Éxito y fracaso.

Éxito y fracaso.



Muchas veces pareciera que conseguir algo, produce éxito o fracaso. La cultura del sufrimiento implica esto.

Porque a quien se le señala de fracasado, pareciera sentenciarle un error de por vida y eterno. Porque pareciera que un éxito, denota eternidad de triunfo y ya. Todos han tenido fracasos y éxitos, y de pronto esta noción dual, conduce a la neurosis, a la búsqueda de la perfección lo que produce la sociedad, en palabras del filósofo Byung Chul-Han; la auto- esclavitud, el individuo del alto rendimiento que se auto castiga en búsqueda de satisfacer la expectativa del imaginario colectivo.

Individuos que se han convertido en sus propios verdugos, no se perdonan, se auto castigan, en busca de la perfección.

No queremos la perfección, porque es fuente de neurosis. En cambio, comprendamos que estamos en un proceso de crecimiento lo que implica aprender constantemente; porque la sabiduría es fruto de la experiencia y la experiencia fruto de la observación y la observación fruto de la mirada interior.

Los “fracasos” enseñan.

Winston Churchill se convirtió en primer ministro en las peores condiciones geopolíticas de la gran Bretaña, en las condiciones menos favorables para brillar, y aún así asumió el reto de ser el primer ministro en tiempos de guerra, cuando las democracias europeas caían una tras otra en una rápida sucesión arrasadas por el horror nazi. En tiempos de Hitler, cuando parecía imparable, invadiendo a diestra y siniestra. Churchill asumió el reto de lidiar con ese horror, con un rey escéptico de sus alcances, con un partido que estuvo conspirando contra él y un país desprevenido ante el desastre que se avecinaba. Eran tiempos mayores, y como narraron en una reciente película sobre Churchill, justo sobre este momento y coyuntura, eran “las horas más oscuras”.

Churchill jamás se rindió.

Calumniado, de todo fue Churchill, así lo describió Anthony McCarten en su libro “las horas más oscuras”, como orador titánico. Borracho. Ingenioso. Patriota. Imperialista. Visionario. Diseñador de tanques. Metepatas. Espadachín fanfarrón. Aristócrata. Prisionero. Héroe de guerra. Criminal de guerra. Conquistador. Hazmerreír. Albañil. Propietario de caballos de carreras. Soldado. Pintor. Político. Periodista. Ganador del premio Nobel de Literatura. La lista, dijo McCarten, continúa sin parar, pero ninguna etiqueta, tomada aisladamente, le hace justicia.

Los fracasos son peldaños, que te dan rumbo hacia el éxito, paso a paso, cada fracaso es aprendizaje para ir en el rumbo correcto. El fracaso, se diría, desde un punto de vista semiológico, es un punto de fricción que pone a prueba nuestro nivel de conciencia y en consecuencia, crecemos.

Crisis, tiempo de crecer.

El éxito, dijo Churchill, es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.

El éxito, dijo Churchill, no es definitivo, el fracaso no es fatídico; lo que cuenta es el

valor, el coraje para continuar.

Lo que también quiero decir, es que muchas veces un aparente “éxito” conlleva

grandes fracasos, grandes aprendizajes. No deberíamos juzgar nada, porque no sabemos

en realidad cuáles son las más profundas razones que haces una persona sea como es y haga lo que haga; pues además, vivimos en un universo infinitamente libre, justo, amoroso. Cada uno vive en consonancia con su nivel de conciencia. Pero quien no está dando amor, lo está pidiendo.

Tenemos una reponsabilidad de crecer juntos como sociedad, como especie humana que posee una conciencia auto reflexiva.

Estamos pues, en un proceso de crecimiento continuo.

Y el lenguaje, y nuestra co-existencia es para colaborar justamente en pro de ese crecimiento colectivo.

Pensemos, reflexionemos, cuántas veces, el “éxito” e convierte en fracaso, porque las conciencias deben estar preparadas para afrontar diversas temáticas. Si una conciencia no está preparada para afrontar temáticas con amor, las vivirá en el vacío, sin amor, y en consecuencia, vivirá eso.

Una persona de pronto puede tener sexo, poder, dinero, fama y sensaciones, sin amor. De pronto todo eso puede caer a su vida, y no saber afrontarlo ni poder con ello. Hay cientos y miles de ejemplos de artistas, que de pronto tuvieron todo, y el exceso los llevó a la perdición, a vivir el sexo como adicción, a vivir el poder con prepotencia, a vivir el dinero con avaricia, a vivir la fama como exhibicionismo, y sensaciones como vicios. Personas que han gozado de tenerlo todo y después lo destruyen por esto. Por no saber del amor, por no experimentar los temas con amor, por no vincularse con amor en su proyecto de vida. Y esto ha sido falta de educación, justamente, en la dimensión del amor.

Casi los modelos educativos de tradición, moda, cultura, que se dan en familia, sociedad y escuela, son en sintonía de no saber amar. Y por eso hay tantas problemáticas en los individuos, en parejas, en familias, en sociedad.

Hay cientos, miles de casos, de políticos, coo hemos visto en nuestras comunidades que de pronto tienen poder, sexo, dinero, sensaciones, fama, y lo viven sin amor. Tienen amantes, engañan a sus esposas, engañan a sus familias, estafan a sus socios, engañan a sus electores, mienten, traicionan, contaminan más y dan un mal ejemplo y en consecuencia se esparce la corrupción.

¿O qué pasa con la narco cultura?

Muchas personas solo quieren sentirse reconocidas, sentir un poco de afecto, de apoyo, de comprensión, de placer, de inspiración, de conocimiento, de reconocimiento, y como tienen un vacío de amor, hacen lo que sea por conseguirlo. Usan el dinero erróneamente, compran voluntades, compran partidos políticos, compran políticos, compran puestos, para sentirse un poco poderosos, influyentes. Y quien no cumpla su voluntad, se ve a merced de su violencia que pueden propagar bajo el uso de un arma, que amenaza con quitar vida. Un desastre, una barbarie total, el total salvajismo. ¿Dónde queda la civilización?

Es terrible. Y más porque de pronto las series, películas y demás retratan que está mal, pero que finalmente es una cultura de un gran estrato social, y es preocupante estar viendo cómo territorios y comunidades quedan bajo el resguardo de esta visión cultural arcaica, silvestre. Pues el mundo lúdico como es el futbol, también ha dado parte a esto, ¿Cuántos casos no hay de jóvenes que triunfan en este deporte y de pronto lo echan a perder por vincularse en su proyecto de vida con tanta abundancia desde la carencia del amor?

Viven el sexo sin amor, el poder sin amor, la fama sin amor, las sensaciones sin amor, el dinero sin amor. Y se pierden mundiales, luego hay escándalos y hay un terrible ejemplo para los jóvenes, porque la cultura sigue ahí, latente, y los jerarcas de las organizaciones no ven más allá, no saben educar, no saben qué hacer. En cambio vienen entonces tratos estrictos de querer reprimir mientras se pueda, al joven, hasta que revienta eso, y en algún punto la corrupción surge. ¿Dónde queda el sistema? Eso es lo que hay que hacer, abonar en la construcción de una nueva cultura del amor, por eso importa hoy hablar, alzar la voz, escribir, actuar, transformar.

Urge.

Nos importa el progreso de todos y todas para vivir con amor esta experiencia, porque ese sí es el verdadero triunfo, caminar sobre ese sendero de plenitud dinámica, creciente, infinita, llena de posibilidades.

Erick Xavier Huerta

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