su esperanza siempre le provocó ser hombre de bien.
Hubo una vez quien le dijera no temas que serás emperador.
Hubo una vez que encontró el amor y eso sólo bastó para su auto realización.

Hubo una vez un joven tan noble......


Erick Xavier Huerta Sánchez.

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