Sube a la cima.

Sube a la cima.



En el XIV congreso nacional de BNI México, en Monterrey, tuve la oportunidad de escuchar la conferencia de Karla Wheelock sobre su vida y su gran hazaña de subir a la cima del Everest. 

Wheelock es montañista, orgullosamente de México, emprendedora social, consultora y conferencista, y primer iberoamericana en alcanzar la cima más alta de cada continente, las famosas siete cumbres, y primer latinoamericana de coronar la cumbre del Monte Everest por la vertiente norte. 

Una ponencia tremendamente emotiva, y me parece sumamente importante seguir conversando al respecto sobre las grandes enseñanzas que nos dio Wheelock, porque toda nuestra vida busca avanzar y ascender a lo máximo y llegar al final de nuestros días con la mejor versión que podemos ofrecer a la creación. La montaña nos enseña lo que significa llegar a la cima. Y un mensaje central en la narrativa de Wheelock fue justamente la fidelidad, porque solamente se puede ser fiel a uno mismo, y cuando se es fiel a uno mismo se es fiel en todo acto que hacemos por muy pequeño que parezca, y eso será finalmente cada acto de fidelidad reflejado en cada uno de nuestros actos grandes. La plenitud de lo pequeño es tan pleno como la plenitud de lo grande.  Poder dar lo mejor de nosotros a los demás tiene que ver con descubrir nuestra esencia, y toda actividad que hacemos nos recrea, nos lleva justamente a dilucidar el elixir que se encuentra en el centro de nuestro ser. ¿Por qué habrían las personas querer subir a la cima de una montaña donde no hay oro? Y el éxito solo podría conseguirse, con el reconocimiento al esfuerzo, pero una vez que bajas con todos los demás. Arriba, estás solo, y un breve período de tiempo. ¿Qué habría que compartir con los demás después de subir una montaña? La montaña saca lo peor y lo mejor de nosotros, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Eso finalmente es lo que estamos buscando, conocernos a nosotros mismos, y es justamente en este tipo de travesías, donde exploramos mejor nuestro ser, y descubrimos en nuestro ser el gran oro de la paciencia, de la templanza, de la sabiduría innata en nuestro corazón. 

Con pequeños pasos vamos aprendiendo todo en la vida, aprendemos sobre nuestra velocidad, nuestra precaución, cuidado, atención, precisión, y todos esos pasos conectados al espíritu y aliento por conseguir avanzar hacia nuestro destino, ahí donde hemos depositado ideales que nos prometen conocernos mejor a nosotros mismos. Con pequeños pasos, vamos logrando ampliar los horizontes, porque siempre podemos llegar más lejos. 

En la montaña, en alturas como el Everest, no hay alternativa, hay que elevar el nivel de presencia, de concentración, atendiendo la plena presencia de cada paso, concentrando todo tu ser en un paso, aquí y ahora, y solo así se llega a la cima. 

Wheelock nos hace ser conscientes también, de que en verdad, en la vida, nos salvamos más por lo que nutre nuestra alma, porque en la adversidad, allá arriba en la cima de la montaña, poco hará el dinero, o la materialidad, cuando lo que nos nutre es escucharnos, vernos, y todo aquello que en verdad alimenta nuestra mente y nuestro corazón. Porque nuestra mente sigue a nuestro corazón, y nuestros pies acaban por seguir las órdenes de la mente y el corazón. 

Todos somos soñadores, solo cambian las magnitudes de nuestros sueños. Queremos llegar lo más lejos posible. ¿Qué significan las alturas? Allá en la altura se mide entonces la capacidad de nuestro corazón, el nivel de humildad, la plena presencia y la máxima atención. Cumple en lo pequeño y cumplirás en lo grande. 

El viaje es de ida y vuelta. Qué tanta sabiduría abarca poder tener la visión, la paciencia y la tolerancia para avanzar con ecuanimidad por el camino de la vida, que nos puede de pronto dar tanto, y que cuando es tanto, y que cuando es la cima requerimos paciencia, tolerancia, atención, plena presencia, humildad fundamental, contemplación máxima. 

Wheelock nos dijo sobre la gran cantidad de accidentes, que en su mayoría son por buscar bajar la montaña y no todos lo hacen adecuadamente. No se trata solo de subir, se trata de bajar, el viaje es de ida y vuelta. Bajar es regresar a tus bases. Desde tus bases subes a otras cumbres. 

Un tema trascendente también es la fiebre de la cima, una cuestión que se da como impulso irracional en montañistas con la necesidad de llegar a la cumbre a pesar de que las posibilidades del retorno seguro sean nulas. Por esta fiebre han muerto tantos. Pero en la vida, quienes de pronto osan haber alcanzado el éxito, y tenerlo todo, dinero, poder, sensaciones, sexo, lo pierden por la falta de prudencia, atención, respeto y paciencia. 

En la cima, tienes toda la perspectiva, una valiosa para compartir, lo que has encontrado, la inspiración, para compartir, te exhorta a que ahora desciendas, pero tienes estar alerta, plenamente atento, con gran humildad, sin nada de soberbia. Anticipa las necesidades, piensa en tus compañeros, piensa en los demás. 

Pero lo más importante de todo, la gran conquista es interior, no es hacia fuera. 

Eliges siempre lo que piensas. 

A Wheelock le recibieron con un abrazo en la cumbre de la montaña. La alegría cuando se comparte se multiplica, y ahora nos comparte sus experiencias y aprendizajes y la felicidad se expande en cada lugar donde hace uso de la palabra; comparte este mensaje de inspiración, pasión y vida, con una lección fundamental, que nuestros deseos, actos, ilusiones siempre nos llevan a realizar el viaje más importante que hay, hacia el centro de nuestro propio ser. Wheelock denomina esta travesía como nuestras montañas, buscando siempre sacar lo mejor de nosotros. 

Finalmente toda experiencia es nuestro mayor tesoro, es la perla de la experiencia, y esa solo está dentro de cada uno de nosotros, no lo podemos hallar en otras personas, objetos y lugares; pero cuando encontramos ese tesoro podemos compartir y podemos descubrir que todos poseemos lo valioso dentro. Entonces, podemos pensar que compartiendo lo valioso replicamos heroísmo, y podemos alcanzar la cumbre entre todos. 

Wheelock también gustó de narrarnos esta historia de una persona que buscaba cambiar todo lo de afuera, que buscaba cambiar al mundo, al país, y no podía y luego pensó que en su familia tendría la influencia suficiente para cambiarlos, y no pudo. Recobró el sentido y tuvo una Epifanía máxima, de que se había equivocado y había comenzado al revés, porque al único que podía cambiar, era a él mismo.


Erick Xavier Huerta


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