El verdadero propósito.

El verdadero propósito.



Un proverbio turco afirma que «No importa cuánto hayas recorrido por el camino equivocado, regresa».

La palabra pecado proviene del latín pecatus, que significa equivocarse.

Podríamos haber nacido en una montaña, alejados de la civilización, o cerca del desierto alejados de la civilización. 

En oriente creen que cuanto más difícil sea el viaje, mayor es la purificación. 

¿Qué tanto estaremos purificando en nuestras sociedades occidentales? Hoy comunidades inmersas en el imaginario colectivo, y en la enseñanza a través de tradición, moda y cultura, reafirmando lo que se aprende en escuela, familia y sociedad hemos aprendido a buscar ser lo que la materialidad quiere, conjunto de percepciones que lidera el imaginario colectivo. En realidad buscamos nuestra identidad, el conflicto que se presenta en la adolescencia, es saber que ahora queremos revelar nuestra identidad, ya no la conferida imagen que se otorga a un grupo de amigos, ni a grupos sociales, ni a grupos culturales, sino en verdad poder responder lo que somos y lo que queremos y eso solo lo lograremos con la mirada interior. Porque de esta tradición surgen los apegos, la confusión de las identidades, creemos que somos lo que consumimos o aquello con lo que nos relacionamos. Somos independientemente, siempre, y desde nuestra independencia psicológica, desde nuestra esencia podemos construir vínculos de relación con armonía y paz.

Toda esta cosmovisión implica que limpiemos el espejo por el lugar correcto. Estamos reflejándonos con todo estímulo y con toda temática, idea, persona, situación. Pero no nos reflejamos en realidad como lo que somos, sino que nos reflejamos a través de un modelo que se implantó en nuestra psique, que muchas veces produce que configuremos, comúnmente, una actitud disfuncional; una actitud que se configura por nuestro sistema de pensamientos, creencias y valores que hemos acatado, inocentemente, en escuela, familia y sociedad a través de cultura, moda y tradición. 

Estamos atravesando un proceso complejo de poder revelar nuestra identidad en medio de este gran dinamismo social, económico e industrial. Pero el propósito sigue siendo el mismo, lo que significa que atravesamos un proceso de aceleramiento para el desarrollo de nuestra conciencia, en busca de poder coadyuvar a la ascensión de nuestra especie y nuestro planeta, una sola conciencia, que busca paz y armonía. 

Tenemos una conciencia autorreflexiva, que sirve con doble funciones: de crítica y autocrítica en nuestra relación con todo lo que conforma nuestro principio de realidad. 

El amor es un espejo.

Queremos reflejarnos en nuestro cuerpo como lo que somos, no como una expectativa ajena, no como algo falso frente a nuestra pareja. Esta es una situación común que lleva al desequilibrio y rompimiento de las parejas, querer buscar algo que no se es, y la personalidad falsa agota al ser, por eso vienen las depresiones, el agotamiento por tratar de interpretar a un personaje falso, uno que está construido en torno al imaginario colectivo. Esto también conduce a muchas personas a vivir con comportamientos compulsivos, conductas que ocurren a pesar de ellos. Todo el tiempo estamos percibiendo signos, procesando signos y proyectando signos. 

La escritura sagrada del Corán, basada en la doctrina de Dios que Mahoma reveló a los hombres y a las mujeres, pide al ser humano que mire los signos dentro de sí mismo y en el horizonte, para poder alcanzar la comprensión, utilizando nuestros sentidos, nuestra mirada, y nuestra percepción emocional a través de la mente y de nuestro corazón. 

Luego, cuando fariseos y saduceos se acercaron a Jesús de Nazareth para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrara un signo que viniera del cielo. Y Jesús contestó diciendo que “cuando cae la tarde, dicen «va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojizo, y por la mañana dicen que hoy habrá tormenta porque el cielo está rojizo y encapotado». Así pues, ustedes saben interpretar el aspecto del cielo, pero no pueden interpretar los signos de los tiempos, generación perversa y adúltera que demanda un signo. Pues no se les dará sino alguno, excepto el signo de Jonás”.

Religión proviene del latín religare, que significa volver a unir aquello que fue separado.

De manera individual buscamos recuperar nuestra relación perdida con la suprema personalidad de Dios, solventar la sensación de haber decidido separarnos de Dios; pero entre cada uno, uno a uno, se podría ir formando la comunidad de quienes han despertado a la unión, el sustento de la plenitud de toda la creación. Esto sería expresado en la manera de vivir, en la práctica de la vida cotidiana. Sin embargo, en aquel tiempo saduceos y fariseos decían que esto se podía lograr, pero juzgaban y dictaban quién sí y quién no merecía tal reconocimiento. Aún con más elementos que muchos, no contemplaban y nublaban su criterio con juicios de valor, de ahí su hipocresía.

El verdadero propósito del camino, es regresar a Dios. 



Erick Xavier Huerta


Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.