¿Quién eras a los 21 años?

¿Quién eras a los 21 años?

¿Quién habrías podido ser a los 21 años?

A los 21 años, ya creía en dios, otra vez. 
A los 21 años, ya había terminado la primaria, la secundaria, la preparatoria y ya había pasado admisión para estudiar en el Tecnológico de Monterrey y ya llevaba tres años estudiando en universidad con mucho entusiasmo, coraje y voluntad.

A los 21 años era un chico tremendamente deportista.
A los 21 años lo que más me gustaba hacer era hacer deporte y estudiar. Estudiaba como podía, y me gustaba leer, pero me estresaba que tenía muchas tareas y era difícil concentrarme. Pero era un buen chico, con buenas calificaciones. Así me recuerdo.

Era la época de la gran crisis económica, comparada a la de aquellos años en 1929. Obama era presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, y la guerra contra el narcotráfico estaba de moda en México. La violencia sigue pero la política de guerra de Felipe Calderón daba de qué hablar. Yo vivía en paz. En Querétaro viví años tremendamente felices. Fui muy feliz. Tuve amor, amistad, crecimiento, desarrollo y alimenté y sembré más sueños. A los 21 años me gustaban mucho las groserías, que obviamente decía lejos de las aulas académicas. En esa edad creo que ya había decidido dedicar más mi tiempo y estudio a las políticas públicas. No recuerdo bien, en qué tiempo, pero un compañero en clase me dijo que debería dedicarme a ser político, en una clase de comunicación de culturas internacionales, o algo así. A los 21 años, todavía no me graduaba de mi licenciatura. Me faltaban todavía dos años para graduarme. Creo que un año antes, en 2007 me encontré con una chica de la cual me enamoré perdidamente y eso duró muchísimos años. Tuve un amor platónico y me la iba a reencontrar tiempo después, en otra parte del país, volveríamos a coincidir en el norte de la república cuando estudiaba gobierno y eso fue una cosa milagrosa, dramática. Pero no sé, siempre nos dimos cuenta con las miradas que ahí había destino pero es una historia que está en el tiempo, deambulando en el universo. Todavía me acuerdo pero ahora parece una historia lejana. Después, para explicar un poco, me dediqué a escribir y a escribir. Antes de mis 21 años, profesores en primaria, en secundaria, en preparatoria siempre aparecían para felicitarme por mis creaciones literarias. En primaria me dijeron que iba que volaba para ser escritor. Y después de mis 21 años me seguían apareciendo maestros en universidad que yo me debería dedicar a ser escritor, profesional, y debería estar publicando. A los 21 años estaba estudiando la licenciatura en ciencias de la comunicación; era universitario del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en el campus Querétaro. Vivía una vida tranquila. A los 21 años era soltero, tenía amigos y era el hijo mayor de mi familia, que todavía sigo y seguiré siendo porque así pasó. Muchas cosas no han cambiado. Vivía en Querétaro, pero no recuerdo bien en dónde. Creo que todavía vivía en el campus, en las residencias del campus; y entonces compartía cuarto. Siempre tuve compañeros de cuarto deportistas, en equipos representativos. Fui compañero de un gran nadador, y también de basquetbol. Me gustaba practicar muchos deportes. Iba a correr, a nadar, tomaba clases de piano, de teatro, de tennis; iba al gimnasio. Todo eso sirvió para que después fuera seleccionado de atletismo en medio fondo y en fondo completo y eso marcaría mi vida. Desfogaba toda mi energía en deporte, en estudio. Me gustaba cultivarme. Escogía música para recrear mi cuerpo, y buscaba tener la salud más óptima que existiera porque estaba en compromiso con ser un gran ser humano a la altura de las circunstancias con los retos que nos imprimía la universidad. Sacaba buenas calificaciones y vivía en paz porque cumplía con mis compromisos y respondía al apoyo de mi familia para que pudiese estar en la universidad estudiando. Sólo me tenía que preocupar por estudiar, y eso hacía. Quería ser un buen hijo, un buen estudiante y un buen compañero.

