«El amor no es la mentira que tú crees»








«El amor no es la mentira que tú crees»


Piensas que fue fortuito nacer, viajar, crecer en el mismo lugar. Piensas que no soy dueño mi destino, que me dejé deambular, que mi camino hasta convertirme en adulto fue una simple coincidencia, un simple accidente de seres que buscan sobrevivir, que buscan ganar dinero para comer, para subsistir en comunidad. Piensas que mi arraigo a la coincidencia de querer lo mismo al mismo tiempo es un error, y que el tiempo te dará la razón, porque hay millones de seres, y con cualquiera se podría dar la coincidencia del anhelo del amor. Pero no todos han sido enviados a ser parte de la redacción de mi destino, como yo habito en tu universo, como tú habitas en el mío.

Piensas que cualquier cosa podría atraer mi atención y cualquier cosa podría tener más poder sobre mí. Que miedos, que ganas, que ostentar poder, que presumir victorias podría llevarme a escribir mi destino. Yo no quiero mentiras, yo quiero verdad. Piensas que los anhelos de mi corazón jamás me trajeron hacia ti. Que las decisiones inconscientes, que las motivaciones e intenciones nunca tuvieron algo qué ver en conocerte. Que pisar tu calle, que pensarte, que mirarte desde infante no tiene nada qué ver. Que resonar el amor presente en todo mi pasado y en todo el anhelo de mi futuro no tiene relevancia alguna, y no tiene nada qué ver contigo. Vivir bajo el mismo cielo, que el mismo horizonte fuera el mismo, siempre nuestro. Que la misma atmósfera nos cobijara. Que los lugares fueran siempre los concurridos, que los sueños tuvieran alcances, que tuviéramos las mismas aspiraciones sujetos a los condicionamientos del imaginario colectivo mientras dilucidamos qué es verdad y qué es mentira. Que nos moviéramos por el mundo pensando que trascenderíamos los límites de los universos, que gozaríamos la fama de los que siempre admiran «los cualquiera». Piensas, que si decidí estudiar y regresar, por los motivos que fueran, nunca fue por amor. Que mis pasos no tienen razón de ser, que simplemente choco con eventos que no debieron suceder, que no deberían albergar conocimiento en mi corazón.

Piensas que si aparecí después de la mentira, yo, la verdad, también es farsa.
Yo soy la verdad.

Piensas, que cuando explota el universo en tu ser, simplemente son nervios inexplicables, o sensaciones que ahora sientes, que confunden tu mente, que no es amor. Que sentirnos tan unidos en el silencio no es amor. Que estar juntos en cualquier tiempo y espacio no es amor. Que las ganas de amar, que las ganas de recorrer ese camino particular es un error, es una equivocación. Que esto no puede suceder, porque las personas comunes y corrientes no viven el amor, no exploran el amor, no encuentran el amor, porque son simples pinceladas de emociones poco duraderas, evanescentes, que acaban por romper la mentira que duró unos días. Que el amor es algo cotidiano, como una función de cine, que muere, que no puede renacer, que no tiene ni alcanza la eternidad. Que mi sinceridad puede ser la farsa promedio de la gran mayoría que compra en los mercados la idea del amor. Que el amor controla prototipos, modas, costumbres, culturas. Que el amor se escribe, suena bien en canciones, no sabe, no tiene sabor. Que tengo labios de cualquiera, que hablo cosas sin repercusiones. Que la poesía no pinta mi alma, que la poesía no nutre mi alma, que la poesía poco describe todo lo que siento por ti. 

¿A qué te sabe el amor conmigo? 
¿Sabemos a lo de todos?
¿Qué gusto tengo?
¿Qué significo para ti?

¿Esa es la verdad? Pudiera ser yo el significado de una concurrencia más, intrascendente, como el consumo de cualquier bebida de refresco, o de comida chatarra. Un tiempo más. Unas palabras más. Sin efectos en el corazón. ¿No hay amor? ¿No irradia mi amor en tu corazón?

El orgullo, piensas, que te salva del amor, y que no te condena a nunca más volver a probarlo. Que tengas que morir y renacer a tantas veces sea posible hasta que puedas comprender quién es el amor y quién no, cómo se práctica el amor y cómo en realidad el amor nunca es. Que si el amor engañó a través de ciertas acciones, algunas emociones, engaña con rostros, con ternura, con canciones, con letras, con manos, con caricias. Yo no soy las flores que rechazas, yo no soy la poesía que no lees, yo no soy lo que evitas ver. Yo soy el amor. 
Mejor irse, huir del amor.

Yo soy el amor.

Ya no tener valentía, renunciar al amor.

Yo soy el amor.

Piensas, que nos hicimos la idea de un amor que funciona, funciona para todos, funciona para el mercado, funciona para la iglesia, funciona para el pueblo. Que funcione para tus amigos, para tus padres, para la economía y que funcione para los intereses de la política. Funciona, mientras no transgreda nada, ninguna norma. Mientras el amor no sea irracional, no tenga fantasías, no comulgue con que habita todo el espacio y todo el universo. Mientras pienses que ese amor no habita en el sol, las estrellas, la luna, cobija todo, está en el aire, lo respiras, y nos nutre a ambos. Mientras pienses que estamos en diferentes sueños, que habitamos diferentes universos, mientras no te des cuenta, esto nunca va a funcionar. Mientras creas que la mentira es verdad, la farsa será realidad. 

Piensas.

Si evoco tu imagen, siento amor.
Si evoco tu nombre, siento amor.
Hay miles de nombres como el tuyo, pero lo que tú eres posee lo que yo quiero. Sólo lo que tú eres alberga lo que yo quiero. Hay tantas pieles, hay infinitud de masas, y en la masa no veo, no hay particularidad, es demasiado, es todo, es nada. Si no hubiera elección de la particularidad no te encontraría aquí. No tendría emoción. No tendría ganas. No tendría ilusiones. Entre todo, te quise a ti, te elegí a ti. Hay tantos cabellos, hay tantas melenas, hay miles, millones de seres, hay soledad, hay refugio, hay millones de actividades, hay millones de lugares, hay tantos países, hay tanto dinero, hay tanta carencia, hay tanta miseria, hay tanto, hay tanto. Te sobran amigas, te sobran conocidos. Y estás tú. Y en ti se reduce la síntesis de la felicidad, del amor, de la gracia, de la dicha, del futuro, del destino. 

Hay millones de corazones. 
Al mío le gustas tú.
A mi corazón le gusta soñarte, recordarte, quererte, anhelarte.

En los desiertos, en los mares, en naufragio, en la dicha, en la enfermedad. En soledad, en cuarentena, en guerras, en paz, en compañía, cerca de ti y al otro lado del mundo, mi corazón siempre te evoca. Mi corazón siempre te escribe.
Mi corazón siempre te sueña.

En mi corazón no hay muerte.
Siempre hay vida.


Puedo decir,
puedes decir,
«te amo».

En paz estoy.


Erick Xavier Huerta

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