A los 21 años era muy fuerte. Gozaba de una espléndida salud. No me enfermaba. Tenía un corazón sano, fuerte y espléndido. A los 21 años respiraba muy bien. Mis pulmones eran poderosos. A los 21 años era fan de Dragon Ball Z, y seguía viendo esa serie, cuando podía. Goku me inspiraba a ser deportista, y ser feliz. 
Dragon Ball Z es una caricatura inspiracional. 
A los 21 años, era muy sano, pero también a veces comía tacos, en la calle. Habían tacos, muy buenos, y siempre aparecen amigos que conocen una mejor taquería que la que conoces, y tienes que comer. 

A los 21 años no me gustaba para nada la vida nocturna. Aborrecía los antros. Aborrecía la música de antro a todo volumen. Aborrecía a los borrachos, a los drogadictos. Aborrecía la comida chatarra. Aborrecía varias de esas cosas que me siguen pareciendo negativas. 
A los 21 años no me gustaban mucho, para nada, las cosas que enajenan la conciencia. Sí me gustaba pensar a mis 21 años y reflexionar por qué existe todo esto. 

A los 21 años sentía que debía esforzarme más por ser mejor para poder merecer una novia, dinero, méritos. Todavía no me alcanzaba para poder ser totalmente lo que quería ser.

En términos de mi vocación. Sabía que debía dedicarme a estudiar economía y política, pero no lo relacionaba estrechamente con mi sapiencia por dedicar estudio a comunicar. Había asumido mi compromiso con mi carrera y con mis áreas de conocimiento, política, comunicación, economía. Ya no quería tanto ser actor de cine, ni director de cine, ni productor de contenidos de televisión, pero no cerraba la puerta, aún auguraba poder querer trabajar en Televisa. 

A los 21 años me seguía apasionando poder escribir, historias, poemas, literaturas, ensayos. 
A los 21 años ya tenía estabilidad en la universidad. Ya conocía el sistema, y me acomodaba muy bien. Era comprometido y tenía amor por mi escuela, y aunque era rebelde y me quejaba de varias cosas, siempre cumplía. El Tec de Monterrey parecía haber construido un sistema exclusivamente para mí. Vivía con optimismo y entusiasmo. Era determinado y estaba comprometido con mis estudios. Me gustaban las clases de política y de economía. Era un tipo apasionado. Era serio, pero creo que siempre estaba alegre y contento. 
Vivía muy sencillo, y era práctico.
A mayor conciencia, mejores vínculos. 

Ahora, ¿Por qué escribes esto?

La gran crisis de la adolescencia ocurre de los 14 años a los 21 años. Y fue intenso, pero siempre fui un chico saludable. Lo que más sufrí fue la depresión. Cuestionaba por qué tenía que vivir, cuando mucha gente vivía alrededor mío de forma enajenada. Fui a psicólogos, a psiquiatras y me gustaba plantearles mis preguntas para ver cómo las resolvían y esos espacios siempre fueron muy esclarecedores para resolver mis emociones, mis razonamientos, pensamientos y sensaciones. A los 21 años era un tipo bastante resiliente. Sí me deprimí y cuestioné todo. Cuestioné a dios, a la religión, a la familia, a mis padres, a la sociedad. Cuestioné todo. Pero descubrí que poseía un riguroso código moral, y era bastante recto y muy estricto, primero conmigo y en consecuencia con todo lo demás. No me gustaban las drogas, el alcohol. Nunca tomé alcohol, y antes de graduarme empecé a ser más flexible, a acceder a tomar una o dos cervezas porque había mucha presión social, y por lo regular me hacía tonto con una cerveza en reuniones sociales y de amigos para que no molestaran con frases como «¿Qué estás tomando?» o estuvieran molestando con persuadir a que uno deba tomar y tomar. No me gustaba que los jóvenes de mi edad, de la universidad estuviesen, en su mayoría obsesionados con el alcohol. No me gustaba desvelarme. Me gustaba dormir a mis horas, cumplir horarios. Era tremendamente disciplinado. Era muy riguroso y estricto, pero gracias a eso cumplí muchas metas académicas y deportivas. Con el tiempo fui siendo más flexible, les digo, como en esos temas de comidas, alcohol y de refrescos. Pero creo que en este tiempo ser flexible cuesta más caro, cobra mayores facturas a la salud. Pero creo que mucha de mi fortaleza es porque sembré una tremenda fortaleza en esos años. 

A los 21 años creo que ya era fan de la serie de «friends».

Creo que lo logré. 
El asunto es que a los 21 años uno sea un adulto joven. Yo vivía muy independiente y autónomo y convivía con mi familia cada fin de semana, o a veces cada quince días o a veces pasaban algunos meses para volvernos a ver. Yo estaba haciendo mi vida, y me gustaba mi soledad. 

Ya no quería vivir con nadie para compartir nada de espacios, ni cocina, ni departamento ni nada.
Quería estar solo.
Todavía me gusta estar solo.

Para vivir la vida, hay que tener entrega, y cuando hay pasión, no hay fracaso. Después de mis 21 años la vida se volvería mucho más interesante, más apasionante, con mayor vibra, energía, fuerza e intensidad. Y todo lo que era ahí repercute al día de hoy. Es un ejercicio importante saber lo que estábamos haciendo a los 21 años. A los 21 años era un gran chico, un joven prometedor. Sí estaba lleno de anhelo. Es hermoso, recordarme así. Pero eso es lo que recuerdo. Incluso, no debo editar prácticamente nada en ese año. Me cuestan recordar muchas cosas; las clases que tomé, los compañeros más cercanos en esa época, los amigos casi siempre fueron los mismos toda la carrera, pero siempre tuve nuevas amistades cada semestre. 

Y debe haber alguna clase que ocurrió en ese año que haya marcado mi vida, pero ahora no puedo recordar con exactitud las materias que cursé.

¿Qué habría podido ser a los 21 años?
Tal vez pude ser un chico con mayor depresión, o más rebelde. Tal vez pude ser mejor deportista, haber tenido novia, haber embarazado por accidente a alguna chica. No sé. Hasta esa edad, el suicidio era un tema filosófico, porque, ¿Para qué estamos aquí? ¿Quién soy? ¿De qué se trata la vida? ¿De qué se trata todo esto? El suicidio podía ser una respuesta. Nada tiene sentido. Sin embargo, yo hacía esas preguntas y lanzaba esos cuestionamientos a todos los que podía, para ver y escuchar la verdad, pero la verdad no aparecía. A los 21 años seguía queriendo la verdad. El asunto es que muchos no sabían. El asunto es que me di cuenta que una gran mayoría vivía de forma mecánica, reaccionando como podían para entender el mundo, sin mucho control de lo que eran y del mundo. ¿Cómo podíamos vivir así? 
A los 21 años tenía anhelo por conocer más. Quería estudiar más. Quería ser doctor, quería ser político, quería casarme, tener hijos, comerme al mundo, quería ser multimillonario, tener dinero, asombrar al universo. Quería vivir el amor, quería tener novia, quería graduarme, quería ser licenciado, quería ser un gran hombre. A los 21 años todavía tenía algunos miedos. Miedo al crimen, miedo al poder, miedo a represalias, miedo a la violencia, miedo a reprobar, miedo a ser un tonto, miedo a fracasar. Miedo, incluso, a la muerte. 
A mis 21 años, yo creo que todavía no era lo que soy, lo que yo soy. Creo que aún me pesaba lo que creía ser. A mis 21 años pude haber sido algo mejor, un mejor ser humano, más amable, más humano, más humilde. A los 21 años pude haber sido padre, haber sido esposo. A los 21 años pude haber sido más consciente, mejor amigo, mejor estudiante. Pude haber evitado reaccionar con tanto coraje muchas veces. Pude haber sido más amable conmigo. Pude haber sido más benévolo con todo. 

¿Me satisfacía lo que hacía a los 21 años?
Sí.
Tenía satisfacción de estar haciendo lo que hacía.
Me sentía bien. Me sentía más pleno.

A los 21 años todavía no tenía muchas respuestas, 
pero era algo importante: era feliz. 



Erick Xavier Huerta Sánchez

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